Editorial: Hacia un congreso extraordinario

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MALOS sin paliativos. Así calificó el secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, los resultados obtenidos por la candidatura socialista al Parlamento Europeo, encabezada por su número dos, en las elecciones del pasado domingo. No trató de aliviarlos argumentando la baja participación en los comicios, ni la caída experimentada también por el PP ni el carácter singular, no extrapolable, de estas elecciones. Asumió, simplemente, que habían sido malos y que él ha fracasado en su propósito de liderar una alternativa al Gobierno de centroderecha y aglutinar el descontento y el malestar social por sus políticas de ajuste y austeridad. En realidad, Rubalcaba ya había llevado al PSOE, a pesar de su valía política y personal, a cosechar sus peores resultados en la España democrática en las elecciones generales de 2011, las que condujeron a Mariano Rajoy a la Moncloa. Esta vez los socialistas incluso bajaron del suelo de entonces, y lo cierto es que el ex ministro del Interior de Zapatero ha sacado las consecuencias lógicas de la debacle y ha actuado con coherencia: se ha hecho responsable de la derrota y ha presentado la dimisión, que se formalizará con la celebración de un congreso extraordinario, en julio próximo, del que habrá de salir otro secretario general al frente de una nueva dirección. La decisión de Rubalcaba, hecha pública ayer, a las pocas horas de conocerse los resultados del 25-M, ha cogido con el pie cambiado a los aspirantes a participar en las elecciones primarias para designar el candidato a la Presidencia del Gobierno, previstas para noviembre. El calendario queda, por el momento, en entredicho, ya que la prioridad socialista ha de centrarse en las próximas semanas en la celebración del congreso y en la elección de otro líder federal, sin que la seguridad manifestada por el dimisionario en que las primarias tendrán lugar en la fecha programada pueda reafirmarse con total certidumbre. Entre otras cosas, porque la nueva dirección, refrendada por un congreso dramático y de amplia participación, puede tener otros planes, lógicamente desconocidos en el momento presente. Es de destacar que en el proceso que se abre ahora por la dimisión de Rubalcaba tendrá un papel decisivo el PSOE de Andalucía, liderado por Susana Díaz, acorde no sólo con su alto porcentaje de delegados en el congreso en función de su militancia, sino también con la gobernación de la única comunidad autónoma importante en manos del PSOE y su espectacular victoria, por nueve puntos sobre el PP, en los comicios del domingo. Emplazado a un congreso extraordinario que redefinirá su discurso y su liderazgo, el PSOE está obligado a mirar hacia el sur.

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