Borau mira debajo de la alfombra

  • El crítico Carlos F. Heredero abre en la Facultad de Comunicación un seminario dedicado a un cineasta "esencial para entender el cine español desde la Transición"

La Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla inauguró la mañana de ayer Todo Borau, un seminario dedicado a la "poliédrica" figura de José Luis Borau, dirigido por el catedrático Rafael Utrera y organizado en colaboración con el Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad Hispalense y el Sevilla Festival de Cine Europeo. La primera de las conferencias -que siguieron por la tarde y continúan hoy con el propio Utrera y el escritor José María Conget- la pronunció Carlos F. Heredero, historiador del cine y director de la edición española de la revista Cahiers du Cinéma.

"Profesor, productor, guionista, director, editor, presidente de la Academia de Cine, investigador... No es frecuente en este país un hombre así", dijo Heredero, autor del libro José Luis Borau. Teoría y práctica de un cineasta, publicado en 1990. Su intervención, titulada De Furtivos a Leo: espejos y simetrías, se centró en estas dos películas, estrenadas en 1975 (ganó la Concha de Oro en San Sebastián) y 2000, respectivamente. Para el crítico, ambas películas "se hacen eco y dialogan intensa y productivamente con la sociedad española de su tiempo". También, precisó, les une un mismo "meollo narrativo": la distancia que media entre lo que sus protagonistas (el cazador furtivo de la primera; el guarda jurado de polígono industrial de la segunda) creen que están viviendo y lo que en realidad están viviendo.

Estos dos trabajos, añadió, son las dos "cumbres" de un cineasta cuyo lenguaje tiene una "engañosa apariencia clásica" que contiene propuestas narrativas "jugosas, complejas e iconoclastas". Si Furtivos -película "española hasta las cachas", según la definición de Borau- fue su retrato de la célula familiar y de "la corrupción y los primitivismos" latentes (o no tanto) en el "bosque en paz" diagnosticado por Franco, afirmó Heredero, Leo, su última película hasta la fecha, y con la que por otra parte obtuvo el "reconocimiento institucional", fue la "particular relectura" de Borau de aquel filme; "como si el cazador furtivo que se enamora de una muchacha delincuente por la que está dispuesto a perderse y que gracias a ciertas corruptelas se convierte en guarda forestal hubiera llegado 25 años después a la ciudad para trabajar en el ámbito marginal de un polígono industrial y cruzarse con una joven que se gana la vida recogiendo cartones".

En ambos casos, dijo Heredero, José Luis Borau se ocupa de "realidades inquietantes" que suelen "esconderse debajo de la alfombra" y que en ocasiones son también violentas. Y lo hace, continuó, a través de unas historias metafóricas que ponen ante los ojos del espectador lo que seguramente preferiría no ver. Por este motivo, aseguró, la filmografía de Borau es "esencial para entender el cine español desde la Transición".

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