El Gobierno acosado

  • En Madrid se multiplican los incidentes contra altos cargos del PP, que son insultados y abucheados cuando acuden a restaurantes y terrazas, muchas veces por sus mismos votantes. Rajoy no va a dar marcha atrás

DÍAS atrás un ministro abandonó una terraza de Madrid al subir el tono de los insultos de viandantes y ocupantes de otras mesas; un dirigente del PP que no forma parte del Gobierno fue invitado a irse del restaurante en el que pretendía cenar porque el propietario se preocupó ante el grado de agresividad de quienes le increpaban y temía que pudiera producirse un altercado. Cuando lo comentó en la sede central del partido, le contaron que una de sus compañeras de Ejecutiva había pasado un mal rato porque cuando paró su coche en un semáforo recibió toda clase de golpes en el capó, y al activar el seguro para que no se pudieran abrir las puertas los agresores zarandearon el vehículo para intentar que bajara. Esta pasada semana, un ex ministro de Aznar recibió insultos en un restaurante y en una terraza madrileña, de la que se fue para evitar complicaciones.

No es una tarea grata ser miembro del Gobierno en estos momentos, ni tampoco ser un rostro conocido del equipo directivo del PP. Ante la sede central del partido en la calle Génova de Madrid se producen algaradas todos los días desde que se conocieron las medidas de ajuste, con grupos que gritan contra el PP y contra el Gobierno, intentos de entrar en el edificio, cortes de circulación y bombos para hacer más ruidosa la protesta. Ha sido necesario reforzar la seguridad para impedir que se produjeran agresiones a las personas que entraban o salían del edificio o que se tiraran piedras contra las vidrieras.

No es tarea grata ser miembro del Gobierno o del partido en este momento, pero Mariano Rajoy no cede ni un milímetro en su idea de que sólo tomando medidas drásticas se puede salvar la crisis que sufrimos desde hace unos años. "Es el que nos da ánimos cuando tenemos dudas al ver el desafecto hacia nosotros", cuenta uno de los ministros. Ministros que saben perfectamente que han decepcionado a un amplio sector de sus militantes "e incluso a miembros de nuestra familia", añade.

Y es que el incremento de los impuestos, la subida del IVA, los recortes a los funcionarios y la eliminación de ayudas y subvenciones ha provocado incredulidad primero, desazón después e incluso ira. Ira que han utilizado sindicatos y algunos de los partidos de la oposición para organizar o al menos inducir movimientos de protesta, aunque hay dirigentes del PP que reconocen que algunas de las agresiones verbales que reciben en la calle son espontáneas.

"Las entiendo -confiesa el mismo ministro- pero me duele que los mismos que nos insultan no hayan expresado ningún tipo de protesta con el Gobierno anterior, que indudablemente alguna responsabilidad tiene con la situación que vivimos. No puedo dejar de pensar que a la izquierda se perdona lo que no se nos perdona a nosotros".

El Gobierno no va a coger vacaciones. Celebrará tres consejos de ministros para continuar con sus medidas de ajuste y todo lo más los miembros del Ejecutivo podrán descansar dos o tres días a la semana, siempre por turnos. El presidente se trasladará a Sanjenjo los fines de semana e intentará quedarse algún tiempo más si la situación lo permite. Y tendrá el despacho habitual con el Rey en Marivent, aunque es probable que sólo se celebre uno en Mallorca porque también don Juan Carlos ha acortado sus vacaciones este año.

La clave es Europa, lo que ocurre fuera, es la tesis del Gobierno. Están convencidos de que están haciendo lo que hay que hacer, están haciendo lo que las propias autoridades europeas indican o exigen, y la falta de seguridad sobre el futuro del euro y del propio proyecto europeo es lo que provoca que los mercados no estén respondiendo en positivo. El ejemplo más evidente, señala un miembro del equipo de Montoro, es que una frase de Draghi garantizando la estabilidad del euro provocó una convulsión, en positivo, en la Bolsa española y en la prima de riesgo.

Ese mismo colaborador de Montoro elogiaba el trabajo de Luis de Guindos y se mostraba crítico con Merkel. Un ejemplo de cómo actúa Merkel es que días atrás se produjo un encuentro entre el secretario de Estado para la UE, Íñigo Méndez Vigo, con sus colegas de Italia y Francia, y acordaron pedir de forma conjunta y a través de un comunicado que la UE aplicara de forma inmediata los acuerdos económicos adoptados en el último Consejo. Méndez de Vigo cometió la imprudencia de anunciarlo, y sus compañeros de Francia e Italia recibieron llamadas alemanas conminándoles a que se echaran atrás respecto al comunicado, que finalmente negaron haber acordado. Decisión que obligó al secretario de Estado español, uno de los europeos más expertos en cuestiones comunitarias, a hacer una declaración asumiendo toda la responsabilidad del asunto como si nunca se hubiera llegado al acuerdo, a pesar de que el comunicado, por encargo de sus colegas, lo había redactado de su propia mano.

El presidente, afirman los suyos, conoce perfectamente el problema y su alcance. No se siente cómodo, entre otras razones porque le preocupa la agresividad con que se manifiestan algunos disconformes y porque le preocupa también que sus colaboradores sean víctimas de esa agresividad. Pero no va a retirar ninguna de las medidas que ha anunciado ni va a renunciar a las que pretende tomar: está convencido de que sigue el único camino posible.

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