Un estandarte para la Segunda División

  • Jorge Figueroa Vázquez. Recién ascendido a la Liga Adelante y profesor del Colegio de Árbitros

Jorge Figueroa dio el salto a la Segunda División esta temporada exponiendo los principales ingredientes del éxito en el deporte: la lucha incansable y el espíritu para perseguir un sueño. Y lo consiguió para dar el primer paso hacia una élite que aún puede invitarlo con pasos más agigantados.

Este sevillano no llegó al arbitraje de forma casual: "Empecé con 14 años. Mi padre arbitraba y mi hermano ya lo hacía también. Yo jugaba al fútbol sala y decidí probar. Poco a poco sentí curiosidad, me fue bien y decidí dejar de jugar para arbitrar".

Su sueño va poco a poco tocando techos. Fue el segundo árbitro en las puntuaciones de la pasada campaña en Segunda B y esta semana tendrá el privilegio de arbitrar su sexto encuentro de la Liga Adelante, el que disputarán Elche y Racing de Santander. Él conoce muy bien lo difícil que es el camino: "En Segunda B éramos 120 árbitros y subíamos cuatro. Siempre estuve a las puertas y al final he llegado. Es casi una lotería, te tiene que acompañar la suerte".

Las miras siguen su proceso y los límites están lejos de imaginarse: "Debo adaptarme a la categoría. Se sueña con grandes torneos internacionales, pero siempre se mira paso a paso. Ahora miro a Primera, que es lo que toca, aunque uno se sigue formando para llegar muy lejos".

Los recuerdos de Jorge son numerosos. Hoy son muchos los jóvenes que emprenden carrera como árbitro bajo la dificultad que entraña el largo camino. Él sabe que todo es un mundo distinto cuando tomas papel en una categoría como la de plata: "Cada categoría tiene algo positivo. Ahora hay más tensión, más responsabilidad. Pero antes quizás disfrutaba más en encuentros como los de Preferente. Ahora se disfruta de una manera distinta".

No duda en valorar su nuevo escenario: "Se nota el cambio en la trascendencia de los partidos, en la velocidad de juego. Ahora me paran por la calle y me reconocen". Jorge recuerda con alegría la anécdota que quizás marcó su carrera. Durante un Atlético-Valencia actuaba como cuarto árbitro. Pérez Burrull no vio un penalti de Marchena y él entró en escena para intervenir: "Pité el penalti y a raíz de eso el reglamento cambió. Fue una anécdota que me ha marcado en mi carrera. Nadie había visto la jugada". Turno para que ese atrevimiento siga hacia metas más lejanas.

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