Crítica de Música

Catarsis en penumbra

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Como en la resolución del crimen en una buena película de cine negro, la preparación de la escena resulta esencial para conseguir provocar en el espectador el efecto deseado, que en este caso parecía ser el de una experiencia trascendida: un imponente clave, copia de un famoso Christian Vater de 1738 conservado en Núremberg, que hacía sonar por primera vez su voz en público; un patio de butacas en casi absoluta oscuridad por la tenue luz cruzada que iluminaba al músico y su instrumento; un guion inigualable, las Variaciones Goldberg de Bach.

Actuaba uno de los grandes bachianos de nuestros días, Benjamin Alard (Ruan, 1985), a quien muchos ya consideran el gran sucesor de Pierre Hantaï, muestra de la excelente salud de la escuela clavecinística francesa. Y su versión de la magna obra provocó en efecto la sugestión buscada gracias a una extraña combinación entre ortodoxia y libertad, las que le permitieron una técnica digital asombrosa, un instrumento de un sonido hermosísimo, con gran variedad de posibilidades tímbricas, y una fantasía artística capaz de integrar tradición e innovación en la visión de una música tan popular y transitada.

Alard observó religiosamente todas las repeticiones de la obra, lo que hizo que su interpretación sobrepasara los 88 minutos de duración, pero jugó con esas repeticiones con generosa flexibilidad. Si pudiera hacerse el ejercicio mental de eliminarlas todas, nos quedaríamos con una interpretación de extraordinaria ortodoxia tanto en el terreno del fraseo y la articulación como en el de la elección de tempi, con una ejecución de admirable claridad. Pero estaban las repeticiones, y en ellas Alard fue dejando gota a gota las muestras de su inagotable imaginación, con contrastes de registros tímbricos (delicioso el de laúd empleado en la variación 25), de dinámicas, intensidades, acentos, retenciones y un juego de ornamentos que incluyó trinos ejecutados de todas las formas posibles, apoyaturas breves y largas, notas simples de adorno... Hora y media después la catarsis había sido provocada.

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