Antonio Rodríguez Almodóvar

"Me llevo gloriosamente mal con todo lo políticamente correcto"

  • El escritor reedita sus volúmenes 'Cuentos al amor de la lumbre', con prólogo de 1984 de Caballero Bonald.

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Un colegio con su nombre

Antonio Rodríguez Almodóvar (Alcalá de Guadaíra, 1941) acaba de reeditar dos volúmenes de Cuentos al Amor de la Lumbre, uno con prólogo extraído de un elogio de Caballero Bonald en 1984. En 1979 encabezó la lista del PSOE a la Alcaldía de Sevilla. El triple pacto de la izquierda, con socialistas y comunistas, para evitar ayuntamientos de la UCD, hizo que el bastón de mando recayera en el andalucista Luis Uruñuela, recordado hoy con una avenida que lleva su nombre. "Yo tengo un colegio con el mío en Salteras, voy todos los años a contarles cuentos". Muñoz Molina le dijo que muchas noches había dormido a sus hijos con cuentos recopilados por Rodríguez Almodóvar.

-Ana María Matute le llamó el tercero hermano Grimm. ¿Tenían hermanos los Grimm?

-Que yo sepa, no. 2012 es el bicentenario de sus cuentos.

-Participó en 1984 en un seminario de literatura fantástica con un cartel de lujo. Lo repasamos...

-Adelante.

-Un recuerdo de Borges...

-Con los gitanos escuchando flamenco en la plaza del Lucero de Sevilla. "¿Qué le parece?", le pregunté. "Me encanta, es maravilloso". Fue lo único que hablamos; estaba muy abstraído y no quería interrumpirle aquel momento de éxtasis.

-De Italo Calvino...

-Hablamos mucho, nos unían las mismas inquietudes. Él había recopilado la Fiave (cuentos e italiano) y preparaba con Siruela una edición de sus cuentos italianos. Hablamos de estructuralismo y de semiótica.

-De Gonzalo Torrente Ballester...

-Más que en ese encuentro, tuvimos ocasión de charlar cuando en 1985 yo formé parte del jurado del premio Nacional de Narrativa que él presidía. Era partidario de un concepto que no tuvo fortuna, la nueva edad de plata de la narrativa española. Torrente decía con razón que nunca se había escrito tan buena novela en España. Él colaboró con La saga / fuga de J.B.

-Los unió Jacobo Fitz James Stuart, conde de Siruela. ¿Lo ha tratado?

-Siruela publicó dos libros míos de el bosque de los sueños. No parecía ni de la familia.

-¿Compartirá lo que ha dicho su hermano Cayetano sobre los jornaleros andaluces?

-Espero que no. Un día, en un almuerzo literario, me dijo una cosa que me llamó mucho la atención. Hablábamos de los transportes, de los atascos. Yo hice una defensa del Metro. Viví en algunas etapas en Madrid y soy un enamorado del Metro. Me dijo: "Yo no me he montado nunca en el Metro". Le dije que estaba bromeando. Me dijo que era verdad. Entre uno que no se sube al Metro y otro que no se baja del caballo, no sé qué decirte.

-¿Es autor de best seller?

-De los Cuentos al Amor de la Lumbre han salido más de 300.000 volúmenes y de la Media Lunita, ni te cuento. No dejan de reeditarse desde 1985. Una vez a mi editor se le escapó que podíamos estar en los cinco millones de ejemplares. Me parece una barbaridad, siendo bastante probable.

-¿Qué tal se lleva la SGAE con la tradición oral?

-Mal, por ahí no tengo nada. Sólo recibo derechos por los discos de los cuentos y por el teatro. Y algún dividendo que viene de Argentina.

-¿Qué tal se lleva con los políticamente correcto?

-Muy mal, gloriosamente mal.

-¿Ha tenido que retocar los textos?

-Nunca jamás. La primera vez que salieron los Cuentos al Amor de la Lumbre, en la editorial se recibieron algunas quejas de colegios de monjas y de curas. Decían que eran demasiado vulgares, grotescos, groseros. Se reunió el consejo de dirección de Anaya y el editor, que era un lince, Germán Sánchez Ruipérez, dejó hablar a los partidarios de que había que edulcorar los cuentos. Hizo la pregunta del millón: ¿cuánto se venden? Dijeron: cada vez más. Estos cuentos no se tocan ni una coma. Me salvé por un criterio mercantil, el que no pudieron superar los hermanos Grimm con la edición de 1812. Fue un escándalo en Alemania y tuvieron que suavizarlos.

-¿Pasó de los curas y monjas a las quejas de colectivos feministas?

-Los paré enseguida. Publiqué un artículo titulado No toquéis a Blancanieves. El presunto machismo de los cuentos invita a la risa más que a la indignación. El papel de la mujer en los cuentos tradicionales está muy mal estudiado. Blancaflor, mi cuento favorito, es el primero con protagonista femenino.

-En 1979 fue el candidato más votado de la izquierda a la Alcaldía de Sevilla, y lo dejaron sin ella. ¿Se lo agradecen sus lectores como a Vargas Llosa cuando perdió las elecciones peruanas?

-Quizás me hubiera perjudicado. En cuanto pude me fui de la política. Con paréntesis como el de comisario del pabellón de Andalucía.

-¿Qué jefe de Estado le dejó mella?

-La reina Sofía. Fue dos veces, y las dos quiso ver el parque Andalucía de los Niños. No sé si fue por eso por lo que al acabar la Expo el rey Juan Carlos me concedió la Orden del Comendador al Mérito Civil. O tal vez porque no dejaba demasiado mal a la monarquía, como suele ocurrir en los cuentos populares.

-¿Guerra era el lobo y Felipe Caperucita?

-Felipe era el príncipe seductor y Guerra hacía de malo, pero no era más que un papel; a veces se lo tomaba tan en serio que se lo creía.

-¿Por qué en la Andalucía Occidental es más fácil la recopilación de cuentos que en la Oriental?

-Por la influencia de Machado y Álvarez.

-¿Quién mata los cuentos?

-El aburrimiento programado y el vaciamiento ideológico. Detrás de la debacle socialista puede que esté llevar años embruteciendo a la gente con la televisión basura.

-¿El último hallazgo?

-Un contracuentos perfecto, la historia de un rey muy pobre que tenía tres hijos muy felices porque no tenían nada que heredar. Frente a un rey rico y avaricioso con una hija que sólo sabía contar dinero.

-¿Un cuento sin yernos?

-Aquel rey se libró de los yernos, que ya sabes lo que pasa.

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