Aurora león González. Abogada laboralista

"El trabajador está ahora completamente vendido"

"El trabajador está ahora completamente vendido" "El trabajador está ahora completamente vendido"

"El trabajador está ahora completamente vendido" / Víctor Rodríguez

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-Hoy le rinden un homenaje, según los organizadores, por llevar casi medio siglo defendiendo a oprimidos. ¿Los sigue habiendo?

-Es uno de los grandes temas que deberíamos debatir ahora. Habrá oprimidos mientras siga existiendo la desigualdad y la injusticia. Sigue habiendo motivos suficientes, y diría que más, para seguir defendiendo a los trabajadores, que son oprimidos en muchos más ámbitos que el de la relación de trabajo. Hay una gran mayoría de ciudadanos que no pueden ejercer sus derechos: en el consumo, con las grandes compañías; en la igualdad de las mujeres o de los derechos políticos.

-¿Diría que la situación es mejor o peor que cuando empezó a ejercer en el tardofranquismo?

-No se puede decir de forma unívoca. Me dan miedo las simplificaciones de las cuestiones complejas.

-Se lo pregunto porque muchas voces ahora alertan de un gran retroceso.

-Eso sí. La legislación experimentó una sensible democratización al calor de la caída de la dictadura. Pero hace unos 15 años se observa un retroceso, especialmente desde la crisis. La efectividad de los derechos laborales son un test de calidad democrática. El momento de precariedad, de intangibilidad del poder empresarial que ahora mismo vivimos, es un síntoma evidente de una degradación profunda del propio sistema democrático. No se puede hablar de democracia con una carencia de derechos laborales como la que hoy tienen los trabajadores españoles.

-¿Siente desánimo?

-Normalmente no me desanimo, me indigno y actúo.

-¿Es posible revertirlo?

-Lo primero es derogar una serie de reformas laborales, como la de 2012 y otras anteriores, que han ido horadando el equilibrio de fuerzas que tiene que existir en un contrato de trabajo. Hace falta legislación, acción sindical y negociación.

-¿Y el trabajador no está ahora tan dispuesto a aceptar el marco actual como cuando usted empezó a ejercer en 1971?

-Era distinto. Entonces, la gente no sólo aceptaba las cosas en el ámbito laboral. Había un ambiente generalizado de dominación y sometimiento. Eso no se puede negar. Las dictaduras lo ejercen sistemáticamente en todos los ámbitos de la vida. Hoy en el ámbito laboral, en otros evidentemente no, estamos en una situación de indefensión muy muy profunda. Ahora se cometen muchos abusos, en duración de contratos de jornadas. O sin dar de alta al trabajador.

-¿Y qué papel juega el orden jurisdiccional de lo Social, algo debe decir?

-Bueno. Es que eso debe atajarlo la Inspección de Trabajo.

-¿Pero eso dará lugar a litigiosidad, no?

-Es que el trabajador no se atreve a plantear nada, porque si lo hace ya sabe lo que hay. El tribunal no es un recurso si no hay una ley que mínimamente proteja al trabajador. La mayor parte de la litigiosidad ahora es por despidos, cuando ya es irreversible. Ya no hay pleitos por reclamación de categorías, jornadas o cantidades. En la pequeña y mediana empresa el trabajador está completamente vendido.

-Los defensores de esas reformas argumentan que cuanto más libre sea el despido, más ágil es la economía y más empleo se creará, ¿lo comparte?

-Eso es completamente falso. Falso porque así lo demuestra la realidad. Cuanto más barato es el despido, más despidos se producen. El mayor número de despidos en España se produjo tras la reforma que flexibilizó al máximo las causas de despidos. Y cuando venga otra reforma como la que defiende ahora Ciudadanos en el Congreso, si prosperara, estaríamos sin posibilidad alguna de defensa.

-¿Por el contrato único?

-En el papel a todo el mundo se le va a llamar trabajador fijo, pero al eliminar las causas del contrato, ocurriría lo contrario, todos los fijos pasarán a ser temporales y estarán más expuestos al despido. Descausalizar el contrato y el despido es acabar con el control judicial.

-En cambio es el partido que más convence, según las encuestas.

-Porque estoy convencida de que la inmensa mayoría no conoce esa propuesta de ley que hacen, que es una perversión del lenguaje, al decir que acabarán con los temporales cuando lo harán con los fijos.

-Usted es pionera, ¿fue más difícil por ser mujer?

-Las mujeres siempre tienen dificultades añadidas a las de cualquier persona que trabaja. Hay más desconfianza y hay que esforzarse más en acreditar la capacidad. Pero tengo que decir que cuando empecé éramos tan necesarios y tuvimos tan buena acogida que no tuve desconfianza por ser mujer.

-¿No era más difícil el compromiso social y político? Hace poco Amparo Rubiales recordó que usted y ella fueron la únicas mujeres en el primer mitin de Santiago Carrillo al volver a España, en Dos Hermanas.

-Sí, efectivamente, allí estuvimos. En el ámbito político sin duda, el machismo imperaba claramente en las organizaciones políticas.

-¿Sintió algo especial el último 8 de marzo?

-Sí. Me vinieron las lágrimas a los ojos de emoción. Sentí, por primera vez, que había llegado el momento de las mujeres.

-En cambio, hubo muchos hombres manifestándose.

-Sin duda. Como yo también estaba con los trabajadores y no pertenecía a la clase obrera. Es necesario y maravilloso que los hombres se incorporen.

-¿Teme que se frustre por ser flor de un día?

-No. Las mujeres sabemos esperar. Somos pacientes y los resultados tardan. Yo confío en que la sociedad tome conciencia. Como con los jubilados. Puede que esto no haya hecho más que empezar.

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