Guinea Bissau fortalecerá su lucha contra la inmigración clandestina

  • Moratinos arranca al país africano el compromiso de sumarse al Frontex, el sistema europeo de control del tránsito ilegal, y anuncia una batería de acuerdos

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Si hay un lugar en el África subsahariana en el que cobre especial vigencia la expresión "no se pueden poner puertas a la inmigración", ése es sin duda Guinea Bissau. Los cayucos parten cada vez más del sur del continente. Una vez que el sistema europeo Frontex ha dado sus frutos en materia de control del tránsito ilegal de personas que salen desde Senegal, Mauritania y Cabo Verde, Guinea Bissau se ha convertido en el lugar desde el que parten cada vez más individuos en busca del sueño de dejar atrás una vida de pobreza y desesperanza en uno de los diez países más pobres del mundo.

Una circunstancia que se agrava aún más por la existencia de un modelo político frágil que depende de un acuerdo entre el Gobierno y la oposición con el beneplácito de la autoridad militar. Sus costas se han convertido en el trampolín a un mundo que les ha enseñado la televisión e internet, y es el Archipiélago de Bijagos desde donde se organiza la inmensa parte de los recorridos de las barcazas dada la escasa vigilancia que existe en este punto. Este enclave también se ha erigido en centro para el narcotráfico y el tráfico de armas.

Con este escenario, no es de extrañar que la agenda de ayer del ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, en su visita a Bissau tuviera como asunto estrella la necesidad de gestionar los flujos migratorios desde un enfoque más acorde con el momento. El jefe de la diplomacia española firmó un acuerdo de cooperación con el Gobierno guineano que pretende abordar el fenómeno desde una óptica más integral. Ya no se trata sólo de mantener la vigilancia policial y emprender repatriaciones, sino de ahondar en programas de formación en el país de origen, impulsar la contratación legal, garantizar la igualdad de oportunidades en el país de destino y fomentar el arraigo en los territorios emisores. El propio Moratinos reconoció que el convenio vigente desde 2003 no ha sido resolutivo y definió como "histórico" el acuerdo rubricado ayer. La necesidad de frenar la salida desde Bissau, principalmente hacia España y Portugal, ha llevado al poder local a pedir a Exteriores su mediación para poder alcanzar un pacto bilateral que les permita sumarse al Frontex, "algo que es muy positivo para romper las actuaciones de las mafias y redes que a través del narcotráfico y la inmigración clandestina crean inestabilidad", indicó Moratinos.

El ministro insistió en una idea que ya apuntó el sábado en Bamako, la capital de Malí: España quiere construir un futuro de oportunidades en África, pero "siempre oyendo a los implicados", sin imponer criterios y sin ideas preconcebidas. En esta línea, avanzó que empresarios españoles ya trabajan en el estudio de viabilidad de una carretera que atravesaría Guinea Bissau de norte a sur y que es una de las principales reivindicaciones de los lugareños.

España es el primer donante de este país africano y el compromiso adquirido el pasado año supone la inversión de 15 millones de euros de 2008 a 2010. A pesar de que se ha convertido en un canal principal para el flujo de ilegales, fuentes diplomáticas indicaron que el número de repatriados en 2007 ha disminuido respecto al año anterior, pasando de 150 hace dos años a 125 el pasado ejercicio. Ello se debe a que Guinea Bissau, un país con una extensión similar a la de Cataluña, es aún más pobre que Malí, por lo que los ciudadanos tienen menos posibilidades de adentrarse en la aventura que los malienses. Embarcar en un cayuco cuesta 3.000 euros. Se calcula que en territorio español se encuentran unos 20.000 guineanos, de los que sólo tienen permiso de residencia 3.692.

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