Los libreros

Mucho más que un escaparate de calle

  • Las nuevas tecnologías no desbancan al papel y los libreros continúan cerrando trimestres con buenos resultados. Se lee menos, dicen los índices, pero las ventas no bajan, tal vez sea a costa de regalar o coleccionar títulos pendientes.

Huelen a letra impresa, a papel satinado, a cultura. Las librerías, pequeños centros del saber, dan un punto sofisticado al centro comercial, ponen nombre a una plaza o sirven de visita turística cuando el enclave lo permite. Decían los apocalípticos que Internet devoraría al libro, pero cada año suben las ventas. Decían mal entonces.

El mapa de librerías sevillano permanece concentrado en el casco antiguo de la capital. La Casa del Libro y Beta continúan siendo los principales referentes del sector, junto a El Corte Inglés y Fnac, aunque el lector se niega a prescindir del librero de barrio.

Dos estilos diferentes

Cuando Casa del Libro, del Grupo Planeta, se estableció en la calle Velázquez, pocos podían imaginar que en Sevilla fuera negocio una librería de cuatro plantas. Lo que en principio fue una dificultad se transformó en un rasgo de identidad, una ventaja sobre el resto, que le permitía hacer una mayor diferenciación temática.

Superada esa fase, la empresa apuesta por la atención personalizada y un fondo amplio de referencias. “En la época de mayor actividad, como Navidades o la primavera, nos suelen entrar en torno a 1.000 nuevos títulos”, asegura Jorge Martínez Tost, gerente de La Casa del Libro.

Cifras parecidas maneja la librería más grande de la cadena Beta, que tiene ocho establecimientos en Sevilla. Está situada en el antiguo CineTeatro Imperial. Rafael Navarro, responsable de literatura en la librería, asegura que les “visitan muchos actores y hay autores que tienen un especial interés en presentar aquí sus obras por el encanto del sitio”.

El mundo de las pequeñas librerías es otra cosa. Lejos de amedrentarse ante la capacidad de las grandes, han especializado su oferta y marcado sus rasgos diferenciadores. ¿Quién dijo que el grande siempre se come al chico? Repiso, Reguera, San Pablo, La Araña, entre otras, aprovechan esa cercanía para hacer provisión de lo que los demás no tienen. Es también el caso de Céfiro, especializada en historia. “En muchas ocasiones el centro comercial nos ha derivado lectores porque no disponen del libro”, asegura Eduardo Baraja, que lleva 23 años al frente de su negocio.

Rayuela supone otro estilo diferente en la actividad del librero. La empresa tiene dos locales especializados en libros y juegos infantiles. Su responsable, Miguel Escalera, ha hecho una fuerte apuesta. “Nuestra formación es pedagógica y eso se refleja en la selección”.

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