Crítica de Cine

De Jolie a Vikander: cambiar para nada

Esto es lo que es. Su título lo proclama. Las entregas anteriores lo avalan desde hace 16 años. El videojuego en el que se han basado lo testifica como si fuera su ADN o su partida de nacimiento. Esto es lo que es y esto es lo que hay. Y lo que es más importante: todo se limita a lo que es y a lo que hay sin esos intentos trascendentales que pretenden convertir un entretenimiento mecánico e irrelevante en una epopeya trágica.

Fue en el ya lejano 2001 cuando Angelina Jolie interpretó la primera entrega a las órdenes de Simon West. Ahora la dirige un noruego globalizado que con ella salta a lo que queda de Hollywood e interpreta al muñeco del videojuego Alicia Vikander. Se ha proletarizado un poquito a la protagonista y se la ha intentado adaptar al universo de la reivindicación feminista de luxe hollywoodiense, pero da igual. Es la heroína hipersexuada por mucho que hayan querido disimularlo haciendo la Vikander una especie de anti Jolie, y la experta en artes marciales, saltos y piruetas varias rodadas mecánicamente en otra película hinchada con efectos especiales que parece pensada para hacer otra cosa mientras se la ojea con cierta desgana (sobre todo en su fatigosa segunda parte).

Alicia Vikander alcanzó sus cumbres como actriz, tras saltar a la gran producción internacional con la horrenda Ana Karenina de Joe Wright, a las órdenes de Tom Hooper (La chica danesa), Alex Garland (Ex Machina) y Derek Cianfrance (La luz entre los océanos). El resto de su desigual filmografía internacional es un chimpún al que Lara Croft añade más chimpún.

Si el cine comercial de gran producción sigue siendo esto, el de autor son los mamarrachos que se han llevado este año los Oscar y el independiente es la flácida mentira indie, Hollywood debería hacérselo mirar.

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