Just Madrid, tensiones de una feria joven

  • El encuentro, que no nació como feria menor ni como salón de rechazados por ARCO, eligió el aparcamiento de un hotel para celebrar su nueva edición.

Puede sonar políticamente incorrecto pero creo que una obra de Joâo Noutel (Oporto, Portugal, 1971), galería Nuno Sacramento, resume el talante de Just Madrid 2012. Es una guitarra eléctrica sobre la que se lee, "Sing me your lies", Cántame tus mentiras. No es que las obras exhibidas sean engañosas o de baja calidad, sino que Just Madrid, este año, ha sido sobre todo una feria y toda feria canta la mentira del arte, esto es, subrayar su dimensión de mercancía.

Ésta es la diferencia que media entre la presente edición y la celebrada el pasado año. Just Madrid no nació como feria menor ni como salón de rechazados por ARCO. Era más bien otra cosa: un espacio para el arte nuevo, donde autores jóvenes aspiraban a levantar la voz y proponer ideas frescas -apenas esbozadas a veces- que mostraran al visitante que aún hay algo nuevo bajo el sol y que imaginar puede ser, al menos, tan importante como vender. Las habitaciones de las tres plantas de la casona del barrio Salamanca, recinto de de Just Madrid 2011, fue un excelente marco para esa modo de hacer y pensar: piezas fijadas directamente a la pared o simplemente efímeras, habitaciones donde convivían con éxito autores de galerías diferentes, piezas en los pasillos, dando vida a algún rincón Fue una propuesta fresca, sorprendente, llena de interés.

Este año se ha elegido otro espacio también inusitado, el parking de un hotel, pero todo quedaba ordenado: era sin duda una feria y su objetivo era vender, pero la otra vertiente, la que impulsa un diálogo estimulante entre autores y público, ha quedado en segundo plano.

No ha obstaculizado esto la calidad ni el atractivo de la feria. Así, en la galería Negocios raros, la escueta poética de Guillermo Trapiello (Madrid, 1985), sobres de correo aéreo con sólo sucintos dibujos de nubes, las cubiertas de CD pintadas por Sosaku Miyakazi (1980) o las bolsas (perforadas) para usar en caso de mareo durante el vuelo, trabajo de Daniel Silvo (Cádiz, 1982), componían una sugerente unidad. En la galería Pazycomedia, las obras de Ruth Morán (Badajoz, 1976), cubrían con sus constelaciones de líneas buena parte de los muros, dándoles especial cohesión. Diferente era la propuesta de la galería sevillana AJG que confió a tres comisarios otras tantas ordenaciones de las fotografías de Cristina Garrido (Madrid, 1984) que muestran obras de arte cuidadosamente ocultas.

Más frecuente que esta unidad (simultánea o sucesiva) ha sido el hecho de autores que destaquen de modo especial en las distintas galerías. Así, Paco Pomet (Granada, 1970), en My Name's Lolita Art, o Javier Velasco (La Línea de la Concepción, 1963), en la galería Mito. Los cuadros de Pomet sorprenden a primera vista por sus temas: la luz que, sin especial razón, ilumina sólo una parte de un paisaje suburbano o el socavón que amenaza a probos oficinistas ensimismados en su trabajo. Pero a tal inquietud se sobrepone la que provoca la abundante materia de sus obras. Hay en ellas doble ficción: la que trazan las figuras y la que surge de la densidad del óleo que despierta nuestra memoria de ser carne. Velasco presenta un trabajo sobre lona en el que el autor aparece arrojado Precipitado (es el título de la serie) sobre el centro de arte contemporáneo de alguna ciudad española.

No faltan trabajos formales de especial rigor. En la galería Imaginart, las geometrías vibrantes de color y rozando las tres dimensiones de Octavio Herrera (Campo de Carabobo, Colombia, 1952) se mueven en la estela del grupo argentino Madí. También hay que citar la progresiva exactitud y simplificación de la obra reciente de Emilio Gañán (Plasencia, Cáceres, 1971) y las esculturas de Jorge Flórez (Gijón, 1984) que, pese a su cuidadoso acabado, pretenden sobre todo intervenir en el espacio, señalando el breve paso que va desde el mero objeto a la obra de arte.

Cabe también destacar el trabajo del equipo PSJM (Pablo San José, Mieres, 1969, y Cynthia Viera, Las Palmas, 1973) en galería Trama, logotipos de multinacionales sobre los que se ha escrito "hecho por esclavos para personas libres", o la pintura constructivista algo ornamental de Ilya Kukushkin (Sochi, 1974) en Art Curator.Ru, pero mucho más interés despierta la propuesta de Mikel Tellería (Tolosa, 1972), autor conceptual (una de sus exposiciones consistió en clausurar una galería; otra tuvo un presupuesto de sólo seis euros) que desde esa misma perspectiva trabaja la pintura y la fotografía, y del que la galería Inés Barrenechea ha mostrado en Just Madrid sus Clicks. Son una selección de diaria de de titulares de noticias. Colocados uno tras otro, formaron un libro de autor (las obras de 2011) o los muestra en grandes tableros. Estas obras son fragmentos de experiencia compartida, ridículos o patéticos, índices del tipo de mundo en que vivimos.

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