La tierra de Argentina

  • La cantaora onubense, a la tercera fue la vencida, publica un disco en el que se sumerge por completo en los clásicos del género, es decir, su repertorio habitual .

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Argenita. Producido por José Quevedo 'Bolita'. L P Flamenco.

La tierra de Argentina es todo el planeta jondo, como demuestra esta obra. Es uno de los grandes fenómenos del cante onubense. Esta cantaora, a sus 27 años, es una artista madura y de enorme proyección. Milonga Argentina platea lo que fuera dorado por el amor a este arte de Pepa Oro y de Chacón. El secreto de esta alquimia, donde no hay depreciación del metal sino legítima apropiación de la tradición, es esa poderosa facultad vocal de la de Huelva, esa densidad y oscuridad preñada de su timbre, esa naturalidad para decir el ritmo y la melodía. No le va a la zaga, en lo que se refiere a instalar en presente puro una tradición, el arreglo instrumental de Quevedo. Siendo fiel al espíritu original, Argentina convierte este cante decimonónico en una canción sentimental de hoy. En su voz está también este trayecto de ciento y pico de años que el flamenco ha llevado a cabo. En el estribillo, en tono mayor, surge el ritmo porteño de la manera más natural. La milonga de Pepa de Oro ha permanecido todos estos años en el más absoluto de los silencios, sepultada por otras versiones más fotogénica a los oídos de la afición.

Esa es la tónica de esta tercera entrega discográfica de Argentina: rescatar estilos o variantes poco conocidas de los cantes tradicionales, actualizarlos y vestirlos con los ropajes armónicos y sentimentales que hoy dominan en el flamenco. Así el garrotín, prácticamente limitado al ejercicio de la danza flamenca, y que hoy retoma Argentina en una brillante fiesta por tangos, lo que permite enlazar la pieza, acaso de origen asturiano, con los cantes del Piyayo, posiblemente nacidos en Cuba. Tientos y tantos se originan también en Cuba, y es por eso que las primeras noticias de su aflamencamiento aparecen en Cádiz. En las cantiñas también se fija la cantaora en otras geografías jondas, partiendo de Cádiz, con escalas en La Línea, Utrera y Córdoba. Gran demostración de poderío vocal, serenidad y empaque en el decir y entrega flamenca. Y en la línea gaditana del Mellizo, de gracia, ligereza y jondora, se sitúan la guitarra flamante del Quevedo, clásica a más no poder también cuando quiere, como aquí se evidencia, y la voz aérea, pero pletórica, de tierra, de Argentina. Eso sí, en los tangos no puede evitar la cantaora la querencia extremeña tan propia de los cantaores onubenses, así como calas en Triana. El frenesí de la fiesta llega hasta Jerez en su máximo esplendor: la cantaora canta con ese timbre denso, propio de la bulería de esa tierra. La que es, probablemente, la más carismática guitarra jerezana actual, Diego del Morao, pone los acentos santiagueros.

La entrega por Huelva trascurre en las melodías creadas por Juan María Blanco, Rebollo, El Gloria y Morente: tres prodigios de complicidad, equilibrio, naturalidad, contundencia, dulzura y elocuencia. Luz y brillo. De Huelva a Málaga por el camino del fandango: Jabera y Lucena es otra fiesta. Y Baldomero Pacheco, uno de los cantes menos conocidos del repertorio malagueñero: no todo es Mellizo, Canario y La Trini. Impresionante la seguiridad de la voz y el desgarro del toque del Bolita. La interpretación de esa taranta denominada por su creador, El Cojo de Málaga, como murciana, se encuentra hoy prácticamente circunscrita al Festival de las Minas. Pero aquí la ejecuta Argentina acordándose de su creador y de otros intérpretes históricos de este cante como el linarense Gabriel Moreno. Por Linares también, la taranta y por Andújar, sin salir de la provincia de Jaén, en la caña homenaje a Rafael Romero. En los cantes trianeros destaca la gran solemnidad que le imprime la guitarra de Eugenio Iglesias. Bamberas, petenetras y serranas completan una entrega de más de 60 minutos, lo que antes se llamaba un disco doble. A las guitarras señaladas se suma la joven sonanta gaditana de Jesús Guerrero y el clásico Juan Carlos Romero.

Es emocionante que una de las cantaoras mejor dotadas y de más éxito del presente se marque esta obra tan clásica como absolutamente contemporánea. Este disco, como las comparecencias en vivo de su intérprete, es un bálsamo para el alma, una verdadera descarga de energía positiva, de la que tan necesitados estamos. El Torombo, Los Mellis, José Carrasco y Paco González contribuyen a este ambiente de fiesta. El cante tradicional en una voz recién acuñada. El sueño de la afición.

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