Días caninos

DOS meses y medio después de que BFA-Bankia saltara por los aires y llevara al Gobierno español a solicitar a la Eurozona el rescate parcial del sistema financiero español, a través de una línea de crédito de hasta 100.000 millones de euros, el Congreso de los Diputados pudo ayer preguntarle a los primeros altos cargos y ex altos cargos de los 24 pactados qué ha puesto al sistema financiero a los pies de los caballos.

Pese a que el Grupo Popular era reticente a aceptar el luz y taquígrafos que reclamaba la bancada de la oposición en pleno, los más de 200.000 millones -150.553 millones comprometidos ya por el Estado, más los 62.000 millones previstos de la ayuda europea- han pesado mucho más que la supermayoría parlamentaria con la que el Gobierno de Mariano Rajoy lleva gobernando siete meses a golpe de decretos leyes. Así las cosas, pese a que los tiempos estaban tasados y las reglas de juego muy alejadas de una verdadera comisión de investigación, este acto de transparencia era de agradecer aunque fuera lo mínimo que se podía despachar en una democracia parlamentaria.

El primero en abrirlo fue el último secretario de Estado de Economía del Ejecutivo de Rodríguez Zapatero, José Manuel Campa, que renunció a la autocrítica y que incluso defendió que "la dirección tomada en la reforma financiera era y es la adecuada". Tras escucharle, varios diputados mostraron su extrañeza ante tanta autocomplacencia.

Joan Coscubiela, de Izquierda Plural-ICV, puso el dedo en la llaga cuando le preguntó a quemarropa: "¿Cómo es posible que si todo el mundo lo ha hecho bien tenemos una crisis del sector que está hundiendo al país?". Y Pedro Azpiazu, del PNV, le dio un toque cinematográfico no exento de humor cuando extrajo una pasaje de Casablanca -el "¡qué escándalo! ¡Aquí se juega!" que le espetó el jefe de policía corrupto a Rick- para resumir la comparecencia.

Visto lo visto, todo hacía indicar que el ex gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, se movería también al ritmo de As time goes by (El tiempo pasará), pero MAFO se salió del guión: entonó algún que otro mea culpade supervisión y en la reforma de las cajas, responsabilizó al actual Gobierno de la gestión de la crisis de Bankia, consideró un error la dimisión de Rato, aseguró que España está hoy por hoy peor que Irlanda, afirmó que hasta "finales de 2011" no existía peligro de rescate y defendió un gran consenso político (Felipe González dixit).

El plato fuerte de este cuarto y mitad de comisión dentro de la Comisión de Economía llegará mañana cuando el ex vicepresidente del Gobierno y ex presidente de Bankia, Rodrigo Rato, tiene previsto comparecer en lo que los ratistas consideran un intento legítimo de salvar su reputación. Es de esperar que el artífice del milagro económico español -léase burbuja inmobiliaria-, que no está preparando su comparencia con los populares, siga la estela de Fernández Ordóñez y explique, al menos, por qué dimitió.

Después de estas dos primeras comparecencias, con el ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, buscando en Alemania una salida alternativa al rescate total y con Cataluña recién incorporada al grupo de comunidades autónomas con el agua el cuello -la Comunidad Valenciana y Murcia han sido las otras dos (Andalucía está al caer)-, el Pleno del Congreso de los Diputados debatió por la tarde sobre el techo de gasto del Presupuesto del Estado para 2013 y el objetivo de estabilidad presupuestaria y de deuda pública para el conjunto de administraciones para el período 2013-2015. Con la prudencia que le caracteriza y apoyado en el rodillo popular, que ni siente ni padece -sólo aplaude-, el ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro, pronosticó un 2013 "difícil y de ajustes". En definitiva, vino a pedir más madera y dos huevos duros, un pastiche muy marxista; de los hermanos Marx, claro.

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