El baile de las sombras

  • 'Cuentos fantásticos del romanticismo hispanoamericano'. AA. VV. Edición de José María Martínez. Cátedra. Madrid, 2011. 352 páginas. 12,50 euros.

Nervo, Lugones o Darío, Borges, Bioy o Cortázar no partieron de la nada. Es verdad que sus influencias principales provenían de otras literaturas, pero también lo es que la tradición del cuento hispanoamericano no se limita a los autores citados, grandes del género en cualquier lengua. Al cuidado de José María Martínez, esta antología se suma a los trabajos de José Miguel Oviedo (Alianza, 1989), José Javier Fuente (Miraguano, 2003) o Lola López Martín (Lengua de Trapo, 2006), por ceñirnos a las selecciones que trascienden las geografías nacionales para ofrecer una mirada panorámica. Adscritos a la órbita del Romanticismo, pero también a otras estéticas anteriores a la eclosión modernista, los textos reunidos en el volumen tienen en común el componente fantástico, pero responden a distintos modelos formales como la leyenda, la viñeta costumbrista, el relato literario o el cuento lírico.

El término cuento, dice el editor, ha de entenderse en sentido amplio, referido a formas narrativas diferenciadas que para el lector del XIX conformaban un mismo acervo. Por otra parte, la presencia de lo sobrenatural y en particular del imaginario gótico corresponde en Hispanoamérica a un momento avanzado del Romanticismo, pues en principio este se vio asociado a un discurso emancipador que incidía en las libertades políticas y entroncaba con los ideales ilustrados. El género fantástico fue de este modo tardío y hasta cierto punto minoritario, más deudor de las leyendas y tradiciones criollas que de los modelos europeos. Los argentinos Juana Manuela Gorriti (1819-1892) y Eduardo Ladislao Holmberg (1852-1937) son los autores con una producción más voluminosa, pero en la antología están representados otros como el mexicano José María Roa Bárcena (1827-1908), el ecuatoriano Juan Montalvo (1832-1889) o el colombiano Carlos Martínez Silva (1847-1903), ingenuo autor de El baile de las sombras. No son Hoffmann o Poe o Gautier, pero merece la pena conocerlos.

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