La Caída de 'Hispalisnopla'

  • Los aficionados del Fenerbahçe no han llegado a Sevilla de turismo, sino con la firme intención de ver a su equipo eliminar al Sevilla de la Liga de Campeones

El Turco ya está aquí. Y no ha venido de turismo o para degustar el sabor de la cerveza local, que también, sino para llevarse a Estambul una octava parte de la Copa de Europa. Nada más y nada menos. "Un empate a dos goles", predice Ogus, "ganaremos de un gol", sentencia Fuscar, una pareja llegada desde Estambul que ronda por la calle Córdoba. El optimismo reinante entre los recién llegados suena a temeridad. Aún no saben del infierno que les espera en la Bombonera de Nervión.

El grueso de aficionados del Fenerbahçe no ha aterrizado aún. La verdadera invasión amarilla y negra está prevista para hoy: hasta 2.500 asientos hay reservados en el Sánchez-Pizjuán. Ayer, los pocos aficionados turcos deambulaban en goteo por las calles del centro. "¿Dónde se puede salir por la noche?", "¿y para tomar cerveza?", preguntan algunos visitantes deseosos de empaparse de esa otra cultura local.

En la Plaza del Salvador se reúne un grupo de cuatro turcos en torno al brebaje del mediodía. No han tenido ni que preguntar. Paran en un hotel de la Encarnación y aseguran que el sol ha sido suficiente para guiarlos. "Nos gusta Sevilla. Nos gusta esta costumbre de la cerveza al mediodía", revela Ilker, acompañado de sus sobrinos Kerem y Emre, y de su amigo Baris. "Vendrá gente de todas partes de Europa. De Alemania, de Holanda, de Suecia. Ten en cuenta que el Fenerbahçe cuenta con unos 25 millones de seguidores en todo el mundo", explica, "pero nada más nos han cedido 2.500 entradas".

Los turcos no son lo que eran. La doctrina laica de Atatürk impera en el imaginario de la península de Anatolia, al menos en la fronteriza y europea Estambul. Ni creen en cielos ni creen en infiernos. "¿Del Nido habla del infierno? Todos saben que el infierno es una mentira, algo inventado por las religiones para que no nos portemos mal", dice un agnóstico Gungoren frente a la Puerta de San Miguel de la Catedral. "Además", añade este turco venido de Bucarest, "si existe algún infierno, ése es el estadio del Fenerbahçe. Ninguno más".

No todos los días se pasa a los cuartos de final de la Liga de Campeones. Hoy es un gran día. También para la comitiva turca. Plano en mano, elástica de canario amarillo y semblantes multiétnicos, los aficionados del Fenerbahçe disfrutan de la previa de ese gran día también para ellos. "Va a ser difícil", confiesa un prudente Baris, de vuelta en la Plaza del Salvador. "Sabemos del potencial sevillista: Kanoute, Daniel Alves, Jesús Navas…Y, sobre todo, en su estadio, con la motivación de las grandes citas. Pero que no hable Del Nido del infierno. No tenemos miedo. Nuestro derbi por excelencia es el Galatasaray-Fenerbahçe, calificado como el más apasionado, sólo por detrás del Boca-River".

Este cuarteto turco de la Plaza del Salvador lleva a cabo, cerveza a cerveza, una verdadera inmersión cultural en uno de los veladores de la zona. "¡Mañana hay que ganar!", arenga a los turcos un proveedor que se confiesa bético. El vínculo Fenerbahçe-Betis viene de antiguo. "La fundación de los dos equipos fue en 1907. Esto va más allá de amistades pasajeras", relata Emre, estudiante de Derecho y sobrino de Ilker. "En el partido de ida gritábamos ¡Betis, Betis! Mañana (por hoy) cantaremos igual".

Y siguen las conexiones, no sólo entre el Fenerbahçe y el Betis. Ahora es el turno de España y Turquía. "¡Unos huevos a la turca!, eso es lo que os van a dar en Nervión", proclama desafiante un simpático sevillista. Los ciudadanos turcos estacionados en el Salvador exhiben conocimiento nacional. Kerem estudia en el Instituto Cervantes de Estambul y chapurrea el español, "o castellano", matiza con una sonrisa pícara. "En el instituto nos enseñan el idioma por medio de la historia. Nos hablan de Cervantes, que escribió parte del Quijote en una cárcel sevillana. También nos hablan de la Batalla de Lepanto, donde don Miguel se quedó manco, y de su prisión en Orán, una de las plazas más disputadas en el Mediterráneo de la época".

El Mare Nostrum es también turco. Pero turco son igualmente el Mar Egeo y el Mar Negro. Turquía conforma el borde entre varios mundos, bañada inmemorialmente de un crisol de culturas. "Muchos sefardíes expulsados de España fueron a parar al Imperio Otomano, acogidos por el Sultán como un pueblo más", cuenta un erudito Kerem. "Y todavía hay comunidades sefardíes, españolas de algún modo, que siguen comunicándose en su propia lengua. Turquía es un país abierto".

Otra cosa es el fútbol, moderno trasunto de la guerra. ¿Una rememoración de las antiguas batallas en el Mediterráneo? "Nada de eso", afirma un conciliador Ilker, "sobre todo, que mande el fair-play. Los sevillanos son muy cálidos, aunque supongo que será diferente mañana (por hoy). El fútbol es un deporte… ahora bien, vamos a ganarle al Sevilla. Seguro. Va a ser una nueva Caída de Constantinopla, la Caída de Sevilla". Y eso que no saben nada de Hispalisnopla, ese palabro del ocurrente Del Nido.

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