La era de Dudo

Dudo errante. Russell Hoban. Ed. y trad. David Cruz y María Luisa Pascual. Cátedra. 368 págs. 15 euros.

Puede que en rigor, como suele afirmarse, todas las obras literarias sean intraducibles, pero no cabe duda de que unas lo son más que otras. Lo habitual es aludir con ello a la dificultad de transvasar los poemas, donde los sonidos cuentan tanto o más que lo que se dice, pero hay novelas que plantean un desafío comparable o incluso mayor, y este es el caso de Riddley Walker, la obra maestra de Russell Hoban. Convertida desde su aparición (1980) en uno de los referentes del género que no limitan su ascendiente a los aficionados a la ciencia ficción, la novela fue publicada por Berenice en 2005 y acaba de ser reeditada -en la misma excelente versión de David Cruz y María Luisa Pascual- por la colección Letras Populares de Cátedra, no por casualidad dirigida por los antiguos responsables de la editorial cordobesa.

Esta segunda edición, que se ha adelantado por unas semanas a la muerte del autor -norteamericano de Pensilvania, pero afincado en Londres desde hacía décadas-, viene enriquecida por un estupendo prólogo de los traductores y el epílogo que Hoban añadió con motivo del vigésimo aniversario de la novela. Propuesta por Harold Bloom como uno de los clásicos del siglo XX, Dudo errante describe un futuro de trazos apocalípticos en el que la civilización ha retrocedido hasta los estadios más primitivos y la lengua ha evolucionado -aunque lo apropiado sería hablar de regresión- a una variante deformada del inglés, el riddley speak. En la era de Dudo, los supervivientes del Gram Pum -la explosión de la bomba nuclear- deambulan entre las ruinas del mundo anterior a la catástrofe, cuyo significado, para ellos indescifrable, interpretan en clave mítica. Dejando de lado los discursos efectistas, Hoban recurrió a la corrupción del lenguaje como la mejor forma de mostrar la decadencia de la especie, incapaz de comprender la realidad y aun de expresarla. De ese reto, magistralmente ejecutado, deriva la dificultad de la novela, pero también su grandeza.

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