Intervenciones andaluzas en ARCO 2013

  • Alarcón Criado, Rafael Ortiz e Isabel Hurley son las tres galerías andaluzas en la feria. La presencia de autores vinculados a la región, menor que otros años, es vigorosa.

Sólo tres galerías andaluzas concurren a esta XXXII edición de ARCO. Las restricciones de la crisis han sido más fuertes que las que imponían algunos, hace pocos años, desde la organización de la feria. Pese a las presentes dificultades, las galerías Rafael Ortiz y Alarcón Criado, ambas de Sevilla, intervienen en el programa general, y la de Isabel Hurley, malagueña, acude con un ambicioso project-room de Alberto Borea, un artista peruano que viene trabajando con la galería.

Borea indaga en cómo germina la pobreza a la sombra de los grandes centros de decisión económica y financiera. Fotografía para ello a quienes duermen en la calle, en el umbral de los grandes bancos en Nueva York, rastrea cómo crece, en esa misma ciudad el número de los sin-casa y construye, con formularios como los que deben rellenar los inmigrantes, rostros anónimos, réplica de los de millones de sin-papeles, a los que, en virtud del derecho, se les priva de su identidad.

Martín Freire, Jorge Yeregui y José Guerrero articulan la contribución de la galería Alarcón Criado. Las fotos del granadino Guerrero rastrean la relación entre naturaleza y abstracción, y se demoran en el abandono que pesa sobre ciertos doblamientos indios, miestras que las de Yeregui recogen irracionales intervenciones humanas en el medio natural. La obra de Martín Freire es cada vez más la de un escultor que, en diálogo con el espacio, alternativamente lo ocupa o enfatiza sus vacíos.

Obras de gran brillantez, cuadros de Luis Gordillo y Miki Leal, y una foto de Manolo Bautista acogen al espectador en la galería Rafael Ortiz. Dentro, sin embargo, hay silenciosos enclaves que invitan a permanecer y a la serenidad. Así, los papeles pintados y recortados de José María Báez, que encierran el germen de infinitas formas y la reflexión de José Miguel Pereñíguez en torno al arte iraní y al diagrama con que García Calvo articuló una obra de Esquilo Los persas.

Trabajos de Luis Gordillo pueden verse en las galerías Marlborough y Luis Adelantado, en esta última hay además una obra de Rubén Guerrero, cuyo breve formato no es ajeno a la intención del cuadro que es, a mi juicio, subrayar la novedad radical del arte, algo que Adorno llamó aparición. Aunque menor que otros años, la presencia de autores andaluces o relacionados con Andalucía es vigorosa. La obra en la que Dionisio González medita sobre la arquitectura compite satisfactoriamente en Ivorypress con la pieza de Zaha Hadid a la que me referí ayer. Un contenido cuadro de Curro González, La tierra prometida (hoy sólo cabe decir eso en voz baja) puede verse en Ad Hoc y un lienzo de Abraham Lacalle aparece en el exterior del stand de la Marlborough rivalizando con un gran Navarro Baldeweg. La galería Fúcares muestra el inicio de un proyecto de Miki Leal, un fragmento del mundo de Tom Patchett, ese gran coleccionista de arte al que sobre todo se le conoce por ser el productor de una criatura televisiva llamada Alf. En la misma galería, obras de Jacobo Castellanos, entre la que destaca Pelele, una concisa reflexión sobre la recepción de la obra de arte. Presencia andaluza también en la sección de ARCO on line, donde ha situado la galería Formato Cómodo obras de Alonso Gil sobre cómo viven y luchan los saharuis. La galería Álvaro Alcázar muestra obras de Simón Zabell y en la otra feria, JustMadrid, Paco Pomet y Ruth Morán exponen en sendas galerías, la madrileña My Name is Lolita y la valenciana Paz y Comedias.

Juana de Aizpuru sigue siendo un foco de vitalidad en ARCO. En su stand, Rogelio López Cuenca deja en blanco un cuadro como protesta ante las excesivas exigencias de la normativa de propiedad intelectual. No es posible abandonar tal espacio sin citar las obras de los hermanos Oehlen y los trabajos de Miroslav Balka que diseñan una poética del lugar e impulsan a ella. Tampoco pueden cerrarse estas notas sin recordar el vibrante rojo de un cuadro de José Guerrero (Tanto monta, monta tanto, galería Leandro Navarro), la sinfonía de color de Las gafas, de Carlos Alcolea (galería Guillermo de Osma) y una fotografía de José Manuel Ballester, Refectorio cartujo (galería Distrito 4) que presenta, vacío de figuras humanas, un señero cuadro de Zurbarán, El milagro de San Hugo, obra que de algún modo vincula dos de los diecinueve espacios-museo de la comunidad andaluza: pintado para la Cartuja, sede actual del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, el cuadro se conserva en el Museo de Bellas Artes de Sevilla. Sólo el río los separa.

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