Una pasión que deslumbra y atrapa

  • Gonzalo Pérez. Director del Comité de Árbitros de baloncesto de Sevilla e integrante de la FAB

Pocos pueden presumir de haberse dedicado al baloncesto en sus diferentes facetas. Uno de ellos es Gonzalo Pérez. Primero jugador, también hizo sus pinitos como entrenador. Pero sobre todo es árbitro. Con 12 años comenzó a botar la pelota en el colegio de los Salesianos de Alcalá de Guadaíra, y lo que en un principio era simple afición acabó por convertirse en verdadera pasión. Poco después, y consciente de sus limitaciones, Pérez supo que sus días como jugador habían terminado. "No tenía más proyección. No era malo, pero tampoco destacaba. Además, no soy muy alto", reconoce entre risas. Aquel pudo ser el final de su vinculación al baloncesto. Nada más lejos de la realidad, pues fue su verdadera revelación.

Siguiendo el consejo de unos amigos, probó suerte en la carrera arbitral. "Al principio me lo tomé como una aventura más y aquí sigo 22 años después ".

A este experimentado árbitro se le ilumina la cara cuando rememora sus inicios. Afirma que son incontables las buenas vivencias, así como los sueños cumplidos y los que le quedan por cumplir -por ejemplo, ver a un árbitro sevillano en la ACB-. Amigo de sus amigos y buen conversador, en su forma de ser no hay cabida para el derrotismo, pues considera que siempre hay nuevas metas para marcarse.

Por eso no se amilanó cuando dijo adiós a su andadura como jugador. Se redefinió, cambió la perspectiva y el enfoque y se propuso ser un árbitro comprometido tanto en la cancha como enseñando a los chavales, los árbitros del mañana. Ya retirado, derrocha la misma implicación en sus tareas de directivo.

Gonzalo Pérez no escatima elogios al referirse a los jugadores y entrenadores de los equipos andaluces, pues considera que el respeto mutuo ha crecido mucho en los últimos años y que ello es fruto de un trabajo tan conjunto como necesario. "La imagen del árbitro gordito que sólo va a la cancha a cumplir con su obligación se está erradicando. Los árbitros también somos deportistas". Por eso mismo, en su comité no faltan las jornadas de entrenamiento ni las dietas saludables. De esta forma, sostiene, el árbitro dejará de ser visto como "un mal necesario", para ser reconocido por todos como una de las piedras angulares de cualquier encuentro.

Gonzalo Pérez tiene claro que sólo dejará el baloncesto el día que se levante y haya perdido la ilusión. Hasta que llegue ese momento -si es que llega- celebra la buena salud que su amado deporte tiene en la capital andaluza: un equipo con proyección, una afición entregada y categorías inferiores muy competitivas. "Si la calidad del juego es buena, también lo será la del arbitraje". Dos piezas del mismo puzzle que se retroalimentan.

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