Astérix y Obélix celebran sus bodas de oro en París

  • Se cumplen 50 años desde el primer cómic de los héroes galos.

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Astérix también se iba de compras por París y se dejaba seducir por sus especialidades culinarias. Y es que entre el pequeño y audaz galo y Lutecia, como se llamaba la ciudad en el año 50 a.C., se ha forjado desde hace años una relación muy especial.

Este jueves se cumple medio siglo desde que los intrépidos galos aparecieran por vez primera en las páginas de la revista Pilote, el 29 de octubre de 1959. Un año después, en el primer álbum "Astérix el galo", ya se menciona al espía romano Caligula Minus, que enseñaba a los bárbaros Lutecia en sus visitas turísticas nocturnas. Y desde entonces, la ciudad bañada por el Sena desempeña un papel clave en las aventuras de Astérix, Obélix, Asurancetúrix y compañía.

París aparece más de cien veces en las aventuras de los galos, en ocasiones como divertidos reflejos de la Edad Moderna. Ya entonces, Astérix y Obélix se sorprendían del tráfico de la ciudad, la contaminación del aire, los miles de vendedores ambulantes y la mentalidad de sus ciudadanos.

La capital de Francia es a Astérix como Astérix a Obélix. No en vano, en la ciudad residían los dos autores de las aventuras de los galos, André Uderzo y René Goscinny. El pequeño narizotas de apenas 1,20 metros de atura que no teme luchar contra los romanos se convirtió en símbolo nacional del país, aunque con el tiempo sus historias hayan quedado un tanto pasadas de moda.

El último álbum, El aniversario de Astérix y Obélix: El Libro de Oro, tampoco desató en Francia demasiada expectación entre los lectores, como ya sucedió con el anterior, "¡El cielo se nos cae encima!", que fue publicado en 2005.

Desde que Goscinny, el guionista de las aventuras, murió en 1977, las historias perdieron en ingenio, chispa y sutileza. Hasta entonces se publicaron 22 álbumes, pero la época dorada del cómic de los galos y su pequeño pueblo en el noroeste de Francia ya pasó. Con todo, a sus creadores les dio tiempo para hacerse millonarios: las historietas fueron traducidas a más de cien idiomas y se vendieron más de 325 millones de ejemplares.

Y aun sin nuevas aventuras, los galos siguen presentes en Francia. Hace justo 20 años se creó un parque temático dedicado a ellos al noreste de París. En torno al 80 por ciento de sus visitantes son franceses, y la situación no cambió tras la apertura del parque de EuroDisney, en el este de la capital, inaugurado en 1994.

El pueblo galo resistió y batió en lo comercial la invasión de Mickey Mouse. ¿La receta del éxito? Los personajes de Astérix están bien asentados en la conciencia colectiva de los franceses, opina el director del Parc Asterix.

Ahora, con motivo de sus bodas de oro, París celebra las aventuras de estos galos con un programa cultural que se asemeja a lo que Uderzo se había planteado en su criticado álbum. En él, los protagonistas son enviados a un viaje cultural por teatros y museos donde acaban descubriendo sus retratos. Y algo así les sucederá a los visitantes del museo medieval de Cluny, cerca del Boulevard Saint Michel.

Hasta el 3 de enero podrán verse allí unos 50 dibujos originales, manuscritos y objetos relacionados con el universo de Astérix y compañía, a quienes ni los piratas ni los soldados logran detener - "¡Están locos estos romanos!"-. Entre los exponentes de la muestra se encuentra una máquina de escribir, una Keystone Royal, en la que Goscinny tipeó sus inolvidables historias.

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