Berlín y Varsovia acuerdan un nuevo rumbo a sus relaciones

  • La canciller alemana y el jefe del Gobierno polaco abogan por superar sus diferencias

La canciller alemana, Angela Merkel, y el primer ministro polaco, Donald Tusk, acordaron ayer abrir una nueva etapa en las relaciones bilaterales más franca y sin tabúes, tras el desgaste que éstas sufrieron durante los dos años de Gobierno de Jaroslaw Kaczynski.

"Hemos acordado que no esquivaremos ningún problema y creemos que los problemas tienen solución", dijo Merkel en una rueda de prensa al término de una reunión con Tusk en la Cancillería, la primera entre ambos desde que éste asumiera el poder.

Tusk, a diferencia de su predecesor, dejó patente su espíritu dialogante y disposición, como Merkel, a tratar los problemas "sin emociones, buscando la mejor solución para nuestros pueblos" y "en base al entendimiento y la confianza mutua que se espera de dos socios europeos y vecinos".

El jefe del Gobierno polaco, no obstante, ha heredado una agenda bilateral empañada por dos proyectos alemanes irritantes para Polonia: la construcción de un gasoducto con Rusia en el Báltico y la apertura de un centro en memoria de los desplazados alemanes tras la Segunda Guerra Mundial.

Respecto del gasoducto, que garantizará a Alemania el suministro de gas ruso sin pasar por Polonia, Merkel y Tusk acordaron poner en manos de sus respectivos ministros de Economía el asunto para que sean ellos los que analicen los pormenores del asunto.

Tusk no expresó, como su antecesor, el rechazo a un proyecto que, según sus detractores, dejaría a Polonia en manos de la voluntad rusa, pero sí recordó que entre los miembros de la UE hay un pacto de "solidaridad energética".

En cuanto al proyecto de construir un centro europeo en memoria de los expulsados alemanes de Polonia, Merkel anunció que enviará una delegación a Varsovia para que explique el proyecto en detalle.

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