rodrigo sorogoyen. director y guionista

"Hice algo muy 'peliculero', pero quería que tuviera cierta verdad"

  • Tras sorprender con 'Stockholm' en 2013, volvió con un turbio y duro 'thriller', 'Que Dios nos perdone', candidato a mejor título de 2016 en la gala de este sábado.

Rodrigo Sorogoyen (Madrid, 1981), durante el rodaje de 'Que Dios nos perdone' (a la izquierda, Roberto Álamo). Rodrigo Sorogoyen (Madrid,  1981),  durante el rodaje de 'Que  Dios nos perdone' (a la izquierda,  Roberto Álamo).

Rodrigo Sorogoyen (Madrid, 1981), durante el rodaje de 'Que Dios nos perdone' (a la izquierda, Roberto Álamo).

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-Tras recurrir al crowdfunding para hacer Stockholm, pudo manejar un gran presupuesto en Que Dios nos perdone.¿Cómo se desenvolvió en ese cambio de escala industrial?

-El trabajo fue mucho más cómodo, pero sin duda implicaba también una mayor responsabilidad. De una película de 70.000 euros a otra de tres millones y pico de euros, bueno, es otra historia, definitivamente. Da miedo el salto, claro, pero frente a otras carencias tengo la capacidad de preocuparme sólo de lo que me debo preocupar. Fui capaz de no pensar en la taquilla ni en si le gustaría a los productores, mientras estaba rodando al menos, luego ya sí, es inevitable. En todo caso, la taquilla es algo tan voluble que no tiene sentido ir a asegurar, porque entonces seguro que te equivocas. Por otro lado, Stockholm se hizo con el dinero que se tenía que hacer, haberla hecho con más no la habría hecho mejor película.

-Son muy diferentes, sentimental la primera, criminal la segunda, pero ambas tienen el elemento común del thriller...

-Es un género que como espectador me encanta, aunque por otro lado a mí me gustan todos los géneros cuando están bien hechos. Pero el thriller te permite contar una historia potente y muy entretenida y a la vez hablar de muchas cosas, de la sociedad, de los laberintos de los seres humanos, de su psicología... En el fondo se habla de otra cosa, no de si se va a pillar al asesino o no. Desde luego, en Que Dios nos perdone no es eso lo que realmente importa.

-¿Cuál fue el punto de partida de la historia?

-El chispazo lo tuvimos Isabel [Peña, coguionista de la película] y yo en 2011. Veíamos un Madrid muy extraño, que nos incomodaba. Coincidió la visita del Papa y la irrupción del 15-M, además hizo un calor terrible... Podían verse escenas muy caóticas, muy extrañas e incluso violentas. Nos planteamos qué hace que el ser humano sea violento. Poco a poco fuimos dando con esos dos hombres que persiguen a un tipo que mata a gente, al que se le presupone malo y enfermo, pero ellos, aunque están haciendo algo bueno, también tienen su propio infierno.

-Qué lejos su ciudad del Madrid cuqui-hipster de pisos de Instagram. Qué feo, qué hostil, qué asfixiante...

-Yo creo que Madrid no es como describe la película, pero el Madrid que está en la película existe. Sin duda alguna. No hay más que abrir los ojos y mirar. Todas las ciudades tienen varias capas, que a veces se superponen, y muchas veces no se ven todas, porque cada uno vive en la suya, claro, por eso nos interesaba también mucho mostrar de qué modo afecta vivir en una ciudad. Porque las personas hacen a las ciudades pero sin duda son también las ciudades las que hacen a las personas.

-La película, esto es una obviedad, se apoya mucho en las interpretaciones de Antonio de la Torre y Roberto Álamo. ¿Qué tal la experiencia con ellos?

-No los conocía de antes, así que me acerqué a ellos con mucho respeto y mucha curiosidad. A Antonio le aterraba que el personaje, por el tartamudeo, acabara resultando ridículo o pareciendo una caricatura, pero hizo un trabajo soberbio. Poquísimos actores de este país son capaces de hacer lo que él hace. Y Roberto es una auténtica bestia de la interpretación. Más que entender el personaje, que también, entendía cada escena. Son dos actores inmensos.

-¿Calificaría su mirada cinematográfica como naturalista?

-Está claro que es algo que me interesa. Es la forma en que me encuentro cómodo narrando. Veo todo tipo de cine, pero las películas que más me tocan son, en resumidas cuentas, las que me creo. Los efectos especiales son una cuestión de técnica, una explosión, una persecución, eso no es difícil, bueno, sí lo es, pero es echarle tiempo y dinero; lo que sí es difícil en el cine, lo que más, es que lo que sale en pantalla te lo creas, que los personajes que salen en la película parezcan seres humanos. Eso intento en mis películas. Y yo sé que he hecho una cosa, digamos, muy peliculera, es un thriller con asesino que da miedo, pero quería por encima de todo que la película tuviera esa cierta verdad.

-¿Por qué les gusta tanto el thriller a los directores españoles?

-No soy sociólogo, pero si te pones a pensar en lo que está ocurriendo en este país... Todos podemos llegar a la misma conclusión: están ocurriendo cosas oscuras, todos los días desayunamos con alguna noticia que bordea la legalidad o la pisotea, que habla de la oscuridad que es capaz de crear a su alrededor el ser humano... Vivimos tiempos oscuros y sucios y a la gente la preocupa.

-¿Trabaja ya en algún proyecto nuevo?

-Pues sí, en verano, en principio con los mismos socios, Tornasol, Antena 3 y Warner, voy a rodar otro thriller. Sobre un político corrupto esta vez, y estoy muy ilusionado porque el guión, también de Isabel y mío, es bueno. Me encanta, vamos. Estoy deseando rodarlo, hay tan poco de lo que hablar al respecto, ¿verdad?

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