Felipe Alcaraz, escritor y ex dirigente comunista

"Si me preguntan dónde están los intelectuales, les digo: ¡en el mercado!"

  • Alcaraz reflexiona en su último libro, 'La conjura de los poetas', sobre la pérdida de la ilusión transformadora que ha traido consigo la posmodernidad

Comentarios 25

-¿Corren malos tiempos para la lírica?

-Para la lírica que se embelesa con la realidad oficial y la convierte en falsa felicidad, sí. Ahora viene otra vez la lírica de la verdad.

-¿Y cuál es ésa?

-La que surge del capitalismo en crisis, que nos ha despojado del velo. ¡Nos dijeron que había que asfaltar las playas para ser libres!

-¿Qué versos le inspira el momento?

-Los de Espronceda: "El mundo entero/ en vil mercado convertido". Es un poema sobre Europa escrito en el primer tercio del siglo XIX.

-Pues resulta muy actual.

-Hoy el mercado es el organizador de nuestras vidas, el que nos gobierna y decide nuestra forma de vivir. ¡Así no tenemos futuro!

-¿Ya no nos queda ni Fidel?

Sí, sí. Queda Fidel, y miles de gentes que tienen otra forma de concebir la vida cotidiana.

-¡Pero si ha dicho que su sistema ya no sirve!

-Cuba está muy por encima de los países del entorno latinoamericano en lo relativo a servicios esenciales, sobre todo sanidad y educación. Es posible que tenga que haber cambios, pero fuera del bloqueo, y con consenso.

-¿Aún cree en el marxismo?

-El marxismo no ha muerto. Es un estudio de las relaciones de producción, un estudio histórico realizado desde el punto de vista de las clases y de la acumulación capitalista. Los banqueros lo conocen muy bien, pero lo leen al revés.

-¿Y por qué está maldito?

-Porque hace casi tres décadas se impuso la teoría de que la socialdemocracia es el fin de la historia y más allá no hay nada, salvo dragones. Los dragones somos los comunistas, claro.

-¿Cómo ocurrió?

-Felipe González es el primero que asume esa idea, cuando decreta el cambio y la felicidad de un mundo nuevo, en 1982. Después vendrán Bettino Craxi y Carlos Andrés Pérez.

-¿Cuál fue su error, según usted?

-Andando el tiempo se descubre que lo que parecía la llegada al reino de la razón es el capitalismo durísimo, que se mete por todas partes, y que no se distingue, porque se hace vida. Es como una segunda piel.

-Un espejismo.

-Sólo ahora, con la crisis, la gente reacciona y dice: ¡Ah! ¿Pero era esto? Y han sabido bautizar lo que había debajo. Ésa es la gran decepción de ese cambio del 82, que llevó a tanta gente a descomponerse.

-¿También a los escritores?

-Los escritores no tienen tanta fuerza como antes, porque la literatura se ha convertido en una gran resaca comercial. ¡Llevan 30 años sin mojarse! Y los que han resistido están aislados, fuera del conocimiento.

-¿Cuándo empezó el declive?

-Con la caída del muro del Berlín, que consolida la filosofía posmoderna: el paréntesis rojo se ha cerrado y hay que volver al individualismo. El prestigio se traslada desde la literatura al nombre y a la imagen personal, que se transforma en una marca comercial...

-Y de ahí, a las grandes promociones.

-Esa marca comercial se organiza en tribus, en torno a subvenciones. La gente se pregunta dónde están los intelectuales, y yo les digo: ¡en el mercado! Se impone la poesía de la experiencia, digerible para las capas medias.

-¿Domesticada?

Dependiente del Estado, las subvenciones, los premios, y de todo un poder muy organizado que se crea.

-¿Cuál era la alternativa?

-Algunos, como Bertold Brecht, Alberti, Blas de Otero o César Vallejo intentaron hacer poesía desde el punto de vista de la explotación, contra la explotación y el dominio. No eran panfletarios.

-¿A quién más incluiría?

-A Javier Egea, el único poeta granadino que se mantuvo firme en La otra sentimentalidad, en la poesía antiburguesa, mientras otros se pasan a la poesía de la experiencia, con el liderazgo de Luis García Montero.

-Escribe: "No es posible el amor en el capitalismo".

-Ésa es la tesis de Egea. Descubre que en una sociedad mercantilizada donde, como decía Santa Teresa del Dios, "el poder está también entre las ollas", sólo son posibles las relaciones muy teñidas de mercado.

-¿Usted comparte esa idea?

-Pienso que es posible un anticipo a cuenta del amor. Ese futuro con el que soñamos, el porvenir largo, es posible adelantarlo en algunos momentos.

-¿La felicidad sólo existe como una posibilidad?

-No hablo de felicidad, sino de amor. Esa gente que habla tanto de felicidad, que piensa que es lo único importante, acaba por creer que el fin justifica los medios.

-¿Usted en que grupo se encuadra?

-Yo soy rojo y me moriré siéndolo.

-¿Político corrosivo, al tiempo que poeta?

-Antes se tenía el concepto de que el poeta es un ser frágil, tierno e inocente. Y que a través de esa inocencia se llega al fondo del ser que anida en nosotros.

-¿No es así?

-Ése es el poeta clásico. El poeta rojo y materialista, que trabaja contra la explotación, tiene la solidaridad como ternura de los pueblos. Javier Egea escribió: "Te llaman luz, amor/ hoy te llamo derrota".

-¿No le ha desengañado la política?

-Se ha mezclado política y explotación y se ha separado la ética de la política. Pero no puedo dejar de creer, porque hay que frenar el neoliberalismo, cuyo objetivo es privatizar la política. Ya sabe...

-Más de lo mismo.

-El político es hoy un vendedor de mercancías en la sociedad del espectáculo, un gran supermercado en el que vas a comprar lo que te ha dicho el político, porque su producto lava más blanco.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios