Crítica de Música

El Bach esperado

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Ha habido que esperar años, pero ha merecido la pena. Cuantos siguen habitualmente a la Orquesta Barroca de Sevilla saben que Mercedes Ruiz es el corazón de sonido profundo del grupo. Por ello muchos queríamos estar presentes el día en que la cordobesa pusiese frente a ella el atril con las suites para violonchelo solo de Bach. Y ese momento llegó al fin ayer por la mañana.

Sorprenden en esta violonchelista la contundencia y las cualidades de su sonido, amplio, poderoso, de graves con una entidad casi táctil, rico en armónicos en toda la gama, sin estridencias ni notas ácidas en los ataques, variado en matices cromáticos y siempre con una afinación impecable. A ello hay que unir su capacidad para bucear en el interior de las partituras para extraer de ellas todas sus riquezas expresivas por medio de un fraseo muy detallado y cincelado hasta el más pequeño matiz. Así se pudo apreciar a todo lo largo del recital, desde la manera de dosificar las dinámicas con propósitos expresivos en el Prélude de la suite nº 2, siguiendo con la rotundidad con la que se resolvieron los primeros golpes de arco en la Allemande, para seguir con una articulación que combinaba notas picadas y notas ligadas con naturalidad en un solo discurso expresivo. Tanto los minuetos como las bourrées recibieron un enérgico tratamiento rítmico que supo plegarse a una mayor delicadeza en las segundas partes. Con una muy somera ornamentación prácticamente reducida a las danzas antes mencionadas, Ruiz firmó versiones ricas en colores tímbricos, como el Prélude de la tercera suite, culminando con unos crescendi perfectos en la Gigue final.

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