Mal día para entonar el verbo mentir

El alarde de sinceridad llegó al cabo de un año. El presidente del Gobierno ha admitido que dio su bendición a la agonía de los contactos con ETA pese a que la organización terrorista volvió a ensañarse con Madrid acabando con dos jóvenes vidas en Barajas. Esto es: Zapatero ha confesado que mintió a los españoles.

El algodón de las hemerotecas no engaña. "He ordenado suspender todas las iniciativas para desarrollar el diálogo con ETA". Es una de las frases lapidarias que soltó a bote pronto del atentado un atribulado presidente del Gobierno, que el día anterior había pronosticado que dentro de un año estaríamos mejor en el pulso contra los demonios de la txapela. Las elecciones municipales y autonómicas del 27 de mayo de 2007 se echaban encima y el estruendoso derrumbe de las expectativas de pacificación podía costarle muy caro al PSOE. No era de extrañar el latente, rozando lo evidente, empeño del jefe del Ejecutivo en dejar una puerta abierta al diálogo con los terroristas pese a su sangriento órdago.

Las señales le delataron desde el minuto uno. En primera instancia, resultaba notable que Zapatero en ningún momento hablara de suspender el proceso de pacificación. Aquel funesto 30 de diciembre de 2006 fue interrogado insistentemente por los periodistas al respecto y el presidente se limitó a subrayar que ETA había escogido "el peor camino posible" y a prometer a los familiares de las dos víctimas mortales que se haría justicia. Y hasta ahí llegó. Al toro le puso banderillas pero en ningún momento se mostró dispuesto a darle la estocada, a advertir a ETA que había roto la baraja y se acababa la partida negociadora.

El PP le echó en cara cierta ambigüedad. Rajoy mostró su enojo ante la tibia reacción inicial de Zapatero y le exigió que rompiera todos los puentes con los terroristas. Y le llovieron improperios y acusaciones de desgastar al Gobierno con el infame ariete de la lucha contra ETA. Los dirigentes del PSOE negaban por tierra, mar y aire que prosiguieran los contactos con la banda pero las suspicacias del PP se disparaban con lapsus como el "terrible accidente" que se le escapó más de una vez a Zapatero a propósito del doble asesinato en Barajas o de gestos como los que recibieron De Juana Chaos, a resultas de su huelga de hambre, o Arnaldo Otegi, al retirarle la Fiscalía los cargos ahorrándole la cárcel. Por no hablar de la descafeinada (y breve, al parecer) vuelta de los proetarras a los ayuntamientos...

Ahora, Zapatero se ha paseado por el confesionario, aunque ayer no era el mejor día para hablar de las "mentiras" del PP, con las propias aún humeando. Su sinceridad le honra, pero no le redime.

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