La cosa de estar callado o tocar la trompeta

  • Ana Rosa Quintana se sorprende de la templanza de Pablo Iglesias Javier Maroto, guerrillero en La Sexta

ÉSTE no es Pablo Iglesias. Incluso respeta los símbolos democráticos nacionales, porque su beligerancia es de otro tiempo. De dos años atrás, cuando el mundo estaba por hacer. El líder de Podemos no se reconoce en aquel contertulio y profesor descarado, encendido y de dialéctica dura, que encandiló a unos contribuyentes que se sentían maltratados y olvidados. Ahora, coleta estética y no ética, ejerce de forma activa la prudencia, la paciencia y la moderación. Entre estar callado y tocar la trompeta hay un término medio, le recomendó Ana Rosa Quintana. La frase es del gran Alfredo Landa.

Uno de los contertulios de Telecinco observó a Pablo Iglesias que se hallaba en modo diésel. Otro, apreció que lo veía en modo Lexatin. Otro decía que le parecía escuchar a Del Bosque (el único que en realidad sería capaz en España de lograr mayoría absoluta en estos momentos). El líder de Podemos, el candidato más personalista desde los primeros tiempos de Felipe González, marca con su batuta el mordisco al centro desde la izquierda, a desmoronar al PSOE con su mismo armamento. Iglesias ha bajado su tono de voz en un par de decenas de decibelios, su gesticulación ya no es combativa y parece pensarse sus réplicas un par de segundos, para ir muy por debajo de los límites de velocidad que marca la señalización. En el matinal de Ana Rosa, después de haber pasado por la SER, Iglesias reforzó una imagen pausada, una postura de dar confianza y aglutinar todo los votos desparramados como hojas caídas. Sentirse autorizado de manera definitivamente sobre un Pedro Sánchez insípido y una futurible Susana Díaz malencarada. Por eso saca el póster de Zapatero como si fuera una fan de Aplauso.

El pasado, el chavismo y la dentellada quedan atrás, en pretérito imperfecto. Desde diciembre Iglesias parece haber encontrado desde la postura horizontal el impulso a la vertical del poder, al que accedería de la mano pringada del propio Sánchez. Ana Rosa preguntaba e Iglesias musitaba. La matriarca le recordaba que las corbatas que luce fueron regalo de su programa en la pasada campaña. 2015. Tiempos de El Cid, que aparece en el himno de Riego. En Podemos agradecen el regalo.

Iglesias ya no toca la trompeta, sino que ha tomado los hábitos benedictinos, para ser elevado a los cielos por la inercia de los indecisos. Por el impulso de unos sondeos que a estas alturas se dan como resultados inamovibles.

El colmillo lo enseña el PP. Javier Maroto se disfrazó de podemita incómodo en el debate a cuatro de Al rojo vivo. Si Albert Rivera se brinda como la calma y la sensatez para salir del atolladero, como insistió en Los desayunos, la tribu de Rajoy pide el voto a través del miedo ante el huracán de los malvados.

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