Agnès Varda regresa a sus playas

  • El CAAC acoge la primera muestra individual que un museo español dedica a la pionera de la 'Nouvelle Vague' · Integra instalaciones, cortometrajes y fotografías que cruzan las fronteras entre documento y ficción

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Tras medio siglo de carrera, la realizadora Agnès Varda, precursora de la Nouvelle Vague con su primera película La Pointe-courte (1954), sigue siendo esa mujer de fuerte carácter que desposó al cineasta Jacques Demy, abanderó a la manera de Susan Sontag varias revoluciones sociales del siglo XX -del feminismo a la cuestión racial- y nunca olvidó sus orígenes como fotógrafa. Son éstos algunos aspectos de su biografía presentes en los trabajos -instalaciones y cortometrajes, sobre todo- que pueden disfrutarse hasta el 31 de marzo en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC), en la primera muestra individual que le dedica un museo español a esta agitadora octogenaria que nació en Bruselas en 1928, hija de padre griego y madre francesa, y reside en París.

La exposición, deliciosa, poética, verdadero caleidoscopio del imaginario de Varda, ha sido posible gracias a la colaboración del Sevilla Festival de Cine Europeo -que dirige José Luis Cienfuegos y dedica una retrospectiva a la autora- y del Institut Français, que aporta el patrocinio. "Los gatos tienen siete vidas pero yo voy ya por la tercera. He tenido la vida de fotógrafa, la de cineasta y ahora la de artista. Y lo que más me gusta es que aquí en Sevilla están unidas mis tres vidas en este museo y en el Festival de Cine", apreció ella con humor.

Con el sugerente título de Las dos orillas de Agnès Varda, el proyecto del CAAC integra tres obras recientes -la instalaciones Las viudas de Noirmoutier (2005), Bord de Mer (2009) y el díptico integrado por La terrasse de Le Corbusier (1956) y Les Gens de la Terrasse (2007)-, tres cortometrajes de los años 60 y 70 del siglo pasado -entre ellos, su célebre manifiesto feminista Réponse de Femmes (1975), su aproximación de 1962 a la revolución castrista Salut les Cubains y su mirada a las Panteras Negras (1968)- y, por último, tres autorretratos correspondientes a distintas épocas.

Para el director del CAAC, Juan Antonio Álvarez Reyes, "el recorrido vital de Agnès va de una orilla a otra, de la fotografía al cine y, más tarde, de él a las instalaciones visuales". Un trabajo que puede entenderse como un puente entre esas dos márgenes, continúa, es el vídeo Salut les Cubains. "Son 1.800 fotografías que unen el viaje, la política y la vida. Podemos verlo como una filmación de fotografías o como la ralentización de la imagen en movimiento. Ella gira siempre entre lo fotográfico y lo fílmico".

Para Álvarez Reyes, la pieza estrella sería Las viudas de Noirmoutier, formada por 15 vídeos: uno central que muestra a un grupo de mujeres en la playa vestidas de negro y 14 pequeños donde cada una de ellas desnuda ante la cámara de Varda sus experiencias. "Son viudas de una isla y por ello, para mí, están doblemente solas. Cada espectador puede confrontarse con una de ellas e imaginar la vida interior de su propia madre en la situación muy particular de ser viuda. En esta instalación están todos mis oficios: la imagen en el medio con las mujeres alrededor de una mesa, rodada como una película en 35 mm con el famoso fotógrafo Eric Gautier, que trabaja a menudo con Wallter Salles; los pequeños retratos que están alrededor los he filmado yo misma con cámara y sonido porque sentía que primero tenía que tener la confianza de estas mujeres. Yo me instalé en esa isla con Jacques Demy hace muchos años y ellas sabían que también era viuda. Me hablaron con mucha sinceridad y amistad. No tenía ganas de que fuera una película que todo el mundo viera a la vez. Y así me salí de mi oficio de cineasta para entrar en este tipo de instalación donde el público es menos espectador y se implica más en la obra".

A Varda la "apasiona" la temática del mar. "He vivido muchos años cerca. Es mi vida, como plasmé en Las playas de Agnès, que ha programado el Festival de Cine de Sevilla,y también en la instalación Bord de Mer, donde incluyo una imagen inmóvil que tiene sensación de movimiento gracias a la filmación del final de la pequeña ola.Siempre intento plantear esa reflexión sobre qué es nuestro oficio, cuestionar el cine como medio. Pero una vez hecho esto hay que dejarse llevar por la imagen y la propuesta artística".

También el monasterio de la Cartuja ha incluido una pieza donde, haciendo gala de su gusto por el humor y el reciclaje de materiales, plantea una reflexión sobre el misterio de la fotografía instantánea. "Estás en la calle y tomas una foto y después cuando la ves en casa te preguntas quién era esa gente, si se conocían o amaban. Esta fotografía la hice en Marsella mientras preparaba un reportaje sobre la Ciudad Radiante de Le Corbusier. Cincuenta años después intenté reconstruir ese escenario, los vestidos de las personas, imaginar su realidad en una película de cuatro minutos. Esta exposición me permite mostrar a la vez la imagen en movimiento y su precedente, la imagen fija de 1956, como si los personajes reales se hubieran convertido en criaturas de ficción".

Para Varda, sin embargo, "la frontera entre documental y ficción no existe realmente. Mi espíritu trabaja continuamente entre un lado y otro con una conciencia aguda de las contradicciones del mundo. Ha sido así para mí desde La Pointe-courte, sobre una comunidad de pescadores con problemas y una pareja también en crisis".

Y entre sus preocupaciones, como en los años 60 y 70, nunca descuida el rol de la mujer, su libertad y su representación. "A menudo me preguntan: '¿Todavía es feminista?'. Y siempre digo que sí. Por todo el mundo hay un claro retroceso de los derechos de las mujeres. Y no hay un debate sobre mujeres que no sea un debate social".

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