San Pablo respira al fin

  • Salvación Con la victoria, los cajistas lograron la permanencia virtual, pues sólo una carambola llevaría al hoyo a los de Comas Tino El acierto granadino desde el perímetro a punto estuvo de costar caro

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Parece que este año sin sufrir no se va a lograr nada, pero el objetivo está conseguido: victoria agónica ante el Granada y salvación virtual en el bolsillo, con la ayuda de Fuenlabrada, claro, que casi mandó a la LEB a Estudiantes. El partido se movió en un pañuelo, aunque con Comas los finales agónicos están saliendo cara. Algo de culpa tendrá el técnico, cuando antes siempre salían cruz.

Todas las premisas propugnadas por Comas en la previa parecieron olvidarse sobre el parqué. Sin intensidad defensiva, de vacaciones en el rebote y con la precipitación por bandera en los tiros, a los de Valdeolmillos no les costó hacerse con las riendas del choque. Los fantasmas que se despejaron en Murcia volvieron a aparecer por San Pablo, otra vez con un Caja desconocido que jugaba por inercia. Para colmo, Ignerski, el hombre más en forma de los sevillanos, sufrió una gastroenteritis la noche anterior y apenas tuvo continuidad en la cancha. Eso sí, cuando saltaba a la pista lo hacía para poner las cosas en su sitio y evitar que el CB Granada pusiese tierra de por medio.

Entre tanto, Juampi Gutiérrez les hacía un roto a los Bueno, De Miguel, Kakiouzis y compañía. El pívot argentino se encargó él solo de abrir la primera brecha en el marcador con 8 puntos y continuos rebotes ofensivos ante la pasividad hispalense. Un suicidio, porque no se pueden conceder tantas segundas opciones a un conjunto con el fusil y la mirilla listos desde el perímetro. Uno, dos, tres... y así hasta ocho triples en los primeros 20 minutos (más de la mitad de los puntos).

Pero al acierto ofensivo visitante hay que añadirle, sobre todo, la fuerte defensa que impusieron los nazaríes. Gianella asfixió a Bennett, que, como ante el Polaris, parecía reservarse la traca definitiva para el final. Por fortuna, con la lesión de Cherry y la imposibilidad de jugar de Van Lacke, el técnico granadino tuvo que rotar más de lo esperado a su base, a Pecile y a Udrih para que ninguno llegase con la lengua fuera al tramo decisivo, donde se jugaría de verdad la victoria.

La tercera falta llevó demasiado pronto a Gutiérrez al banquillo y su ausencia, junto con la de Gianella, que tomaba aire, la aprovechó el Caja para reducir los 11 puntos que su rival llegó a tener (29-40 en el minuto 16). Miso y los ratitos que el alero polaco saltaba a la cancha mantuvieron al Cajasol. Un problema seguía lastrando a los locales: el rebote. Ni la zona impuesta por Comas, superada por los continuos triples, ni la entrada de Betts paliaron el hándicap cajista en este primer tiempo, que acabó con los de Valdeolmillos cuatro arriba gracias a un último triple de crack de Ignerski. Sobre la bocina y con dos hombres encima. De genio. Renovarle para tener un proyecto de garantías en el próximo año es una prioridad.

La reacción cajista llegó en el tercer cuarto. Bennett prefirió no esperar hasta el final y con dos lanzamientos de tres puntos consecutivos puso por primera vez al Cajasol por delante. Un espejismo. Pecile, primero, y Page, después, pusieron la réplica. Sin embargo, algo distinto se veía ya. El Caja hizo correr a su rival y ahí siempre toma ventaja. Kakiouzis, que antes sólo había aparecido con una pírrica canasta y perdió varias posesiones, se dejó ver por San Pablo y lideró la remontada con 10 puntos en este cuarto. Sólo Scepanovic aportaba en el cuadro granadino, que navegaba sin rumbo cada vez que Gianella o Pecile tomaban aire en el banquillo. El nigeriano Oyedeji debutó con más pena que gloria. Corría perdido y sin sentido por la cancha, fallaba canastas bajo el aro y daba demasiadas facilidades a un Betts que empezaba a imponerse en la pintura.

Las radios no dejaban de informar a Comas y Valdeolmillos sobre qué estaba pasando en el Telefónica Arena. Todo igualado. Hay que seguir peleando a muerte.

Un triple de Miso, el mejor de los hispalenses, al inicio del último parcial dio al Caja nueve puntos de diferencia. El triunfo no se podía escapar. Pero llegó la pájara, la torrija o la empanada clásica de los sevillanos que dio vida a los visitantes. Un parcial de 1-14 de la mano de Nacho Martín dio la vuelta al encuentro (69-73).

Final agónico, cómo no. Entonces, con el Granada ya sin aliento por las pocas rotaciones y la intensidad impuesta al final, volvió a aparecer Kakiouzis. Al último minuto se entró sabiendo que Estudiantes había perdido con el Fuenlabrada. El que gane tendría la salvación virtual. El capitán heleno tiró de galones y se jugó un triple desde el lateral con 78-78. San Pablo recordó el error del griego ante el ViveMenorca en una situación parecida mientras el balón volaba. Canasta y respiro del pabellón. El fallo posterior del Granada no hizo más que certificar la victoria cajista. ¿Y el average? Kakiouzis lo igualó con una canasta al final. ¿Se acabó la pesadilla? Casi. Sólo una rocambolesca carambola metería en el hoyo a los de Comas. El trabajo parece hecho, pero, por si acaso, prohibido bajar los brazos.

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