jorge volpi. escritor

"En México, hasta hace poco, la legislación no recogía la presunción de inocencia"

  • El autor recrea en 'Una novela criminal', la obra con la que ganó el Premio Alfaguara, un caso de manipulación policial que provocó un conflicto diplomático entre Francia y el país americano

Jorge Volpi, uno de los grandes valores de la literatura hispanoamericana actual, fotografiado en su visita a Sevilla. Jorge Volpi, uno de los grandes valores de la literatura hispanoamericana actual, fotografiado en su visita a Sevilla.

Jorge Volpi, uno de los grandes valores de la literatura hispanoamericana actual, fotografiado en su visita a Sevilla. / josé ángel garcía

La madrugada del 9 de diciembre de 2005, los espectadores de los noticiarios Primero Noticias y Hechos A.M. fueron testigos de la captura en vivo de "dos peligrosos secuestradores", Israel Vallarta y la ciudadana francesa Florence Cassez, pero, se supo más tarde, la Policía había recreado -puesto en escena- una operación que "nadie sabe cómo y cuándo" se había llevado a cabo. Con este punto de partida, Jorge Volpi (Ciudad de México, 1968) compone Una novela criminal, una propuesta narrativa "sin ficción" tan rigurosa como amena que le valió el Premio Alfaguara y que presentó ayer en Sevilla con el Centro Andaluz de las Letras (CAL).

-Usted vivía en París cuando se transmitieron las imágenes de la captura de Cassez y Vallarta, y afirma que quizás por moverse en esos años entre México y Francia le fascinó esta historia.

-Sí, no solamente viví en Francia y hablo francés; además, mi padre era muy francófilo y recuerdo que cuando yo era niño nos habló de la historia de Francia... Supongo que por eso me interesó ese conflicto binacional. También me tocó vivirlo un poco, porque yo estaba invitado al Año de México en Francia, que se canceló por este caso.

-Es un material muy jugoso, desde luego: que las autoridades monten toda una puesta en escena para demostrar su combate al crimen organizado resulta ciertamente asombroso.

-Es increíble. Pienso que en México nos hemos acostumbrado a historias así, pero cuando cuento los hechos acá en España a todo el mundo le parece que es como el argumento de una novela. La Policía, que debe buscar la verdad, aquí hizo exactamente lo contrario: falsificarla desde el inicio mismo del caso, y no dejar de hacerlo en ningún momento.

-Quienes señalaban las irregularidades del caso eran inmediatamente acusados de no estar del lado de las víctimas de los secuestros. ¿Cómo han reaccionado en su país a la aparición de una novela como ésta?

-El libro salió a la venta el jueves pasado, igual que aquí, y todavía no he podido ver la reacción. Mañana [por hoy] ya regreso, y allí veré. Por ahora muy poca gente lo ha leído.

-La relación de Cassez y Vallarta no es precisamente fácil. Cuando la policía los detiene, se están separando.

-Era una relación apasionada y complicada, en el momento en el que los detienen están terminando, pero ella sigue aún viviendo en la casa de Israel y él sigue ayudándola. Yo los entrevisté a ambos. Con Florence estuve un día entero en Dunkerque, me presentó a sus padres y estuvimos conversando largamente. A Israel lo he visitado varias veces en la cárcel, y he hablado mucho con su hermana y sus sobrinos. Justo hace unos minutos me escribió Florence para decirme que había recibido el libro y que se había pasado toda una noche leyéndolo. Me agradecía el envío y me decía que ya me haría más comentarios.

-Cuenta en la novela que en el sistema judicial mexicano se suele presumir la culpabilidad del acusado y es éste "quien se ve obligado a demostrar su inocencia".

-Así ha sido durante muchísimo tiempo, la presunción de inocencia no estaba recogida en la legislación y ocurría lo contrario: uno tenía que probar su inocencia. En 2008 se aprobó una reforma legal que ya introducía cambios en este sentido, pero que no ha acabado de implementarse del todo. En cualquier caso, Florence e Israel fueron juzgados por el sistema anterior.

-Hubo periodistas que sentenciaron en sus retransmisiones televisivas. Pero también otros reporteros que destaparon el montaje.

-Se da este contraste, sí. Tenemos a quienes en la televisión sentencian y dicen cosas como No habría que decirles presuntos secuestradores, porque está claro que lo han hecho ellos, medios que juzgan y provocan que la opinión pública se decante por la culpabilidad, y por el otro lado tenemos a algunos periodistas que realmente hicieron su trabajo y lo llevaron a sus últimas consecuencias. Yuli García y Denise Maerker son parte de los verdaderos héroes de esta historia. Ellas hacen pensar que el periodismo vale la pena.

-Usted juega con una documentación incontestable, pero hay momentos en los que rompe la neutralidad y expresa su indignación, su perplejidad.

-He intentado frenarlo lo más posible y tratar de ser objetivo, pero decidí en una segunda redacción del libro que iba a ser una novela sin ficción, pero desde la primera persona. Podemos decir que es una discreta primera persona, pero creo que mi punto de vista queda claro.

-Uno de los episodios que narra es la "incómoda" visita que hizo Sarkozy a Calderón.

-A mí me tocó verla, yo estuve en la cena, y desde luego fue algo tensísimo. Era raro ver una pelea entre dos presidentes en una visita de Estado, nunca ocurre, siempre hay tanto protocolo en estas cosas... En la conferencia de prensa estuvieron contradiciéndose todo el tiempo, casi burlándose uno del otro. Ambos lo que querían era intensificar su popularidad y el nacionalismo de sus países. Quizás lo que menos les importaba eran Israel y Florence, sino quién de ellos dos ganaba la partida.

-Esta obra entronca con todo un linaje de novelas sin ficción. ¿Cuáles tuvo como referentes mientras escribía?

-En este tiempo di un curso en la universidad y repasamos muchos de esos libros, los de Capote, Mailer, Walsh, A sangre fría, La canción del verdugo, Operación Masacre... hasta llegar a obras más recientes como las de Javier Cercas en España o Emmanuel Carrère en Francia. Y todas ellas me sirvieron. Pero la gran diferencia con Una novela criminal es que todos los autores que cito, también Cercas con El impostor o Carrère con El adversario, estaban convencidos de que sus personajes eran culpables, confiaban en el sistema de justicia que los había sentenciado. La gran ficción de esta historia es que el sistema empieza mintiendo, desde ese momento en el que se organiza todo un dispositivo para fingir que están deteniendo a los secuestradores. Están creando una realidad alterna y borrando la existente, lo que vuelve el caso muy complejo.

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