halterofilia

California, la forja de una resurrección

  • El bronce de arrancada logrado en el Mundial de Anaheim, punto de inflexión para Josué Brachi

El halterófilo sevillano Josué Brachi gesticula con rabia durante los Campeonatos de Europa de Bucarest. El halterófilo sevillano Josué Brachi gesticula con rabia durante los Campeonatos de Europa de Bucarest.

El halterófilo sevillano Josué Brachi gesticula con rabia durante los Campeonatos de Europa de Bucarest. / Robert Ghement / efe

Para algunos sevillanos amantes del deporte, la Semana Santa irrumpió en Bucarest con un Lunes Santo apoteósico. La capital rumana acoge hasta hoy los Europeos de halterofilia y, en su primera jornada, el lunes, Josué Brachi hacía historia al proclamarse campeón continental en la categoría de 56 kilos, el primer título masculino logrado en el deporte de las pesas.

Brachi regresó a Sevilla dos días después, el Miércoles Santo, pero se ha quedado sin ver ni una procesión. Distinto sería si algún cortejo hubiera pasado por el gimnasio del Palacio de los Deportes de San Pablo, donde entrena diariamente. Así sí. Pero sin esa severidad en su modo de vida, Brachi no habría alcanzado su -por ahora- pico deportivo. Antes ya había logrado la plata europea, por debajo de un Mirco Scarantino que sumó los mismos puntos. Fue en Forde (Noruega) en 2016 y sólo los 200 gramos de más que pesó Brachi en la báscula, los que pesa un chuletón, le impidieron el premio dorado.

Ahora el botín ha sido para secarle el pitido al detector de metales del aeropuerto de Bucarest: un oro en arrancada y una plata en dos tiempos que, juntos, han posibilitado la histórica medalla de oro europea. Pero, hasta llegar aquí, Brachi ha padecido su particular vía crucis. Fue justo después de aquella plata de 2016. Los Juegos de Río fueron una decepción. Tres nulos y a casa. Lo mismo ocurrió el año pasado en los Europeos de Split. Tres nulos y a casa. Brachi se había perdido en una espiral. El sol californiano, después de meses de pasión y muerte, supuso la resurrección.

"California se parece mucho a Sevilla, me siento como en casa", decía Brachi desde el otro lado del teléfono. Su voz sonaba diferente. Mientras había quienes lo habían olvidado -el fracaso no perdona-, él había seguido con un régimen monacal de alimentación, entrenamiento y descanso. Y buscó en la psicología la mens sana. Tras las decepciones llegaban los Mundiales en la localidad californiana de Ahaheim. Sol, calor, como su hogar en diciembre. Como resultado, un bronce en arrancada, el primer metal mundial masculino para España desde 1997, y un quinto puesto en el total olímpico.

Un sol de la infancia, la calidez de un sol decembrino, en efecto, funcionó como bálsamo reparador para el sevillano, que vivió en aquellos Mundiales un nuevo alfa desde el que componer su alfabeto de triunfos. El valor de aquel bronce, pese a la ausencia de los nueve países sancionados por dopaje, propulsó a Brachi al cosmos de su confianza después de las dos anteriores decepciones. "Aquella medalla fue fundamental. Me ha dado confianza y ha despertado el recelo de los contrincantes", explicó Brachi a este periódico. Ha sido el caso justamente contrario al de Scarantino, su querido enemigo, a la calle a las primeras de cambio del pasado Mundial por la maldición de los tres nulos. La crisis había cambiado de acera.

El italiano, doble campeón de Europa en Forde (2016) y en Split (2017), se ha visto sobrepasado un año después por el rey de los pucheros, que es como subraya Brachi su limpia condición frente a esos levantadores aficionados al dopaje. El vía crucis ha sido ahora para el italiano, quien padeció un singular monte Gólgota en la trastienda del recinto donde se disputan los Europeos.

La táctica de Brachi y de sus técnicos consintió en mermar la ya de por sí mermada psique de Scarantino. "Elegíamos los pesos necesarios para asustar a los rivales. Hemos jugado muy bien nuestras cartas", señaló el sevillano tras colgarse el oro.

Funcionó la estrategia. Con un 119 en arrancada, Brachi superaba en un kilo a Scarantino, cuyo tren inferior, mientras los entrenadores elegían los pesos para el dos tiempos, traqueteaba como el ferrocarril minero entre Melilla y Nador. El orden de competición depende del peso elegido, lo que conlleva un meditado estudio de la situación. Brachi eligió levantar 138 y el italiano bajó a lo mismo. Ambos pudieron, como ambos fallaron con el 141. Brachi era campeón por el kilo de más en arrancada, por la estrategia y por el pulso mental.

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