Un tesoro para espeleólogos y arqueólogos

En el sur de la provincia de Jaén, a 50 kilómetros de la capital y en una pequeña área que limita con la cordillera Bética al norte y con el valle del Guadalquivir al oeste, existe un pequeño paraíso para espeleólogos y alpinistas que tiene por nombre Sierra Mágina, aunque todo el que lo conoce coincide en defender que nunca debió perder su nombre primitivo de Sierra Mágica.

Y es que en Sierra Máginas e respira un aire especial: un aire limpio y puro que envuelve unos paisajes mágicos,que se conservan intactos a pesar del paso del tiempo; unas cuevas mágicas, que

guardan tesoros de otros tiempos; y unos pueblecitos encantadores que han sabido transmitir de generación en generación el legado de sus costumbres y de sus mil leyendas,  también muy mágicas.

En la comarca de Sierra Mágina el centro de todas las miradas es el macizo Mágina, que con sus 2.167 metros es el pico más alto de la provincia de Jaén y punto neurálgico del Parque Natural del mismo nombre. 15 pueblecitos acampan a su alrededor, salvando en algunos casos –bellísimos– las dificultades del terreno o adaptándose a ellas, como es el caso del municipio de Solera, con casas colgadas entre terrenos en pendiente, o las huertas escalonadas de Pegalájar (declaradas Patrimonio Cultural).

La zona, declarada espacio protegido por su gran variedad de flora y fauna endémica, está marcada por un relieve muy abrupto de pendientes fuertes, que se convierten en muchas ocasiones

en paredones verticales, ofreciendo un paisaje muy atractivo y lugar ideal para la práctica de deportes como el montañismo. Asimismo, la roca caliza dominante en el lugar presenta en muchas zonas una carstificación acentuada, favoreciendo la existencia  de abundantes simas y cuevas por donde las aguas subterráneas realizan su recorrido aflorando después en forma de acuíferos, arroyos y veneros que regalan sus aguas a sus dos principales ríos, el Guadalbullón y el Jandulilla, ambos afluentes del Guadalquivir.

Estas características hacen de Sierra Mágina un lugar soñado para los amantes de la espeleología, que tienen además de la oportunidad de disfrutar de las estalactitas, estalagmitas y demás formaciones de estas cuevas, de otro tipo de decoración, que aunque también muy antigua, no se debe a la mano de la naturaleza, sino a la del hombre. Y es que la Sierra Mágina presenta un gran número de yacimientos arqueológicos, debido al paso por la sierra de gran parte de las civilizaciones que han poblado la Península Ibérica desde la Prehistoria. Las primeras manifestaciones humanas que todavía hoy podemos admirar en la zona son las pinturas rupestres de la Cueva del Morrón (en el municipio de Torres) y las de la Cueva de la Graja (en Jimena) –declarada Monumento Histórico en1924–. La Cueva del Morrón está situada en las estribaciones del cerro Aznaitín y es una cueva pequeña y de fácil acceso, por lo que no hacen falta materiales específicos de espeleología, sino tan sólo unas simples linternas para apreciar las pinturas que se encontraron en 1981, originarias del Paleolítico Superior. Son las más antiguas de la provincia y representan dos figuras de animales que corresponden a una cabra y un jabalí, y una hoja de sílex. Forman dos grupos distintos atendiendo a su coloración. El grupo en negro (los animales) presenta una

técnica de coloración que perfila con exactitud los contornos. Además, la cueva conserva restos muy bellos de estalactitas.

Cerca de esta gruta, en el mismo cerro de Aznaitín, existe otra cueva cuyos tesoros son menos artísticos, aunque igualmente preciados, si es que alguien tiene la fortuna de encontrarlos algún día, pues cuenta la leyenda que en la Cueva del Tío Malverano, en el siglo XIII, cuando Fernando III reconquistó la zona, un rico moro escondió antes de huir toda su fortuna en esta laberíntica cueva. Años más tarde, un viejo campesino encontró el tesoro, pero cuando se dispuso a buscar ayuda al pueblo para cargarlo murió de un ataque al corazón y sólo le dio tiempo a indicar su paradero con

estas palabras: “Frente a la cabeza del toro está el tesoro”. La Cueva de la Graja (Jimena) presenta un rico legado de pinturas del Neolítico que ponen de manifiesto la cultura de los grupos de pastores que entre el IV y III milenio a C. poblaban las Sierras Meridionales. Pese al deterioro que han sufrido y la dificultad de acceso a la propia cueva, constituyen un verdadero tesoro artístico para la zona, muy apreciado por expertos e investigadores. Entre los enterramientos primitivos llama la atención el de la Cueva de los Esqueletos en el Paraje de las Zorreras (en el municipio de Albánchez de Úbeda), descubierto en el siglo pasado por unos campesinos. Se trataba del hallazgo de varios esqueletos, sentados en semicírculo y armados de flechas cuyas puntas eran agudos  pedernales, con cuchillos y lanzas también de pedernal. Los investigadores lo han identificado con un enterramiento múltiple de las Edad del Cobre. También en este municipio cabe visitar la Peña de los Enamorados, de la Edad del Bronce.

Pero sin duda una de las cuevas prehistóricas  que mejor se conserva es la Cueva de los Majuelos, ubicada en un pequeño cerro en el municipio de Pegalájar, junto a la carretera local Jaén-

Mancha Real y que presenta la particularidad de albergar un restaurante en su interior. Se trata de una cueva natural abierta en la roca, que forma una enorme bóveda bajo la que se encuentra un gran espacio de unos 1.000 metros cuadrados con una pequeña abertura en el centro a modo de chimenea. En 1969, el empresario local Antonio Ruiz compró este cerro junto con la cueva y  tras12añosde estudios geológicos y acondicionamiento del suelo, techos y paredes, iluminación interior y plantación de árboles alrededor, convirtió la destartalada cueva en un lugar único.

Otros yacimientos prehistóricos relevantes de la comarca se encuentran en La Guardia, en la Cueva Cabrera y la Cámara Sepulcral del Corredor (ambas del Neolítico); las pinturas rupestres del abrigo de Navalcán (Noalejo); el Dolmen de la Cueva de Almez (Cabra de Santo Cristo) o la Cueva de Guadalijar (Huelma). Por último, otro de los grandes tesoros de Sierra Máginaes su contraste

paisajístico, un placer para los senderistas, pues al relieve kárstico de cuevas y simas y los bosques de encinas y pinos en las zonas de media montaña hay que sumar el paisaje resultante del uso del suelo por el hombre, es decir, su inmenso manto verde de oliva. Ya que esta pequeña comarca jienense es la cuna de uno de los mejores aceites de oliva de España, que se comercializa

con la marca de Denominación de Origen Sierra Mágina, es la base de la gastronomía de los pueblos de esta Sierra. Casi todos los platos son comunes a todos los pueblos, como el gazpacho, el ajilimoje (salsa de aceite, ajo, patata y pimientos), las migas, las gachas, la pipirrana (salsa de aceite, pimientos y tomate), los andrajos (tortas rellenas de bacalao o liebre), los almendrados,  etcétera.

Son comunes los platos de caza como la liebre o la perdiz; preparados con alimentos de la huerta, como la ensalada de pimientos asados o de alcachofas confitadas, y también las setas de cardos, así como los guisos tradicionales, y, por supuesto, los postres de la comarca, como las torrijas, el papijote o la leche frita.

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