50 minutos, mil sensaciones

  • El nuevo reto para la provincia, llevar el AVE hasta Marbella

Fueron sólo 50 minutos, pero infinitas las sensaciones. Para alguien que lleva casi un tercio de su vida escribiendo sobre el AVE Córdoba-Málaga, resulta prácticamente imposible resumir en unas líneas el viaje inaugural. Puede que basten dos palabras: por fin. En estos días hemos abusado de los epítetos para contar la complejidad de la infraestructura, la alta tecnología de los trenes o los 60.000 empleos creados con la obra. Pero hablar del impacto emocional del AVE es bastante más difícil. No hay números que ayuden a medirlo.

Ayer, en la ya verde campiña antequerana, había agricultores que esperaban el paso del tren para asistir a lo que con acierto consideraban un momento histórico. Vecinos del barrio de Cruz de Humilladero que llenaban las terrazas de sus pisos para ver la aerodinámica locomotora Siemens salir del túnel del soterramiento. Una multitud que hizo una pausa en su frenesí consumidor navideño para contemplar con solemnidad el acto inaugural desde las pasarelas del centro comercial Vialia.

Y aunque es una desgracia que el AVE a Barcelona no esté funcionando desde el viernes, existía cierta satisfacción inconfesable y políticamente incorrecta dentro de cada uno de los miembros de la delegación malagueña al escuchar las preguntas y comentarios de los colegas de la prensa catalana. Por una vez, el norte le tiene envidia al sur.

Los 50 minutos de trayecto dan tiempo para pensar muchas cosas, aunque se pasen en un santiamén. Atrás queda el recuerdo de los difíciles primeros años del proyecto, lanzado por la Junta y aceptado, al principio a regañadientes y después con convicción, por el Gobierno de José María Aznar. Uno se pregunta si hoy estaríamos inaugurando el AVE de no ser por esa confrontación. Si la línea de alta velocidad entre Córdoba y Málaga no hubiera sido una magnífica arma electoral del PSOE, una trampa de la que los populares no tenían escapatoria, otro gallo cantaría. Hablando de confrontación, a quien más se echó de menos ayer en el acto de la estación de Málaga fue a la ex alcaldesa Celia Villalobos. No debió faltar, porque parte del mérito es suyo, aunque seguramente no habría podido soportar sin aspavientos el pasteloso homenaje a su némesis, la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez.

De los tres discursos, el de mayor altura fue el del presidente de la Junta, que hizo lo que se esperaba de él. Chaves reclamó a Zapatero el siguiente y necesario paso: llevar el AVE a Marbella. Es el nuevo reto al que se enfrentan esta provincia, sus empresarios y sus políticos. Caer en la autocomplacencia del deber supuestamente cumplido sería un grave error.

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