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¿Quién dijo Copa de la UEFA?

  • Recaída El Betis firma un pésimo partido ante el Deportivo, con su derrota tira una ocasión de salir de abajo y da vida a los gallegos Entregados Los de Chaparro fueron a menos y sólo Ricardo mantuvo la esperanza con su rosario de paradas

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Mal, muy mal tiene que hacerlo un equipo para que su afición quede enmudecida por la decepción, entregada a su suerte, con más de un cuarto de hora por delante. Y más si esa afición es tan fiel y bulliciosa como la bética. Ese estado depresivo con el que abandonó la hinchada local las gradas del Ruiz de Lopera resume mejor que nada el deplorable partido que firmó el Betis ante el Deportivo. Lotina le ganó la partida a Chaparro, como los diez jugadores de campo que ayer vistieron de rojo y negro lo hicieron a los de verdiblanco. Sólo Ricardo justificó su soldada al repetir su sobresaliente actuación de la tarde del Getafe. Pero esta vez no bastó.

Entre otras cosas, porque el Deportivo de Lotina no dio las concesiones atrás del bloque madrileño. Es un pésimo equipo al abrigo de los suyos, pero fuera de casa se libera. Es otro. Pronto lo dejó claro. Plantó su sistema sobre la hierba heliopolitana y poco a poco desplazó al Betis de sus propósitos. Con sus centrales Lopo, Pablo Amo y Coloccini muy abiertos, con los laterales Manuel Pablo y Filipe en posiciones más adelantadas de lo previsto y con el eje integrado por Antonio Tomás y De Guzmán ganando la mayoría de los balones divididos. Bajo este patrón, el Deportivo mantuvo al Betis lejos del área de Fabri desde el primer minuto.

Tampoco ayudó la tendencia que tiene este Betis de Chaparro a mantener su línea defensiva cerca de Ricardo aun jugando como local. Ocurrió en la última comparecencia casera ante el Recreativo, y volvió a suceder ayer. Entre salir a achicar o mantener la posición atrás, los verdiblancos eligieron lo primero casi siempre. Dejaban así a un equipo demasiado largo sobre el campo, que abría caminos al rival entre líneas. El Deportivo lo aprovechó para tener la pelota más de lo que esperaba, que por cierto es el mejor modo conocido de defender.

El guión se fue asentando con el paso de los minutos ante la falta de respuesta del Betis. Era desesperante ver a Caffa y Edu corriendo más para detrás que hacia delante, sin margen de maniobra en unas bandas obturadas. Ver a Pavone recibir pelotazos frontales sin ventaja alguna ante los centrales. Ver a Capi y Rivera fallar un pase tras otro...

Bajo este decorado, Damià regaló una pelota a Verdú en la banda -el ex barcelonista relevó a Guardado en el ala izquierda del ataque deportivista en el minuto 20-, éste forzó un saque de esquina y el rechace lo aprovecharon los gallegos para poner el partido de cara definitivamente. Coloccini colgó un gran centro y Pablo Amo aprovechó que subió a rematar el córner para marcar ante la pasividad de Ricardo.

Fue un golpe seco que dejó al Betis aún más clavado sobre la hierba en los diez minutos que mediaron hasta el intermedio. Chaparro sí reaccionó. O trató de hacerlo. Trató de sacudir el árbol a ver si caía algo, arriesgó y trocó a Rivera por Xisco y a Mark González por Caffa. El valencianio se ubicó a la derecha a cambio de perder a un medio centro, y Edu se metió como segundo punta junto a Pavone.

El cambio de sistema no trajo nada bueno. Todo lo contrario. El Betis se fracturó en dos, por el medio perdió toda capacidad de respuesta y el Deportivo acentuó su posesión de balón hasta el punto de que disfrutó de autopistas diáfanas hasta Ricardo. De Guzmán y Antonio Tomás camparon a sus anchas sin nadie que les encimara, Juan Rodríguez y Verdú les secundaron y también los laterales deportivistas, a los que apenas exigieron Xisco y Mark González. La superioridad de los visitantes en el medio fue brutal y la defensa bética acabó dislocada ante la llegada en manifestación.

Apareció de nuevo el Ricardo casi milagroso de la tarde ante el Getafe al sacar un disparo raso y duro del medio De Guzmán (minuto 54), otro fuerte y a la escuadra de Filipe (minuto 75) y un penalti lanzado por Juan Rodríguez dos minutos después, pero esta vez no bastarían sus alardes.

En la otra portería, un chaval tembloroso llamado Fabri respiró tranquilo cuando vio que los rayados en verde y blanco apenas tenían capacidad para ponerle a prueba. Él solo pudo meter al Betis en el partido al fallar en un blocaje que a punto estuvieron de aprovechar Edu, que cabeceó al poste, y Pavone, cuyo remate posterior cortó un defensor bajo la línea.

Pero el Betis no estaba ayer para reacciones, aunque fueran inmerecidas. Se empeñó en justificar a su entrenador, el mismo que no se cansa de repetir que su equipo irá de la mano del sufrimiento hasta mayo. Afloraron los síntomas de recaída, los mismos de hace un año. Y volvió algo que Chaparro borró tras la marcha de Cúper: el desorden. Por favor, que nadie hable de la UEFA y mire de frente al horizonte. Quien anuncia un camino de continuas curvas es Chaparro, y el que la lleva la entiende.

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