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El pan nuestro de cada día (93-79)

  • El Betis de Quintana cae ante un rival directo en un partido en el que se jugaba la vida y nunca estuvo por delante en el marcador

  • La feble defensa y la inacción verdiblanca en el rebote, otra vez, fue aprovechada por un Bilbao en el que apareció Mumbrú para apuntillar a los sevillanos

El bético Ryan Kelly disputa un balón con el escolta italiano del Bilbao Basket, Lucio Redivo. El bético Ryan Kelly disputa un balón con el escolta italiano del Bilbao Basket, Lucio Redivo.

El bético Ryan Kelly disputa un balón con el escolta italiano del Bilbao Basket, Lucio Redivo. / EFE

Otra derrota más. Esta vez ante un rival directo y el descenso ya se atisba para el Betis Energía Plus, incapaz de competir nunca sobre el parqué de tú a tú. El pan nuestro de cada día. Incapaz, otra vez, de solucionar sus problemas defensivos y de no caer en los errores de siempre. Incapaz de jugar un baloncesto competitivo y sin una dirección en el banquillo que lo conduzca por el buen camino. Lo de cada fin de semana, en definitiva, y claro, el resultado fue el de casi siempre. Pero esta vez los triples de Redivo, Pere Tomàs o de un Mumbrú al que parecía no conocer el técnico verdiblanco, dolieron más, porque el triunfo (93-79) de un Bilbao que estaba también con la soga al cuello supone una puntilla que si bien no mandan al cuadro bético aún a la LEB Oro dejan al equipo de Óscar Quintana en camino.

"El problema del rebote ofensivo es más grave que el de los triples", venía a decir el técnico en la previa del duelo. Pues el problema sigue. No se ha arreglado. Apenas dos triples menos (15/35) que lanzamientos de dos puntos (24/37) a sabiendas de las facilidades que dan los hispalenses. Y claro con tantas facilidades lo normal es que acaben por destrozarte. Y eso que aun con todos sus fallos llegaron con vida al último cuarto los béticos. Pero entonces apareció Mumbrú para sentar cátedra. Para demostrar cómo se siente un escudo y un club más allá de recibir la nómina cada mes, algo de lo que los sevillanos, al contrario que otros, no se pueden quejar. Un triple de Nelson puso el 69-66 al inicio del último acto y desde ahí la nada. Jugadores haciendo la guerra por su cuenta, Quintana impasible en la banda y Mumbrú, que valoraba -4 al descanso, llegó. Siempre llega. Triples, acciones al poste y asistencias y el Bilbao se disparó hasta el 79-68. Como si no lo conocieran. ¿Nadie le dijo a Zagorac que no le dejase tirar desde ocho metros? ¿Nadie le dijo a Golubovic que tenía que ayudar cuando jugase al poste bajo? A partir de ahí un quiero y no puedo de un conjunto en el que el mejor fue Anosike. Anosike. Eso lo dice todo.

Y es que los locales jugaron con la dosis justa de corazón y cabeza con la que se deben afrontar estos choques ante rivales directos. Corazón caliente. Lo que no tienen los verdiblancos ni su entrenador es capaz de inculcarles.

Había mucho en juego en Miribilla y la la tensión atenazó de inicio a unos y otros. Sobre todo a los verdiblancos, con tres pérdidas en los primeros tres minutos. El cuadro local parecía tener bien estudiado a su rival y en la primera jugada Pere Tomàs ya dispuso de un triple liberado desde la esquina. No es un problema, apuntan en el club. Una afirmación que por muchas veces que la repitan no es verdad. Tanto con el rebote como con los lanzamientos liberados, el Betis, por su escasa dureza (en el buen sentido) de su defensa, es una madre.

El 7-0 de inicio no presagiaba ya nada bueno. Con Anosike manteniendo a los suyos por dentro, pese a que cada vez que va a la línea de personal es un regalo para el contrario de turno, los de Óscar Quintana sin fe, con ataques alocados y sin intensidad hacían la goma como esperando su momento. Ya llegará, como siempre. O no. A golpe de triple, dos de Redivo y otro de Pere Tomàs, los vascos abrieran una peligrosa brecha. Con el 20-9 por fin decidió el técnico bético parar el choque y llamar a los suyos a filas. Hubo tímida reacción, pero más motivada por los errores bilbaínos que por los aciertos propios. De esos, pocos. Como en la última canasta del primer cuarto de Rebic, que penetró sin oposición cuando el Betis sólo había cometido dos faltas en estos 10 minutos. ¡Dos faltas!

Con Booker apagado en ataque, Mikel Úriz le dio un buen relevo. Y Zagorac, que lo mismo no pisa el parqué un día que al siguiente le dan la responsabilidad cuando el equipo está abajo en el marcador, llevaron el peso en ataque. El serbio aprovechaba su primer paso para superar a Mumbrú y tener ventaja, pero las pérdidas lastraban a un Betis que más que jugarse la vida parecía estar disputando un partido de patio de colegio. Tabu aprovechó los regalos y cinco puntos seguidos del base y el enésimo triple, esta vez de un Dejan Todorovic que la pasada campaña pudo vestir de verdiblanco, lanzaron de nuevo a los locales con el 39-27, aprovechando otro error hispalense. Una pérdida en saque de fondo tras un tiempo muerto. La jugada no sería ensayada, pero da mucho que pensar sobre la actitud de los jugadores.

Pero Si el Bilbao está en la pelea por evitar el descenso y acumulaba seis derrotas seguidas no es por mala suerte. En vez de aprovechar la ocasión para dar la puntilla permitió al Betis recomponerse y con un parcial de 2-10, con Úriz tirando del carro, volvió a meterse en el encuentro para pasar por los vestuarios para refrescar las ideas y las piernas a sólo cuatro puntos de su rival. Al descanso, vida pese a todo. Y pese a todos.

Y tras el intercambio de golpes del tercer cuarto, con Kelly tratando de defender a un inspirado y asistente Hervelle con la mirada, todo quedó visto para sentencia en cuatro minutos del último cuarto. Lo que tardó Mumbrú en sentar cátedra. En dar su enésima lección de carácter a un rival y un entrenador que no saben lo que es esa palabra. Esta vez el Betis fue incapaz de volver al encuentro, como hizo en el primer y segundo cuarto. Nadie peleaba por los rebotes, nadie defendía y desde el 69-66 al 89-73 el parcial refleja la competitividad de unos y otros.

Ahora toca esperar la visita del Domingo de Ramos del Unicaja. Domingo de Ramos en Sevilla a las 18:30. Un Domingo de Ramos cayó Zan Tabak, pero quizá, y ante la imposibilidad mayúscula que supone ya el reto de la salvación, puede que haya dejar que el capitán se hunda con la nave o dejarlo que sea el héroe de una salvación en la que cada vez es más difícil creer.

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