El jugador de moda

  • Se cumplen 100 años del debut de Ricardo Zamora, pionero de la modernidad del fútbol en España e icono tanto deportivo como social, con su propia ropa deportiva

Dicen que cuando a finales de 1931 se nombró el primer presidente de la Segunda República llamaron al Kremlin para anunciar a Stalin que el nuevo jefe de Estado español era Alcalá-Zamora. El dictador soviético se sorprendió que tras meses de tiranteces su embajador se las tendría que ver con un portero de fútbol. Zamora sólo podía ser uno, el guardameta más famoso del mundo, el futbolista más icónico, islas británicas al margen. Ya por entonces el barcelonés, hijo de un médico alicantino, cobraba 3.000 pesetas mensuales del Madrid (se le había caído la corona real). Un potosí. Fue el primer galáctico, con las primeras rivalidades con el Barcelona, club donde tuvo un efímero paso en la prehistoria, hace casi un siglo. Su corazón pertenecía al Español. Como entrenador, en plena posguerra, ganó dos ligas con el Atlético Aviación.

Zamora lo paraba todo, sobre todo en aquellos años sin fuera de juego cuando los delanteros, a falta de técnica, arramblaban con su cuerpo para llevarse por delante todo a su paso, inclusive el pelotón, el balón. Así nació la Furia Española en los Juegos Olímpicos de Amberes, siglos antes del tiki taka. Y de portero, Zamora. Seductor, dormilón. Fumador empedernido, incluso en el banquillo, y bebedor de brandy jerezano.

Hace un siglo un adolescente estudiante catalán debutaba en una portería de football, práctica británica que en los descampados españoles atraía a todas las clases sociales. El Español se quedó sin guardameta, por lesión de Pedro Gibert, y se trajeron del voluntarioso club Universitari a un joven de 15 años que había despuntado en el campeonato de Cataluña. Zamora se estrenó entre los adultos en el campo madrileño de O'Donnell, ante el Madrid. El 22 de abril de 1916 el duelo amistoso acabó empate a 1 y el 23 de abril, hace hoy 100 años, Zamora estrenó imbatibilidad. Sí, fue durante dos decenios el portero más difícil de batir.

El primer ídolo futbolístico, el ídolo de nuestros abuelos, se forjó en aquellos patatales y también en la prensa, los cromos y los reportajes. En 1926 protagonizó la película Zamora por fin se casa. Por él suspiraban las adolescentes, aunque nunca pisaran un estadio. Llegaba al césped con chaqueta, que colgaba en la portería, y lucía gorra a cuadros y gruesos jerséis de ochos. De pico, con escapularios llamativos, o con cuello vuelto, siempre coqueto. Siempre eficaz. Bromista y contundente, despejando a lo pelota vasca, a base de codazos (las zamoranas), para quitarse a los moscones del área. Para mosqueos, los de él. Líder con carisma desde que era un mocoso.

El fútbol moderno en España nacía hace 100 años con la figura de Ricardo Zamora, jefe y primer nombre de la alineación de los nombres pioneros dorados: Pichichi, Samitier, Lángara, Ciriaco, Quincoces. La trayectoria del primer nombre que llenaba todas las gradas comenzaba hace un siglo de manera accidental. La familia, vecina del Eixample, quería que se dedicara a la medicina, pero a este joven de 1,80, con una estampa más nórdica que ibérica, le tentaban continuamente para que, con su vestimenta característica, se pusiera bajo los palos. Fichó por el Barcelona pero regresó en 1923 al Español, en un litigo que llegó a enemistar a la Federación Española con la Catalana. Su pase al Madrid en 1930 se hizo con 100.000 pesetas para él y 150.000 para el club blanquiazul: hasta mucho después de la Segunda Guerra Mundial no volvieron a despacharse esas cifras en un balompié que despertaba todos los arrebatos sentimentales.

En el Mundial de 1934 la eliminación tramposa a cargo de Italia encumbró a Zamora en países como Argentina, cuya diplomacia medió para que fuera liberado de la Modelo de Madrid, apresado por los milicianos por sus simpatías conservadoras. Aunque Zamora, capitán de la selección, levantó el puño con el himno de Riego cuando en 1936, en un tensísimo amistoso en Montjuic, los jugadores alemanas saludaron brazo en alto al himno nazi, abucheados por la afición barcelonesa.

Zamora era estilo y compromiso. El fútbol y su repercusión, tal como nos ha llegado a día hoy, despertaba hace exactamente 100 años, con el jersey de un adolescente muy descarado.

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