Resbalón en el complicado equilibrismo del centro

El Congreso de los Diputados no es Christianborg. Albert Rivera acabó de darse cuenta ayer. En el segundo asalto del año electoral perpetuo, el líder de Ciudadanos descubrió que España no es Dinamarca y que la realidad política española tiene poco que ver con una ficción televisiva como Borgen. En la popular serie nórdica la joven candidata de un partido moderado consiguió presidir el Gobierno tumbando un histórico bipartidismo. Se le olvidó a Rivera que lo último que se supo del centro en España fue que el CDS se apagó rápidamente y el equilibrista Adolfo Suárez con él.

No es en absoluto descartable que, en algún momento del pasado otoño, Rivera se viera cerca de La Moncloa. Con la llegada del frío, el coche naranja fue cogiendo velocidad hasta el punto de acercarse al rojo y adelantar con solvencia al morado. No aceleró lo suficiente en las encuestas y luego el motor gripó. Diciembre se le dio regular a Ciudadanos -justo al contrario que a Podemos- y Rivera ni siquiera consiguió ser determinante para formar Gobierno. Queda como prueba el fallido acuerdo con los socialistas. Pero si el frío le sentó mal a Ciudadanos, peor ha llevado el calor. Fueron 40 diputados los que acompañaron a Rivera en su desembarco en la Carrera de San Jerónimo y serán 32 los que lo hagan en la XII legislatura.

Si tres son multitud, ¿con qué se queda al cuarto? De momento, con ocho escaños menos y una sangría de casi medio millón de votos. Y ya se sabe dónde han huido: a sustentar el triunfo del PP, más allá de los envites de la ley electoral. La figura del líder naranja abanderando la lucha contra la corrupción y prometiendo un cambio moderado no parece lo suficientemente atractiva como para atraer descontentos, que han vuelto a sus partidos históricos. Y la campaña no le ha servido a Rivera y los suyos para movilizar al voto moderado, ese que horas antes del batacazo pedía el político catalán en el colegio de Hospitalet de Llobregat donde le tocó ejercer su derecho democrático. No convence la propuesta liberal del partido naranja.

Tampoco ayudan sus devaneos a un lado y otro del tablero ideológico. Ayer los conservadores desencantados volvieron al PP después de seis meses sin Gobierno. Las fuerzas populares son sólidas, casi inamovibles. Y parece que el PSOE no puede perder muchos más votos por su derecha. "Tiempo de acuerdo, tiempo de cambio", dice el lema de esta campaña. En la situación actual, Rivera está cerca de aplicar la primera mitad de la consigna. Con el descenso del bloque de izquierdas y la incompatibilidad de Podemos y Ciudadanos, los naranjas tienen posibilidades de sumar con los populares y algunos nacionalistas. Los vetos de la campaña, tan aireados por el político catalán, pueden desvanecerse ante el resbalón de la candidatura centrista.

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