eric jiménez Músico

"Muchos rockeros se mueren con el traje de payaso puesto"

Eric Jiménez. Eric Jiménez.

Eric Jiménez. / Víctor Rodríguez

-¿cuándo supo que la vida de perro callejero, en la frontera con la delincuencia, no era para usted?

-Lo supe siempre, pero a veces tampoco veía yo tanto peligro: la edad... Salí del choricismo gracias al punk. Que es un poco salirte de la sartén para meterte en el fuego. Pero encontré un camino, un sentido, y en vez de en la calle estaba recogiíco en el local de ensayo.

-Empezó tocando el tambor en un grupo de Falange. No parece que funcionase el adoctrinamiento...

-Tenía 8 años y lo más divertido que pasaba en mi barrio era el camión de la basura. En aquella época me enamoré de la Semana Santa, era mi pequeño Halloween, se me metió el soniquete, el ritmo, y la única manera que tuve de poder colgarme un tambor fue esa. Éramos todos niños de clase obrera que querían un poquito de protagonismo, salir a la calle con un tambor y una trompeta, y a esa edad ni me di cuenta de ese aire falangista. Luego ya me metí en KGB, un grupo de mi barrio, y conocí el punk. Ahí se me volvió el mundo de technicolor.

-¿Cómo encaja un superviviente de la calle en ese mundo a veces tan pijo y universitario del indie?

-Es verdad que en la música hay mucho pijerío, todo el mundo a cierta edad quiere sentirse malote y rebelde, a algunos les dura eso 80 años y a otros, con suerte, dos disquillos. Es humano. Yo encajo ahí porque la batería es mi burbuja, mi ansiolítico en los malos momentos, como el Trankimazin para una ama de casa. Hay quien lo deja porque se da cuenta de que hace falta una verdadera dedicación o porque la novia le dice "déjalo, hombre, que ya no tienes edad". Pero esto va conmigo, mientras tenga salud seguiré tocando, independientemente de que me reporte dinero o no.

-Forma parte de dos grupos de rock muy exitosos, cada uno a su manera. ¿Es difícil que no se le suba a uno la tontería a la cabeza?

-Mucho. La mayoría de los artistas, de hecho, se vuelven gilipollas. Y luego están los que se hacen su personaje... El cantante de Psychic TV [Genesis P-Orridge] se ha puesto tetas, y está de puta madre, eh, pero yo pienso en cuando tenga 80 años y esté en la residencia. Yo qué sé. Igual se las mira y dice "joder, qué maravilla, soy el viejo con más tetas del mundo". Hay dinámicas peligrosas. Yo, por eso, de momento no pienso ponerme tetas.

-¿Qué cliché de la Vida del Rockero Oficial le fastidia?

-La necesidad de tener una vida tortuosa. A mí, como la he tenido, me habría encantado vivir la del ratón Mickey. Volvemos a lo mismo: el problema llega cuando alguien se aferra a un personaje. Aparte de que es difícil que algo te salga de verdad del alma, un disfraz no cambia. Por eso muchos artistas en el rock & roll se mueren con el traje de payaso puesto. A mí no me da ningún reparo decir que lo que más admiro es el cariño familiar y que alguien te esté esperando en casa.

-¿Usted nunca llevó algún disfraz?

-Sí, pero por pura supervivencia. Cuando me movía en ambientes en los que la violencia se palpaba, como siempre he sido un gran actor, adopté ciertos papeles para protegerme. Y cuando descubrí el afterpunk fue una epifanía. Iba con 16 años con la cara y los labios pintados y el pelo frito antes que los Jesus & Mary Chain, y me arriesgaba a que me dieran dos hostias, y alguna me dieron. Pero era como una religión para mí. Claro que ahora me parece desmesurado, pero es la edad. Quería vivir el punk a fondo cada día, es decir, que me daba igual si me moría al día siguiente...

-¿Le daba de verdad igual o es una licencia retórica?

-En mi fuero interno claro que no. Pero estaba tan metido en la música siniestra... El hombre éste [el pianista James Rhodes] que escribió Instrumental dice que la música le salvó la vida. Hombre, ¿no te jode?, ¡con el puto Lago de los cisnes! Pero si yo escucho a cuatro yonquis, ¡a mí la música me mata, coño! La música te puede salvar la vida o te puede matar, por eso digo que a mí no me ha salvado la vida la música, sino el público. Suena cursi, pero es verdad.

-Milita usted en el grupo totémico del indie español, Los Planetas. ¿Sigue siendo indie el indie?

-Ha habido un retroceso. Los festivales eran maravillosos, ibas y aprendías, descubrías, cultivabas una afición. Ahora deben de ir todos a la misma imprenta, porque siempre están los mismos grupos y lo único que cambia es el logotipo. Son paquetes vacacionales para extranjeros y chavales con poco dinero para las vacaciones. Luego vas y es Disneylandia, y el rock no tuvo nunca nada que ver con Disneylandia: camitas elásticas, gorros, karaokes en vez de canciones, sólo faltan cañones disparando a enanos desde el escenario.

-¿Es más fácil disgustar a un fan de Los Planetas o a uno de Lagartija Nick? Confiéselo: son más jartibles los primeros, ¿no?

-Ni Los Planetas ni Lagartija hemos pensado nunca en "los fans". El espejo de un artista no pueden ser ellos,ni la prensa. Si un artista empieza a "componer para", mal asunto. Si yo con 20 años hago una canción que habla de mi piruleta, porque soy muy pop, y tiene un éxito enorme, qué hago entonces, ¿sigo hasta que me muera cantándole a las piruletas y a los Sugus? ¿El artista no crece, no escucha otra música? No lo vivimos de esa manera, tan funcionarial, tan ortopédica. Por eso digo que si uno pone de verdad el alma, ésta es una profesión de riesgo.

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