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Otro ridículo espantoso

  • Desconcertante El Caja volvió a ser un equipo vagabundo que regaló el partido Engaño La relajación del Unicaja le dio opciones al final, pero tampoco supo aprovecharlas

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No se dejen engañar por el resultado, consecuencia de una ficticia igualdad final, que fue más numérica que real. Es una mentira piadosa, una de ésas que alguna que otra vez sueltan los fríos dígitos. Cualquiera que viera el partido coincidirá en que el Cajasol acumuló múltiples deméritos para volver de Málaga tan humillado como el año pasado, ridículo que no se reeditó porque el Unicaja, confiado por la comodidad con la que había dominado en los tres primeros cuartos, se relajó para propiciar una reacción cajista que nadie podría explicar.

Pensar que el Caja mereció algo que no fuera la derrota es engañarse. Ponderar su orgullo final es ocultar casi malintencionadamente la cruda realidad de un grupo -la definición de equipo va más allá del amontonamiento de jugadores- que defrauda hasta la desesperación y el descorazonamiento, y cuya inconsistencia no augura más que mucho sufrimiento. Visto lo visto, la salvación, si se consigue, provocará un alivio similar al de la última cuota de una cruel hipoteca.

El crédito de Magnano, sujeto a los resultados como todo profesional, disminuye en la misma proporción que el de su plantilla, superada desde el primer día por su caos interior. Decía el técnico que el Caja no podía permitirse el lujo de tardar en entrar tantos minutos en los partidos, de regalar uno o más cuartos, que tenía que estar metido en la pelea desde la primera acción para tener alguna opción. Además, añadió que, luego, habría que ser inteligentes para saber jugar los minutos decisivos. Ayer volvió a ocurrir todo eso, lo mismo que en otras tantas ocasiones. Reconocer el problema es el primer paso para solventarlo, pero resulta insuficiente si no se pone en práctica la enmienda. Si no muerdes, si no tienes más ganas de vencer que tu adversario, si no tienes despejada la mente, serás devorado por el primero que se cruce a tu encuentro, llámese como se llame.

Cuesta relatar lo sucedido en una primera media hora de juego en la que prácticamente no hubo partido como tal, porque la presencia del Cajasol fue sólo física, como si ninguno de los que estuviera jugando fuera consciente de que perder casi siempre es la autopista que conduce a la LEB Oro. Al término del primer cuarto, el Caja ya caía por 9 (26-17). Al descanso, esa desventaja subía a los 14 (44-30), y eso que poco antes había rozado la veintena de puntos. Castigo liviano para una actuación tan lamentable, tan reprochable, tan indignante. El Unicaja, simplemente, jugaba a otro ritmo, con otra intensidad. Los puntos le iban llegando solos, casi sin trabajarlos, por la endeblez de la defensa cajista. El encuentro, definitivamente, era un trámite, que es lo peor que se puede decir de quien pierde.

Los de Scariolo, con la clasificación para la Copa del Rey ya garantizada, se contagiaron de la dinámica pseudoamistosa que tomaba la cita. Son las tentaciones que debilitan en la competición doméstica a quienes entre semana, en lugar de entrenar cinco días, juegan la Euroliga. En vez de ensañarse con el moribundo rival regional, se desconcentraron, confiados en que el colchón adquirido fuera suficiente para mantener las distancias entre unos y otros. El 57-39 que estableció en el minuto 28 Haislip sonaba a definitivo, aunque un parcial de 4-11 impulsado por Bennett y por la explosión del talento ofensivo que rara vez emerge de Ignerski, abrían las puertas de una posible victoria, que, de haberse conseguido, habría resultado hasta desconcertante. 63-51 con el último cuarto por delante.

Con Bueno como cinco -un buen Betts había sido eliminado tras una discutible técnica- y con un suelto Ignerski de cuatro, el Caja llegó a ponerse a 6 (66-60) a falta de cuatro minutos. Los malagueños, que habían desconectado, no sabían como reactivarse, y el público se ponía, con razón, muy nervioso. Fue, entonces, cuando no apareció la inteligencia, esa clarividencia de ideas vital para no saber jugar las acciones claras. Un ataque convertido de cinco dispuestos -Miles falló para poner al Caja a cuatro, y seguidamente fallaron sendos triples Bennett, De Miguel y Ellis- chirriaron tanto que el Unicaja despertó a tiempo. ¿De qué sirvió la estéril mejoría ante el Real Madrid si el Caja volvió a comportarse durante tres cuartos como un vagabundo del baloncesto, para, a continuación, cuando ya era demasiado tarde, ser un convicto repleto de buenos propósitos?

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