La crisis del pp El congreso de Valencia no significó la paz sino sólo una tregua

Entre calma chicha y mar de fondo

  • Los críticos con Mariano Rajoy dentro del Partido Popular esperan un descalabro electoral en las próximas elecciones europeas para plantear de nuevo el tema de la sucesión al frente del partido

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Aunque el congreso de Valencia del pasado verano ratificó a Rajoy como líder del PP, tras un proceso que conoció agrias protestas en la calle Génova, los críticos afines a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, y los procedentes de la vieja guardia aznarista permanecen en sus cuarteles de invierno con las espadas en alto, pero a la espera de un resultado negativo de los próximos procesos electorales -principalmente, los comicios europeos y gallegos- para plantear el relevo.

Mientras reina una fingida pax romana, Rajoy busca en la crisis económica el impulso necesario para acallar el ruido interno, pero sobre todo para superar al PSOE de cara a 2012, eludiendo para ello el "abrazo del oso" que se produciría si el PP se excede en su apoyo al Gobierno y evitando caer en el antisistema que le llevaría a sufrir el mismo desgaste que el Ejecutivo de Zapatero cuando las protestas sociales tomen la calle por unas cifras de paro que, según los expertos más pesimistas, rondarán el 16%. Y deshoja, a la vez, la margarita del candidato a las europeas conjugando el verbo marianar entre el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, y el ex ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja.

La construcción del término medio de oposición necesario para aparecer como una alternativa capaz de sacar a España de la crisis cuando llegue el momento está en manos del actual portavoz económico del Grupo Popular, el jiennense Cristóbal Montoro. El otrora lugarteniente del vicepresidente Rodrigo Rato -ahora con las comunicaciones casi suspendidas con su mentor- está jugando la baza de la españolización de la crisis económica y financiera global con las preocupantes cifras del paro en la mano, que convierten a España en el país más destructor empleo en la zona euro, y la de la incapacidad manifiesta de Zapatero para poner en marcha las reformas estructurales que necesita la economía española para salir del atolladero mundial antes y en mejores condiciones.

Asido a la economía real, la que pone cara a la crisis financiera en 600.000 familias que tienen a todos sus miembros los lunes al sol, Montoro aparece como una especie de llanero solitario económico del Grupo Popular por culpa del proceso de renovación que impulsó Soraya Sáenz de Santamaría cuando fue elegida por Rajoy como portavoz y que ha servido para descabezar y poner a la contra al aparato económico popular (Martínez Pujalte, Pizarro, etc.) o provocar más de un retiro forzoso (Arias Cañete).

En pocos meses, Sáenz de Santamaría se está dejando en el camino parte de la "mirada limpia" que le reconocían hasta sus enemigos, comenzando a aparecer como una killer con una capacidad ilimitada de presión sobre determinados medios de comunicación o como una opositora brillante pero con poca mano izquierda para dirigir a un grupo donde los críticos anónimos se multiplican más por el poco tino de la encargada del negociado popular en la Cámara baja en la selección de la infantería parlamentaria que por la desconfianza que genera el giro centrista que le ha encomendado un líder que acumula dos derrotas electorales.

En el patio del partido, María Dolores de Cospedal no acaba de superar el tutelaje de Javier Arenas, que manda más que ella casi sin querer, y empieza a pesarle en el currículum la ruptura con UPN, un descalabro por mucho que la dirección del PP haya intentado minimizarla poniendo toda la carne en el asador para recomponer el partido en una comunidad que hasta hace bien poco era suya con armas y bagajes.

Ante el reto electoral de las europeas, Rajoy intenta paliar la última encuesta del CIS arrimando el ascua a su sardina con un análisis incluso positivo a pesar de que las cifras demoscópicas no engañan, y marianea entre Ruiz-Gallardón y Oreja. Aunque dentro del PP hay quien mantiene que estos comicios los ganarán "hasta poniendo al frente incluso a una cabra" por las bondades electorales de la crisis, el líder popular, con la hermetismo que le caracteriza, sopesa con cuál de los dos lograría el mejor resultado para taparle la boca a los críticos y poder llegar políticamente vivo a las elecciones generales de 2012.

Con el alcalde de Madrid, el político español mejor valorado según las encuestas, tendría garantizada la victoria, pero se vería obligado a sacarlo de la Alcaldía, circunstancia que no parece ser del agrado de Gallardón, que tiene su patrimonio político más en el respaldo popular que en el orgánico. Sólo garantizándole la sucesión, cuando toque, claro está, dejaría su despacho en la plaza de Cibeles. Así, tendría todas las papeletas para en Navidades ser designado como cabeza de lista a las europeas. En el PP de las apuestas lo dan por hecho.

Con Mayor Oreja satisfaría a la oposición interna al contar con uno de ellos y pondría al mejor ideológicamente para competir contra Rosa Díez, una bomba de relojería electoral para el PP en las europeas. Si el vasco sale triunfante, el gallego gana, y si pierde el vasco, el gallego dirá que "a mí, que me registren", llevado por su proverbial uso y abuso del chascarrillo made in Casino de Pontevedra.

Mientras tanto, a pesar de la consigna de contención, los seguidores de Esperanza Aguirre protagonizan alguna escaramuza ideológica, a través de Nuevas Generaciones de Madrid, en pos del liberalismo neocon que defiende contra viento y marea la presidenta madrileña aunque sean malos tiempos para tararear los postulados de Adam Smith.

Liderada por Pablo Casado, la última estrella emergente del universo Aguirre, los cachorros del PP madrileño han puesto patas arriba Nueva Generaciones con un documento político que ha dejado perplejos a los líderes más centristas de la organización. "La flexibilización del mercado laboral como método de crear empleo frente a la regulación del salario mínimo, que lejos de crear empleo, provoca inflación y crea paro", es una de las cargas de profundidad que han lanzado los jóvenes populares madrileños contra el giro al centro de Rajoy.

A juicio de las Nuevas Generaciones de Madrid y de su líder, de la actual situación económica "sólo se podrá salir mediante la aplicación de políticas económicas liberales donde las personas, a través de sus méritos y su talento, adquieran un papel fundamental". A pesar de que los tiros parece que, en estos momentos, van por otro lado, ellos están convencidos de que "el protagonismo le pertenece a las personas y no al Estado". En fin, en el PP se puede hablar de calma chicha pero con un mar de fondo de carallo, que diría el mismísimo Rajoy.

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