Adiós al lenguaje, adiós al hombre

  • Rithy Panh ha hecho de su experiencia en la atroz Camboya de Pol Pot el tema central de su vida y su cine. Ahora cuenta parte de su historia en 'La eliminación', un libro indispensable

Si hubiera un ranking en la Historia de la barbarie humana, el periodo de terror instaurado en Camboya entre 1975 y 1979 por los jemeres rojos, liderados por el siniestro Pol Pot, ocuparía uno de los más deshonrosos primeros puestos no sólo por la crueldad atroz de sus actos, revelada por las investigaciones, los testimonios de supervivientes y verdugos y toneladas de documentos escritos y gráficos que, a pesar de la voluntad de no dejar rastro, quedaron de aquellos hechos, sino por la implacable y sistemática metodología que allí se puso en práctica para la aniquilación del hombre, principal obstáculo para la fundación del nuevo pueblo al servicio de la interpretación más enloquecida del ideario marxista-leninista.

Las estadísticas hablan de 1,7 millones de muertos, un tercio de la población del país, asesinados, previa tortura, previa confesión y autoinculpación falsas, en esos centros y campos de muerte a los que el cine sólo pudo llegar tarde (Los gritos del silencio) para intentar lavar su mala conciencia o remedar la culpa con sentimentalismo y épica de supervivencia.

Sin embargo, el cineasta camboyano Rithy Panh (1964) ha hecho de su experiencia en aquellos días, de su biografía personal, marcada por la desaparición de casi toda su familia y el posterior exilio en Francia, el objetivo central de su vida y su trabajo, empeñado en el conocimiento antes incluso que en la verdad, no sólo en la recuperación de la memoria de las víctimas y la búsqueda de respuestas, sino en la fidelidad a un método propio que supera, en la justa distancia para no caer "en el fatalismo teñido de complacencia", en el rigor de sus investigaciones, en la búsqueda de los protagonistas y en su confrontación con ellos, con sus rostros, sus silencios y contradicciones, en el chequeo exhaustivo de documentos y fotografías, en la recreación y la repetición de los gestos de los verdugos in absentia, el de los tribunales de justicia que han sentado en el banquillo y condenado a los responsables de aquella aniquilación sistemática y planificada.

Cabe situar el trabajo de Panh, cuyo núcleo central encontramos en documentales como Bophana (1996), S21, la máquina de matar de los jemeres rojos (2003) y Duch, le maître des forges de l'enfer (2011), en la tradición de Shoah de Claude Lanzmann, al que cita explícitamente como referente en su indagación en la palabra, en el testimonio como recurso capaz de evocar y reconstruir desde el presente el relato de los hechos sin ninguna imagen de archivo. Una restitución de la palabra que se nos antoja de nuevo esencial en Panh, más aún cuando uno de los rasgos distintivos del proyecto de exterminio del jemer rojo pasó precisamente por aniquilar el lenguaje, vaciarlo de sentido, de emociones y sentimientos, para construir sobre sus cenizas una nueva y aséptica terminología, técnica, numérica, hecha de códigos y siglas, al servicio de la revolución, del nuevo pueblo. Inevitable no acordarse aquí de Si esto es un hombre, de Primo Levi, o de La cuestión humana, de François Emmanuel, que nos contaba también el clínico y tecnificado lenguaje de los mandos nazis a la hora de planificar y ejecutar el exterminio judío en los campos.

En La eliminación, un libro indispensable, Rithy Panh relata con espeluznante elocuencia dos procesos y dos momentos históricos que se trenzan: por un lado, su encuentro y su entrevista, filmada en centenares de horas y descrita y extractada aquí en sus momentos más escalofriantes, reveladores o contradictorios, con Kaing Guek Eav, conocido como Duch, responsable del centro de tortura y ejecución S21, en Phnonm Penh, de 1975 a 1979, y a quien no pudo entrevistar en S21; por otro, el relato de esos mismos cuatros años desde el punto de vista del joven Panh, que fue literalmente arrancado de su vida junto a su familia para vagar, pasar penurias y hambre y ver poco a poco como los suyos morían por el camino, sin tiempo para ser llorados, enterrados o velados. Porque ahí resuena también con fuerza en este libro y el los filmes de Panh el siniestro lema, uno más de tantos, de aquella eficaz maquinaria de exterminio: no hay palabras, no hay hombres, no hay sentimientos, no hay cuerpos, no hay rastro, no hay memoria.

Rithy Panh (en colaboración con Christophe Bataille. Anagrama. Barcelona, 2013. 220 páginas. 18,90 euros

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