Walter Riso. Psicólogo y escritor

"En la vida hay que aprender a perder antes que a ganar"

"En la vida hay que aprender a perder antes que a ganar" "En la vida hay que aprender a perder antes que a ganar"

"En la vida hay que aprender a perder antes que a ganar"

-Primera novela. ¿Cansado ya de dar tanto consejo?

-No son cosas incompatibles. Seguiré escribiendo divulgación, que implica más responsabilidad. Esta vez me dejé llevar por otro impulso. Nací en Nápoles, pero nunca me dijeron en qué calle. Cuando di con ella por fin, fui para allá y resultó que está en la Sanità, un barrio tradicional, pobre, que en el recuerdo de mis padres era como Macondo. Ese viaje me llevó a contar una historia que tiene algo de autobiografía, pero también mucha ficción.

-La novela habla de la importancia de las raíces, de los vínculos de calidad con la familia. ¿Se cuida esto en la actualidad?

-Creo que no. Ahora todo tiene que ser ya, ya, ya, ya, nos pasamos la vida corriendo, todo es rapidez, hiperactividad, ansiedad, y las relaciones auténticas precisan justamente de todo lo contrario, del fuego lento.

-Otro tema es la identidad, muy en boga hoy en ciertos debates políticos, y no precisamente para bien en según qué casos...

-El avance del populismo y de la ultraderecha, Trump en la Casa Blanca, los movimientos xenófobos en Francia, todo es parte de una misma reacción a la globalización. Es una cuestión política y también es una cuestión psicológica: puro miedo. Miedo a perder lo poco que uno tiene. Miedo a una mala idea de lo distinto. Hemos acabado volviéndonos todos más egoístas y metiendo a la pobre gente de Siria, ¡que son las víctimas!, en campos de concentración. Es muy perverso...

-¿Son sanas las redes sociales? Ahora todo el mundo a mi alrededor parece harto de ellas... pero ahí siguen, no las dejan...

-Son puro autoengaño. Pretenden crear un mundo ficticio en el que todos estamos de acuerdo. Por eso la gente se irrita cuando lee algo de lo que discrepa: pero en vez de discrepar, se irrita, se indigna, se frustra. ¡Pero si es que la vida no es así, amigo mío! La diferencia es precisamente lo que mantiene activo el motor básico del pensamiento crítico y de la creatividad.

-Se cuentan por millones sus seguidores en Facebook, por cierto. Eso lo señala como alguien exitoso, influyente. ¿Cómo se ve la vida desde ahí?

-Vender muchos libros no sirve para nada. Para mí el éxito es disfrutar de lo que haces, vivir tu vocación, hacer aquello que pagarías por hacer. El éxito es sentirte satisfecho contigo mismo y desear lo menos posible, o desear lo que tienes. La gente lo asocia a un automóvil muy caro, un cargo importante, estatus, posesiones, pero nada de eso da tranquilidad. La tranquilidad está en los momentos sencillos, en tomarte una cerveza con los amigos y disfrutar de esa paz. ¿Qué otra cosa puede haber?

-¿Dinero? Tengo la sospecha de que ayuda bastante a vivir sin agobios...

-Sí, no lo niego. Pero no es imprescindible. Yo los momentos más felices de mi vida los pasé cuando vivía en los guetos pobres.

-¿Juega usted en la misma liga que Paulo Coelho o Jorge Bucay?

-[Se ríe] Nunca he leído nada de ellos. Yo soy un psicólogo que escribe. No sabría qué otra cosa contestar. De la docencia saco información que trato de traducir para llevarla a la gente del modo más serio posible. Creo que hay una línea de divulgación, hecha por profesionales, y hay otra línea que no es exactamente eso. Pero no sé, creo que Coelho escribe novelas, ¿no?

-Eso tengo entendido...

-Pues eso.

-¿La gente necesita que le digan lo que tiene que hacer?

-La gente que está muy mal, por supuesto. Pero tampoco es que le digas tú lo que tiene que hacer. Si un libro es bueno, crea un espacio de reflexión, invita a la gente a pararse y a formarse su propio criterio. Y luego, claro que hay gente que lee algunas cosas y toma conciencia y hay que gente que no, pero bueno, eso siempre ha sido así. Si Séneca viviera hoy, lo meteríamos en el cajón de la autoayuda, pero Séneca nunca escribió autoayuda, ¿no es cierto? Mis lecturas favoritas son Epicteto, Epicuro, Diógenes, Sócrates, toda esta gente, filosofía, y yo encuentro ahí no tanto soluciones como una guía de vida. Se trata de eso.

-Dice un refrán "consejos vendo y para mí no tengo". ¿Se puede convencer a alguien que recela de la utilidad de los libros de crecimiento personal?

-Es muy difícil. Si una persona se cierra y le sale ese mecanismo de defensa que es la autosuficiencia... Con esa actitud, nada le podrá ayudar. Pero cuidado: la palabra tiene un poder muy fuerte. "No te merece quien te lastima". "Si alguien duda que te ama, no te ama". ¿Cómo? Ya te paras a pensar... Mis terapias son duras, sin anestesia, y mis libros son exactamente igual.

-¿Alguna certeza sobre el amor, usted que ha escrito tanto sobre relaciones?

-No se puede definir el amor. Pero sí sabemos que debe tener tres patas: el eros, la filia y el ágape, el cuidado del otro. Eso tiene que estar siempre: hacer el amor con la mejor amiga, y hacerlo todo con ternura.

-¿Querer es poder?

-No. Querer no es poder. Yo no estoy de acuerdo con el pensamiento positivo. De hecho tiendo más bien al pesimismo, o hacia el realismo, si se prefiere. El optimista, para mí, es un pesimista mal informado. En la vida hay que aprender a perder antes que a ganar. Lo dice Epicteto: cuando está bajo tu control, lucha; si no está bajo tu control, depón las armas, acepta que perdiste y vete por otro lado.

-¿La gente cambia?

-He visto pacientes míos de 80 años que han cambiado. Y de todos modos si no cambiamos nosotros, por nuestra cuenta, nos obliga la vida a patadas. De una forma u otra, sí, la gente cambia. Afortunadamente. Ya somos bastante rígidos, si encima no pudiéramos cambiar sería terrible.

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