"Lo que sé de comunicación se lo debo a catorce años de psicoanálisis"

-¿Por qué dos micrófonos?

-En uno soy Jesús Quintero, en el otro el Loco de la colina.

-¿Ha hablado con actores?

-Estos días hablé con Boadella, con Fernando Arrabal, con mi paisano José Luis Gómez, y con Nuria Espert, que me dijo que los quince primeros días son horrorosos.

-¿La vida es teatro?

-Y drama. Yo vi a Bernarda Alba cuando mataron a Paquirri y fui a Cantora a ver a la Pantoja, de luto y rodeada por cabezas de toros.

-¿Hay experiencia teatral?

-Antes que radio y televisión hice teatro. La obra se llamaba Inquisición, de Diego Fabri. Era un cura renegado que por el amor de una mujer le daba una bofetada a un abad al que interpretaba Pepín Cuesta. Vi cuatro veces Espartaco para inspirarme en la bofetada que Lawrence Olivier le da a Kirk Douglas.

-¿El empresario se contrata a sí mismo por la crisis?

-Después de hacer el Loco de la colina, me retiré casi dos años de la comunicación. Televisión Española me pidió algo parecido y así surgió El perro verde.

-¿Con quién empezó?

-Con el loco más luminoso de Andalucía. El Beni de Cádiz, ídolo de Lola Flores, que llegó a tener una historia de amor con Ava Gardner que le costó una paliza de los matones de Sinatra. Un genio. Para no abrumarlo, escondí las cámaras en los palcos. Le dije que por qué contaba tantas historias si lo suyo era cantar. Es que cantar ya sé. Eso no lo dice nadie.

-Usted nació en San Juan del Puerto, muy cerca de Moguer, cuna de otro loco.

-Juan Ramón iba acompañando al médico del pueblo y decían: ahí va el loco. A mí, salvando las distancias, también me decían loco cuando me iba a escribir poesía a las afueras de mi pueblo.

-Una cosa son sus silencios, otra quedarse mudo. ¿Le pasó alguna vez?

-En la casa de Juan Ramón. También retransmitiendo una misa y cuando fui al pasillo de la muerte de una cárcel de Buenos Aires a entrevistar a un joven guapísimo, parecido al Tadzio de Muerte en Venecia. Le decían Chacal y había matado a doce. Me habló de Serrat, de Carlos Monzón y sacó un papel de la Biblia con las preguntas que tenía que hacerle.

-¿Un loco con psiquiatra?

-Con psicoanalista. Lo que sé de comunicación se lo debo a catorce años de psicoanálisis. Aprendí que el entrevistado es otro tan desgraciado como tú. Igual que el arquitecto tiene que saber de música y poesía, para entrevistar a alguien tienes que conocer al ser humano. Cuando le hice la entrevista a Jesús Gil, la noche antes vi las tres partes de El Padrino.

-Lo de El Loco soy yo suena al Madame Bovary c'est moi de Flaubert...

-No es que me crea que soy Napoleón. Soy Napoleón.

-¿Qué le falta por hacer?

-He ido a los manicomios, los conventos, las cárceles y los prostíbulos, he tenido a Pasionaria rezando el Padrenuestro en latín. Pero me voy a ir de este mundo sin entrevistar a Ben Laden, al rey Juan Carlos, a Tejero y a Fidel Castro, el último revolucionario, aunque espero su llamada. Llevo diez años preparando la entrevista.

-Quiñones lo entrevistó...

-Fidel no traga a los periodistas europeos. Sólo a Barbara Walters o a Oliver Stone. En el fondo es muy americano. Yo le preguntaría si le gusta el cuba libre.

-¿Estrella o secundario?

-El periodismo es sorpresa e interés. La vida no está en quien te vende un disco, un perfume o una película. Tampoco en la política, salvo Hugo Chávez. Los políticos americanos dicen algo. Los europeos todos callados.

-¿Una entrevista inédita?

-La de García Márquez. Una vez nos invitó a cenar a su casa de Siboney a Vázquez Montalbán y a mí y después nos llevó a escuchar boleros.

-¿Le duele el obligado silencio de Suárez?

-Fue quien me reivindicó cuando yo estaba castigado en Radio Nacional.

-¿El Loco soy yo es un resumen de su vida?

-No acepto ningún premio a la trayectoria. Me siento con más ilusión que nunca, con más ganas de luchar contra lo que Umbral llamó televisión fecal. Desde un teatro, que dicen que son templos de cultura y han cerrado nueve en el centro de Sevilla.

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