Un triunfo de tres en tres

  • La efectividad desde la línea de tres, con un 60% en la primera mitad, y la intensidad defensiva del último cuarto le dieron al Cajasol un triunfo vital que deja al León a cuatro puntos con el 'basket-average'

Había que ganar o ganar, y, por fortuna, la moneda salió cara en un choque intenso en el que el Cajasol hizo valer su calidad y su efectividad desde el perímetro para llevarse un triunfo que aleja los fantasmas del descenso y desahucia a un rival como el León, que se queda a cuatro de diferencia con el basket-average.

La tensión se mascó desde el primer segundo, pues ambos equipos sabían lo que se jugaban en este partido. Media vida, que no es poco, pero los locales contaban con 6.000 almas entregadas y otras tantas trompetas que convertían el Palacio de los Deportes en un hervidero. La igualdad en el tanteo marcó un primer cuarto que sirvió para que unos soltaran el brazo y otros, sobre todos los pívots leoneses, comenzasen a marcar su territorio bajo el aro. Aranzana parecía tener bien aleccionados a los suyos, sabedor de la debilidad de los sevillanos en la pintura. Así, los Barnes, Hughes y compañía dominaron el rebote en las dos canastas, permitiendo a los locales segundas opciones, ante una defensa algo blanda.

Un parcial de 7-0 para los leoneses al final del primer cuarto tras un par de pérdidas absurdas de los hispalenses terminó por hacer reventar a Comas, que pidió tiempo muerto consciente de que el partido necesitaba una pausa. Eso que decía el barcelonés de manejar los tempos del encuentro, ya que en choques así la cabeza cuenta, y mucho.

Y después de los primeros fuegos ratifícales -el primer cuarto acabó con un igualado 20 19 gracias a un triple de Bennett-, se desataron las hostilidades. El primero en disparar fue el Caja, cómo no, desde la línea de 6,25 metros. Cuatro triples de los visitantes casi consecutivos rompieron por primera vez el choque. Pero este equipo parece incapaz de rematar a un rival cuando está a punto de claudicar. Ni siquiera aprovechó del todo el regalo de Aranzana cuando quitó a Barnes y dio entrada al croata Sundov (2,21 metros), que empieza a darse cuenta de que la ACB poco o nada tiene que ver con la Liga chipriota. Desde el perímetro abrió una brecha de hasta 17 puntos (32-49) para acabar la primera parte sólo 12 arriba, con el temido tercer cuarto por delante.

Pero los primeros 20 minutos dejaron aspectos preocupantes que de no cambiar abocarían al Cajasol, irremediablemente, a un final agónico. La primera, y ya cansa decirlo, es la escasa aportación del juego interior en ataque, con un Kakiouzis con demasiado tendencia a salirse fuera. Por fortuna, ni con dos bases en cancha, el León supo frenar el juego exterior hispalense, que mantenía al cuadro hispalense por delante en el marcador. No menos preocupante era el tema de las faltas. El Cajasol ganaba 4-9 a los locales en el minuto 16, una tendencia que en un final agónico podría decantar el choque del lado local.

El tercer cuarto fue la guerra ya. El León salió a por todas, porque no le valía otra cosa que ganar, y de la mano de un inspirado Hughes metió el miedo en el cuerpo a su rival. Llegó a ponerse a seis (45-51) y con posesión, pero el colista es colista por algo y fue incapaz de culminar la remontada. Gracias a Dios. Cada balón se luchaba hasta el final, y así, con sufrimiento e implicación, el Caja sí sabe ganar. El juego interior se puso las pilas y se impuso ya claramente al de los pupilos de Aranzana, que incapaces de reaccionar encararon el último envite 14 abajo y con sus anotadores perdidos en la cancha.

El Cajasol jugó con inteligencia el definitivo cuarto y se limitó a mantener las distancias para sellar un importante triunfo que casi desahucia a un rival directo.

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