Christina Rosenvinge vuelve a la "canción pop más primaria"

  • La cantante publica nuevo disco en solitario, 'Tu labio superior'

Christina Rosenvinge publicó ayer su nuevo disco, Tu labio superior (Warner), su regreso "a la canción pop más primaria". Nacida en Madrid hace 44 años, hija de padre danés y madre inglesa, debutó muy joven en bandas como Ella y los Neumáticos o Magia Blanca, aunque la popularidad le llegó con el dúo de pop naïf Álex y Christina.

En 1991 debutó como compositora en Christina y los Subterráneos, grupo de pop-rock para radiofórmulas con dos discos, giró hacia el rock underground con el álbum Cerrado, en 1999 se trasladó a Nueva York y, bajo el paraguas de Sonic Youth, publicó tres discos en inglés -Frozen Pool, Foreign Land y Continental 62-, mantuvo una relación con el escritor Ray Loriga, con quien tuvo dos hijos, y regresó hace un par de años a Madrid.

El año pasado volvió al castellano con el minielepé Verano fatal, compartido con Nacho Vegas, y ahora publica Tu labio superior, grabado en Hoboken (Estados Unidos) con sus amigos estadounidenses Steve Shelley (Sonic Youth) a la batería; Chris Brokaw (ex Come) a la guitarra y el bajo; y Jeremy Wilkins al bajo, contrabajo y guitarra, más el multiinstrumentista Charlie Bautista y los coros de Vegas.

En 11 piezas como La distancia adecuada, Eclipse, Tu boca, Las horas, Nadie como tú o una versión de In the evening, de Leroy Carr, traducida como Por la noche, Tu labio superior muestra a una Rosenvinge rockera que canta canciones de despecho, amor, desamor e ira, desnudándose en los textos, con ritmos de pop, rock y cabaret.

A su juicio, este "reencuentro" con el español ha sido "feliz" porque el inglés es bueno para las melodías minimalistas y para ciertas músicas, pero, pese a su esfuerzo, "no es tan fluido al no dominar el sentido del humor o los terceros sentidos de las cosas". "El español -continúa- me provoca incomodidad por las palabras largas, pero he ganado en fluidez al afilar una historia". Asimismo, reconoce la ayuda en los últimos años de Shelley, y ahora de Brokaw, en su búsqueda de este lenguaje musical tras un disco como Continental 62, donde "todo era más evidente".

"Ahora quería tres acordes, volver a la canción pop más primaria", expone la que fue presentadora del espacio televisivo musical FM2, que ha producido también el disco, una labor "fácil si sólo tienes que llamar a cada uno para pedirle lo que quieres, y no tocar los botones" de la mesa de grabación, como ha sido el caso.

Para la cantante, en su propuesta musical cabe "cualquier cosa" si encuentra la manera de introducirlas, pues intenta no buscar las melodías del pop norteamericano, sino "del europeo, del cabaret, de Kurt Weill, de Brecht o de la chanson, y eso mezclarlo con una instrumentación más americana". Además, no buscaba "un hilo conductor" en los textos, sino que al acabarlos miró a ver si lo había, y reconoce que hay "mucho" de autobiográfico en ellos pues escribe de cosas que le han pasado, le pasan o le pasarán, pero no por estar "obsesionada" con ella misma.

"Los sentimientos son universales y los temas deben tener esa facción de verdad para ser creíbles al ser escuchados", dice la madrileña, que resume estos textos en una frase: "Qué mal lo he pasado, pero qué gran estribillo".

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