La desobediencia de un tercera línea

  • Fernando Jiménez Sáenz 'Calvin'. Jugador del Cajasol Ciencias de rugby

Quien desconoce el mundo del rugby suele coincidir en que el deporte del balón oval es una práctica agresiva, peligrosa, basada en la violencia que los golpes imprimen a su práctica. Una idea compartida por la madre de Fernando Jiménez Sáenz, jugador del Cajasol Ciencias. "Al principio no le gustó que ingresara en el Ciencias, pero poco a poco se ha dado cuenta de que la realidad de este deporte es bien distinta. La verdad es que no fui nada obediente", comenta el sevillano.

Sus inicios en el deporte, en cambio, fueron muy diferentes ya que comenzó a practicar balonmano en su época colegial. "Mis amigos se fueron acercando al rugby y como el padre de mi actual compañero, Alfredo Aparicio, era por aquel entonces presidente de la entidad no me lo pensé ni un instante", afirma. Y de ahí hasta hoy.

La realidad deportiva del club, tras abandonar la División de Honor y después de haber sido clara referencia en el rugby nacional, desembocó en su marcha a Madrid en busca de mejor suerte. Una experiencia inolvidable. "Teo Olivares me propuso irme a Madrid. Jugué durante un año en el Cisneros (2006) y allí fue donde comprendí la importancia que tenía para mí este deporte. Vivir el día a día junto a otros jugadores es algo que te deja marcado". Pero en un deporte que, por ahora, no da para vivir, la importancia de la formación académica prima. "Estudié poco durante ese año -relata con pícara sonrisa-, así que puse punto final a la aventura y decidí regresar a Sevilla, visto lo atrayente del proyecto que el Ciencias había puesto sobre la mesa".

"Como en casa no se está en ningún lado. Pero para aspirar a algo más necesitamos subir un escalón", refiere. Y es que Fernando tiene claro donde radica el problema del Cajasol. "La mayoría de los equipos de la División de Honor cuentan con un grupo de jugadores profesionales. Nosotros, en cambio, somos un equipo semiprofesional y por circunstancias no podemos dedicar el tiempo necesario al rugby. En la actualidad estamos en lo más alto que nos permiten nuestras posibilidades. Lo bueno es que se están haciendo las cosas bien desde los bajos estamentos. Tenemos cantera y no necesitamos buscar fuera. Lo malo es que una vez que se llega a la edad de 17 ó 18 años muchos se despistan y comienzan a poner tierra de por medio con el deporte", expresa.

Aunque la suerte no le termina de acompañar en su club, Fernando sí puede presumir de haber sido internacional con la selección absoluta y, además, en unas condiciones que nunca olvidará. "No sé si se puede decir que he sido internacional ya que el encuentro que disputé era de carácter amistoso. Fue en La Cartuja, en octubre del año 2008, contra Cambridge, con las gradas a rebosar y toda mi familia y amigos presentes", recuerda con añoranza. Además, Calvin, como es conocido en el mundillo del rugby, fue reclamado para algunas convocatorias de convivencia, pero nunca para un partido oficial.

Pese a sus 26 años, Fernando tiene las cosas muy claras viendo cómo va la v ida. "Mi prioridad es acabar la carrera de Económicas y encontrar un trabajo. El rugby siempre estará ahí, pero es normal buscarse un futuro porque el rugby no es un trabajo. En un futuro quiero ganar algo con el Ciencias, mi club de toda la vida, y seguir enrolado en la entidad cuando me retire", concluye.

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