"Los jóvenes saben que toda cita romántica precisa un vino"

-¿Recuerda su primer sorbo de vino?

-A los diez años.

-Qué pequeño.

-Pues no me dejó secuelas. Fue un rosado en el colegio de los frailes capuchinos de Navarra. Desde entonces, no me privo de mi clarete diario.

-¿Y su primer gran vino?

-Un burdeos, a los quince años. Algo había leído sobre él y le dije a mi padre que lo pidiera. Mi padre, tras probarlo, me dijo que desde ese momento yo me encargaría de elegir el vino.

-Para ser un aristócrata, en el vino es revolucionario.

-Soy partidario de conservar lo que merece la pena ser conservado, pero también hay que ser consciente del siglo en el que vivimos.

-Ya, pero el mundo del vino es muy tradicional.

-El 90% de los científicos de toda la historia de la humanidad están en activo. Es absurdo no aprovecharlo.

-Se fue a California, una afrenta a la vieja Europa.

-Estudié en Bélgica, cuando se cocía la nueva Europa. Y allí se sabía mucho de Europa, pero no de cultivar viñedos. Me fui a California cuando todo estaba empezando: Napa Valley, la enología... Aprendí muchísimo en California.

-Y vino aquí y lo contó.

-No lo conté, actué. Encontré todos los problemas del mundo para que me permitieran hacer mi vino de pago, me salté las reglas y ya nunca más miré atrás.

-Tiene vecinos ilustres. Bodegas centenarias le imitan en Toledo.

-No me lo tomo como una competencia, sino como un homenaje y un refrendo. Yo no estaba tan loco.

-¿Los jóvenes han abandonado el vino?

-El mundo del vino es tan global como el resto de los mundos. Decrece el consumo en los países productores como España e Italia, pero está creciendo en 190 países. Y crece entre los jóvenes del mismo modo que entre los jóvenes crece la tendencia de irse a vivir a los viejos barrios. El vino se ve como algo antiguo y eso está de moda, pero, al igual que los barrios, hay que remodelarlos para que los jóvenes estén cómodos.

-Asociamos joven a alcohol rápido y a borrachera.

-Varias encuestas dicen que los jóvenes nunca beberían una botella de vino para emborracharse. Eso está bien. En esos mismos estudios se demuestra que los jóvenes saben que toda cita romántica precisa un vino. Eso también está bien.

-Vino y amor; no vino y juerga.

-¿Qué es el amor sin un buen vino?

-Ahora hay buenos vinos muy baratos.

-La crisis ha puesto en el mercado ofertas increíbles.

-¿Mala cosa?

-No, si alguien que no bebe vino llega al vino a través de esas ofertas, bienvenido.

-¿Y los grandes vinos también tiran los precios?

-Eso es diferente. A precios muy bajos no hay vinos maravillosos. Puede haber vinos bebibles, pero no maravillosos.

-¿Qué se le pasó por la cabeza cuando se incluyó al vino en el proyecto de la ley de drogas?

-Pensé que sucedería lo que sucedió, que esa ley no podía salir adelante. PP y PSOE se unieron para evitarlo. No creo que eso haya sucedido muchas veces y demuestra que el vino es algo más que una bebida.

-Usted fue muy beligerante. Consiguió enfadar a la ministra.

-Nos puso una querella por demostrar ante un notario y un jefe de tráfico en un programa de televisión que se pueden tomar dos copas de vino y salir sin un solo gramo de alcohol en la sangre.

-¿Eso es así?

-Había un notario y un jefe de tráfico, pregúnteles.

-Nació en Sevilla, en la casa de Antonio Machado. ¿Qué tiene usted de machadiano?

-Siempre voy ligero de equipaje.

-Recomiéndeme un vino que no sea suyo.

-Manzanilla para acompañar los langostinos de Sanlúcar.

-Eso es muy diplomático. La manzanilla no es su competencia.

-Me pidió que escogiera un vino y la manzanilla es un estupendo vino.

-¿Sueña con el vino perfecto?

-Con su color, con su aroma, con su sabor. Sí, sueño siempre con ese vino imposible.

-¿Y?

-Me acerco, pero no lo consigo. El Tres Aes, en honor a los nombres de mis tres hijas, se parece bastante al del sueño. Supongo que nunca lo lograré, pero no me preocupa. Es bonito seguir teniendo sueños.

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