Cristina Pardo, periodista de La Sexta

"Las críticas hacia mí me dan igual"

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"Las críticas hacia mí me dan igual"

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-En su primer Malas compañías un ex trabajador de Delphi reconocía que los cursos de formación de la Junta de Andalucía no le servían de nada.

-Planteamos si todo ese dinero fue utilizado de manera adecuada o para la paz social.

-En el próximo domingo entrevista a los principales imputados en el caso de los ERE. ¿Qué ha encontrado en esas entrevistas?

-Hablo con Francisco Javier Guerrero, Juan Lanzas y Carlos Leal. Con los dos primeros fui a buscarlos a la calle. Lanzas me terminó llamando gilipollas porque es verdad que se te queda cara de gilipollas con sus respuestas. El cara a cara con Carlos Leal es interesante. No sabe ni de cuántos delitos está imputado. Nos sorprendimos en el equipo cómo se pedía tanto dinero en cosas tan sencillas y la ligereza con que manejaban el dinero público.

-¿Qué sensación tiene de ellos?

-Sobre Guerrero, si uno repasa su trayectoria, tiene esa mentalidad del político que siente que tiene que ayudar a todos los que le llegan al despacho, como al churrero de su pueblo. De tanto ayudar se perdió. Lanzas y Leal sí son más codiciosos. Prejubilaban a gente que no había estado nunca en una empresa. Me lo quieren comparar como si yo mañana me prejubilara porOnda Cero... Hombre, no es lo mismo.

-¿Se perdieron por abusar del compadreo?

-Hay una parte de compadreo, de ayudar a simpatizantes, a la familia. Hay un conchabeo entre particulares. Pero a mayor escala la Junta de Andalucía no trabajó en grandes soluciones para dar trabajo y buscó otro tipo de atajos. Hemos hablado con el alcalde de Dos Hermanas, Francisco Toscano, y nos admite que el Ayuntamiento suele ser la mayor fábrica de contratación de la ciudad... No se está incentivando a crear empleo sino que se ayuda a sobrevivir.

-¿Andalucía sería una gran red de intereses urdida por la Junta?

-Creo que hay un aspecto llamativo: la gente siempre vota mucho con el bolsillo, mantiene el voto si le va bien particularmente. Si la gente cree que la va bien, aunque sea sobreviviendo, seguirá votando al PSOE.

-¿Qué papel activo han tenido los ex presidentes Chaves y Griñán?

-Eso lo dirimirá el tribunal. Muchos me dicen que son dos personas honestas, pero no puedes quedarte tranquilo en que si tú no te llevas el dinero no formas parte de la corrupción. Serán dos personas honestas pero al menos han pecado de falta de control. Por no enterarse tiene que haber al menos una penalización política por la responsabilidad que ellos tenían que con el dinero público.

-Guerrero la insulta en un bar. ¿La cantera de reporteros de La Sexta sale a la calle curada de espanto?

-Las críticas hacia mí me dan igual. Me da igual un insulto así. Tengo que asumir cualquier comentario porque yo tengo libertad para criticar lo que crea conveniente.

-¿Cómo va a Liarla Pardo los fines de semana en La Sexta?

-Va a ser un cambio de registro, un punto de vista divertido del mundo. Con menos actualidad y menos Puigdemont.

-¿Seguirá también en un programa que no sería de su registro habitual como El Hormiguero?

-Sí, sí. No me lo pierdo. Pablo Motos es la leche. Al ser en directo aprendes tantas cosas... Pablo me da vía libre pero a veces te hace una sugerencia y te das cuenta de que tiene toda la razón.

-¿El Hormiguero sería lo más parecido a un troupe de circo, pero del circo de siempre?

-Es buena comparación, porque es un equipo de entretenimiento brutal.

-¿Entienden sus comentarios los actores de Hollywood?

-No, por eso yo siempre voy con invitados nacionales, para que puedan interactuar. No soy mitómana, pero si un día va Springsteen, allí estaré.

-Ha tenido que dejar Al rojo vivo,¿ha vivido en este programa un máster presencial?

-Pues sí, esto sí que es un máster. A mí gustan las entrevistas en directo, que sea como jugar al ping pong, que haya zascas recíprocos.

-¿A quién le gusta entrevistar en esas condiciones de urgencia?

-Por ejemplo a Rafael Hernando, Gabriel Rufián. Políticos que se enfrentan al directo y que practican la esgrima con el entrevistador. Con golpes rápidos, que aceptan el duelo aunque les des una estocada.

-¿Ferreras la fichó para La Sexta por su descaro?

-Me conoció con 19 años, iba a hacer las prácticas en la Ser pero me hacían contrato en la Cope y me fui allí. Seguimos en contacto porque siempre apostó por mí. En la entrevista de las prácticas me dijo que por mis pintas parecía de una ONG. Le dije que si Polanco tenía una ONG que contara conmigo.

-Usted es de las que no se corta...

-Ferreras siempre hace preguntas para pillarte con el pie cambiado. Es un gran jefe.

-¿La pinta de su flequillo es para tener un aspecto diferente, para llamar la atención al espectador?

-Esta pinta fue casual. Un peluquero de La Sexta lo veía clarísimo. Cuando terminó de cortarme el pelo aquello parecía la matanza del gorrino. Pero fue creciendo y me dejé aquel flequillo que me hizo. Así hasta hoy.

-El flequillo es una forma de llamar la atención, pero después hay que mantener la credibilidad.

-Ése ha sido siempre mi objetivo. La credibilidad y la fidelidad del público. Eso sólo se consigue trabajando mucho.

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