Imaginación sobre el albero de mayo

  • La moda flamenca repunta en ventas mientras muchas sevillanas reciclan trajes de años pasados.

LA percha en el pasillo del hogar. Esa percha de la que, apenas hace dos semanas, colgaba la túnica, ya luce los volantes. Ahí, o en los brazos de la lámpara del salón, que bien sabido es que sustenta lo que le echen. Después de un fin de semana de infarto, de preparativos y últimos desavíos, y de la digestión del pescaíto, por fin ha empezado la Feria, Feria de mayo. Ayer, el real hizo las veces, como cada año, de pasarela. Un desfile que dicta el veredicto definitivo del público sevillano y en el que las tendencias y propuestas para este año se pasean sobre el albero de Los Remedios, junto a los modelos de temporadas pretéritas, en un tiempo en el que resulta casi dogmático reutilizar.

El sector de la moda flamenca ha experimentado este año "un ligero repunte en las ventas", según hizo público recientemente la diseñadora Pilar Vera, presidenta de la Asociación de Empresarios de Artesanía y Moda Flamenca. Este pico de bonanza económica se debe a la adaptación de las marcas a los tiempos, sobre todo en los precios, como refrenda Loli Castallo, diseñadora de la firma Nuevo Montecarlo. "Los vestidos de este año están entre los 500 y 900 euros, lo que significa una reducción considerable con respecto a otros años".

Esta Feria de mayo va a ser difícil de olvidar y no sólo por el cambio de apellido. Hace años que las pasarelas y las casas de moda flamenca no renuncian a la manga larga para los trajes de flamenca y, eso, está pasando y pasará factura bajo los 30º a la sombra de media que se esperan durante toda la semana. "Abanico, María. Pregunta si tienen abanicos", le decía una señora a su joven sobrina en una céntrica tienda de moda flamenca mientras compraban unos pendientes. Mangas largas, sí, aunque por suerte el plumeti, las gasas y las telas sedosas han sido de los tejidos más utilizados para los vestidos de 2014, con permiso del tradicional popelín. Los trajes canasteros, las faldas de nesgas abiertas y los estampados florales que se combinan con los de lunares y los tonos vivos como los verdes, añiles y, sobre todo, los rosas, marcan el compás de esta temporada.

Las nuevas colecciones vienen marcadas por un estilo vintage, para los vestidos y los complementos, en los que ha irrumpido con fuerza el motivo del camafeo, para los broches del mantocillo y hasta para los pendientes, como explica Mila Montero, directora de la tienda de la firma Lina en la calle Lineros. Esta marca ha destacado este año, entre otras propuestas, por las flores encadenadas a modo de crestas y los escotes altos y rectos, que, según Montero, "han gustado mucho". Sin embargo, la tendencia general mantiene bajo tanto el escote -sobre todo en la espalda- como el talle, buscando estilizar al máximo la figura femenina con el canon del vestido sirena. Escotes bajos que se lucen con un moño bajo -sigue vetado para la flamenca llevar el pelo suelto-, adornado con ondas al agua o las tradicionales trenzas, de raíz y de espiga, que trasladan a la flamenca a las primeras décadas del siglo XX.

Los tiempos no acompañan a la cartera y más de una, y de dos, ha optado este año por hacer malabares con su imaginación y así actualizar ese viejo vestido que, al menos tres ferias atrás, fue el ansiado e ilusionante estreno. Para esta ardua tarea, los complementos o innovar en el peinado pueden ser los aliados idóneos. Los mantoncillos vuelven a ser elementos indispensables en el atuendo de la flamenca y se han visto desde brocados hasta en terciopelo. Mila Montero -Lina- ha observado además que el público está "mucho más a abierto a combinar los colores de los complementos y los trajes", con lo que reinventar la apariencia de los vestidos se vuelve "un juego mucho más divertido y enriquecedor". Junto al mantón, las flores, varias, en coronas, crestas o como propuso Pepa Garrido en su desfile en We Love Flamenco -pasarela impulsada por la modelo Laura Sánchez-, ramilletes en la parte superior y lateral de la cabeza.

Este año, conscientes de la situación económica, muchas firmas han optado por abrir un espacio outlet en el que mantener modelos a precios rebajados. Saldos en plena temporada, como es el caso de la tienda que tiene la diseñadora Alicia Cáceres, en la calle Cuna. "Tenía muchos trajes almacenados y así les doy salida", comenta. La diseñadora, galardonada con el premio al Diseñador Revelación en el SIMOF de 2012, explica que sus modelos son "exclusivos y originales", "hechos para alguien que quiere algo diferente". Para esta temporada, por ejemplo, esta enamorada de los siglos del romanticismo se ha inspirado en el estilo goyesco y taurino para sus modelos. En su tienda, han convivido trajes aptos para todos los bolsillos, los de temporada a 800 euros y los de outlet desde 200.

En definitiva, una feria donde la imaginación reinventa las tendencias de pasarela y de armario, y hasta su propio apellido.

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