Morante triunfa en su reaparición en La México

  • El diestro sevillano salió a hombros tras cortar dos orejas (una al cuarto toro y otra al sexto) en un festejo mano a mano con El Pana, que cayó herido grave

El diestro español José Antonio Morante de la Puebla firmó su vuelta a los ruedos en la capitalina Plaza Monumental de México con capotazos de lujo y acabó el Día de Reyes a hombros y con dos orejas más en el currículum. Tras dejar a medias en junio de 2007 la temporada española y romper con su apoderado Rafael de Paula, el torero sevillano, vestido de negro y plata, acabó en su reaparición con cuatro astados ante unos 18.000 aficionados, casi la mitad de la capacidad del coso.

Morante volvió en un mano a mano con el veterano matador mexicano Rodolfo Rodríguez El Pana, de 55 años, que resultó corneado en su último toro y dejó al español la tarea de darle fin.

Olés flamencos y órales mexicanos recompensaron cada una de las acertadas faenas del torero de La Puebla del Río ante los bravos bovinos de la ganadería Los Ébanos.

Fabiruchis -nombrado como un popular presentador de la televisión mexicana-, Miguelito, Consejero y Lumbrerito cayeron bajo el estoque de Morante en una tarde en la que el diestro lució relajado y con ganas de disfrutar.

"Es el rey del arte", decía un espectador en el tendido, entre los aplausos del público, que no cejó en el empeño de reclamar para el torero mayores premios de los que finalmente otorgó el juez de la plaza. El cuarto y el sexto de la tarde le valieron a Morante sendas orejas y le ayudaron a saciar el hambre de toreo de la Monumental. Fue con el último astado con el que el diestro sacó a relucir su maestría y ofreció una sobrada dosis de espectáculo antes de encarar el reto de entrar a matar.

El diestro se enfrentó con arrogancia a Lumbrerito, de 500 kilos, y paladeó cada uno de sus lances, recompensados con gritos de júbilo desde los tendidos. El toro entró al juego del matador e hizo gala de cierta bravura; incluso cuando claudicó ante la espada y fue rematado en el suelo, saltó como un resorte y volvió a ponerse en pie. Parecía que la última lidia le iba a brindar las dos orejas a Morante, pero a pesar de los reclamos del público, el juez, inflexible, sólo le otorgó una. Tras casi tres horas de tauromaquia, el diestro fue alzado a hombros y ofreció la tradicional vuelta al ruedo. Antes, con su segunda faena, ya habían volado los sombreros mexicanos desde las gradas para reconocer su pericia.

Quien no tuvo suerte en este Día de Reyes fue El Pana, que recibió los silbidos de la concurrencia. El torero mexicano hubo de soportar las burlas de parte del público respecto a su veteranía, pero supo encajar las críticas y a mitad de su segundo toro las acalló parcialmente. Con arriesgados capotazos y una certera, aunque tardía estocada, recogió aplausos. Su actuación también fue reconocida esta vez por el respetable, pero la demora en acabar con el animal acabó jugándole una mala pasada y resultó con una cornada en el muslo derecho.

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