La taimada táctica de Karzai

  • Sin necesidad de hacer campaña electoral, el actual presidente se ha garantizado la reelección mediante una amplia red de pactos con líderes religiosos y tribales

Mientras que sus adversarios recorren Afganistán, el presidente Hamid Karzai, que aspira a su reelección el 20 de agosto en un país sumido en la violencia, tiene otra estrategia: adular a los jefes locales para cosechar un millón de votos.

En el pueblo de Kayan, perdido en las montañas del centro de Afganistán, hombres con turbantes y mujeres con vestimenta tradicional, miembros de la secta chií ismaelí, esperan a la sombra de las moreras la llegada de su líder espiritual Sayed Mansur Naderi.

La multitud entra en estado de frenesí cuando aparece Naderi, de pelo gris y vestido de negro. "Si les dice que se suiciden, lo harán. Si me pide que me suicide lo haré, ya que es nuestro líder espiritual", afirma Gulam Sakhi, un maestro de unos cuarenta años.

"Como Sayed Mansur Naderi es nuestro líder y apuesta por Karzai, votaremos por el actual presidente. Si nos pidiese que votásemos por Ashraf Ghani, votaríamos por él", en referencia a uno de los principales rivales del presidente Karzai, asegura Abdul Shafiq, de 32 años.

En época electoral, este fervor es muy últil para algunos. En especial en este país en donde priman las alianzas tribales y las fuertes divisiones internas y donde un astuto acuerdo con personalidades influyentes puede dar la victoria a uno u a otro en una elección.

La secta del Aga Khan asegura que puede conseguir un millón de ismailíes en el país, cifra que es imposible de verificar. Pero su apoyo implica de todas maneras un número muy importante de votos para Karzai, muy criticado por no haber hecho campaña realmente.

Es justamente en Kayan que el presidente saliente participó en su primer mitin de campaña fuera de Kabul, a finales de julio, pocas semanas antes de la elección presidencial.

"El poder se gana hoy con el pueblo. Si Karzai quiere votos, tiene que ver a Aga Sahib (...). Aga Sahib ordenará a su tribu que vote por Karzai", declaró el presidente delante de una atenta asistencia, utilizando una expresión respetuosa para designar a Naderi.

Ésta no es la primera alianza que consigue Karzai con los jefes locales, jefes de guerra o tribales. A finales del mes de mayo ya se había garantizado el respaldo del jefe de guerra Abdul Rashid Dostam, líder de la minoría uzbeka, y también de Mohamad Mohaqiq, su homólogo hazara.

Karzai es un pastún, etnia mayoritaria del país, pero su elección como futuro vicepresidente del controvertido señor de la guerra Mohamad Qasim Fahim, le aportará también un importante caudal de votos de la comunidad tayika.

"Sabe que al fin y al cabo lo que cuenta no serán los votos de individuos. Los afganos harán lo que les dirán sus líderes", explica Harun Mir, experto del Centro Afgano de Investigación y de Estudios Políticos.

Estas alianzas fueron criticadas por las organizaciones de defensa de los derechos humanos y por Naciones Unidas, ya que son numerosos los jefes de guerra con un pasado turbio que se han convertido en los principales apoyos de Hamid Karzai. Sus opositores aseguran que Karzai compró a estos hombres influyentes con promesas de cargos gubernamentales u otras compensaciones.

Sayed Mandur Naderi afirma que sólo escogió a Karzai después de varias consultas y porque valora el hecho de que el presidente saliente defiende a las minorías.

Para este líder religioso es muy pronto para esperar un debate democrático en Afganistán ya que la mayoría de la población es analfabeta y carece de cultura política.

"Algunos dicen: votaré por todo aquel al que Sayed Mansur apoye. Pero al mismo tiempo, ¿qué porcentaje de la población afgana puede comprender la política?", se pregunta.

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