Cine

Grant al descubierto

  • Lumen edita la biografía de Cary Grant, en la que Marc Eliot destapa, entre muchas otras cosas, su homosexualidad oculta

Tan consciente fue del personaje que había creado (en La fiera de mi niña, Historias de Filadelfia, Arsénico por compasión, Tú y yo o Charada), que el propio Cary Grant no dudó en comentar, no sin cierta amargura, que "todo el mundo quiere ser Cary Grant. Incluso yo quiero ser Cary Grant. He pasado la mayor parte de mi vida fluctuando entre Archie Leach y Cary Grant; sin estar seguro de ninguno, desconfiando de ambos. Fingí ser alguien que deseaba ser, hasta que finalmente me convertí en esa persona. O él se convirtió en mí". De aquel Archibal (Archie) Leach atlético, acróbata, apuesto, de fuerte acento y poco mundo que aspiraba a salir de los circuitos regionales de vodevil en su Inglaterra natal y, como su admirado Charles Chaplin, convertirse en una gran estrella de cine, al Cary Grant, ya retirado, canoso aunque igualmente atractivo, que recibe emocionado el Oscar honorífico de manos de Frank Sinatra en 1970, se forja no sólo la biografía de uno de los actores de Hollywood más admirados por el gran público y más respetados por la crítica, sino también la propia historia de la transformación del mundo del espectáculo en el siglo XX, desde el teatro de variedades, con parada obligada en los escenarios de Broadway, al esplendor dorado del cine clásico sustentado en el sistema de los estudios, los géneros cinematográficos y las estrellas de cine como principales activos y reclamos para el gran público.

"Fue el mejor y más importante actor de la historia del cine. La esencia de su talento abarca un campo muy amplio: podía ser atractivo y nada atractivo a la vez; tiene un lado luminoso y un lado oscuro pero, sea cual sea el dominante, el otro asoma a la superficie". Este rasgo ambivalente del carácter de Grant apuntado por David Thompson, rasgo que el maestro Hitchcock explotó mejor que nadie en la pantalla (con sus personajes en Sospecha, Encadenados, Atrapa a un ladrón o Con la muerte en los talones), marca el trazado que Marc Eliot sigue en su detallada biografía, que se quiere la definitiva al revelarnos a un Cary Grant escindido entre su imagen pública, aireada en los medios de comunicación e iluminada por la luz de los focos y el parpadeo de los flashes, y una vida privada e íntima en la que nos encontramos a un homosexual huidizo de su condición (su dilatada, oculta y compleja relación con el vaquero Randolph Scott es uno de los leitmotivs recurrentes del libro), a un actor obsesionado con triunfar y dejar atrás la pobreza de su infancia, a un tipo depresivo y con tendencia a las adicciones (LSD, alcohol), a un tacaño empedernido y un mal inversor, a un hombre solitario e inconstante, coqueto, sofisticado y perfeccionista hasta el más mínimo detalle con su imagen e inseguro en sus relaciones con las mujeres (cinco matrimonios, cuatro divorcios), sobre las que planeó siempre el fantasma de una madre ausente y loca. Pero también a un litigador valiente en un Hollywood de contratos férreos (fue la primera estrella verdaderamente independiente de la industria, negociando película a película, elegidas con sumo y selecto cuidado, su sueldo y condiciones, desde la temprana fecha de 1937), encarnación, esculpida en el espejo, de una elegancia vertical, pulcra, seductora y viril que encandiló al público durante más de tres décadas (desde sus primeros filmes en los años treinta hasta su retirada definitiva, aún en plena forma, en 1966) hasta el punto de convertirlo en el actor de mayor éxito de taquilla de su (dilatado) tiempo.

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